¿Sabes Quién es Jesús Verdadero Dios y Verdadero Hombre?

¿Quién fue Jesús Verdadero Dios y Verdadero Hombre?, mejor conocido a nivel mundial como el salvador de este mundo, el hijo de Dios, el verbo, el que dio su vida en amor y rescate por toda la humanidad. En el siguiente artículo conoceremos si Jesús es verdadero Dios y Verdadero Hombre.

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Jesús Verdadero Dios y Verdadero Hombre

El reconocimiento de que Jesús Verdadero Dios y Verdadero Hombre, esto quiere decir, la doctrina de las 2 naturalezas, llegó a ser establecido en el concilio de Calcedonia en el año 451 d.C. Esta clase de doctrina de la naturaleza doble de Jesús llega a trascender el horizonte de la experiencia y de la imaginación humana; lo cual se trata de un gran misterio.

La encarnación del Hijo de Dios se encuentra descrita en el libro de Filipenses 2:6-8 como una clase de humillación de sí mismo, lo cual dice:

“El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Jesús llegó a compartir con los hombres todo el espectro de las sensaciones tanto psíquicas como las físicas. Como ser humano de carne y hueso también tenía sus necesidades respectivas. El libro de Lucas 2:52 llega a informar que el mismo Jesús llegaba a crecer en la sabiduría, en estatura y gracia para con Dios y con los hombres.

Se llegó a alegrar con los felices en la gran boda de Caná. Además, fue un hombre que lloró con los que estaban tristes y sufrió cuando ocurrió la muerte de lázaro. Llegó a tener hambre cuando se encontraba en el desierto durante 40 días y 40 noches. Tuvo sed cuando estuvo en la fuente de Jacob.

Fue una persona que padeció el dolor bajo los azotes que le dieron de parte de los soldados romanos. Cuando llegó a estar frente a la muerte en la cruz del calvario, confiesa:

“Mi alma está muy triste, hasta la muerte”

Mateo 26:38

Nuestro señor Jesucristo es verdaderamente 100% hombre; lo llega a afirmar el libro de los Hebreos 4:15, el cual en ese mismo capítulo se llega a destacar la diferencia con todos los otros hombres ya que describe que: Él no tiene pecado.

En la misma medida, Jesucristo es el verdadero Dios o 100 % Dios. Las sagradas escrituras o la palabra de Dios llegan a dar fe de que el señor Jesús es el verdadero hijo de Dios y que de la misma manera él es Dios. En el bautismo del señor Jesús se escuchó una voz que provenía del cielo la cual dice:

 “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”

Mateo 3:17

Igualmente, en el momento de la transfiguración, el Padre llegó a enfatizar que Jesús es el Hijo de Dios, en donde indicaba que a él se debe de oír, de acuerdo a libro de Mateo 17:5.

Las palabras de Jesús que dice:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”

Juan 6:44

Y la otra que se encuentra en el libro del mismo apóstol Juan:

“Nadie viene al Padre, sino por mí”

Juan 14:6

Son las que expresan que Dios, el Padre, y Dios el Hijo, poseen la misma clase de autoridad Divina. El padre que está en el cielo trae a los hombres hasta su hijo, y el Hijo es el que lleva al hombre al Padre.

Sólo como el verdadero Dios Jesucristo pudo llegar a afirmar lo siguiente:

“Yo y el Padre uno somos”

Juan 10:30

Llegando a expresar en un lenguaje simple que él es de la mismísima naturaleza que el Padre que está en los cielos. Otros de las citas bíblicas que llegan a dar pruebas de que Jesús es verdadero Dios son los siguientes:

La forma de llegar a proceder de los Apóstoles luego de su ascensión:

“Ellos, después de haberle adorado [a Jesucristo], volvieron”

Lucas 24:52.

Lo expresado en el libro de Juan 1:18 que dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Juan 1:18

Lo manifestado por el propio Apóstol Tomás luego de haber visto al Dios Resucitado que dijo:

“¡Señor mío, y Dios mío!”

Juan 20:28

La confesión de la naturaleza de Cristo en el gran himno a Cristo que dice:

“En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”

Colosenses 2:9

El testimonio de 1 Juan 5:20 que llega a decir:

“Y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna”

Y por último la gran afirmación que dice en la Biblia:

“Dios fue manifestado en carne”

1 Timoteo 3:16

Jesús, Verdadero Hombre y Dios

Jesús llegó a asumir la naturaleza humana sin tener que dejar de ser Dios: es el verdadero Dios y el verdadero hombre.

Primero: La Encarnación del Verbo

“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer”.

Gálatas 4:4

Se llega a cumplir la promesa de un Salvador que Dios hizo a Adán y también a Eva al llegar a ser expulsados del Paraíso o huerto del Edén, por lo que le dice:

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; él te pisará la cabeza mientras acechas tu su calcañar”

Génesis 3:15.

Este versículo del libro de Génesis se llega a conocer con el término de protoevangelio, debido a que es el que constituye el primer anuncio de la buena nueva de la salvación a la humanidad. Típicamente se ha llegado a interpretar que la mujer de la que tanto se habla es Eva, en sentido directo, como en el caso de María, en un sentido pleno; y que el linaje de la mujer se llega a referir tanto a la humanidad como también al mismo señor Jesucristo.

Desde ese momento, hasta la ocasión en momento en el que “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14), Dios llegó a preparar a todos los para que pudieran acoger de manera fructuosamente al hijo de Dios. Por lo que Dios escogió para él al pueblo de Israel, el cual estableció una alianza y lo fue formando de manera progresiva, interviniendo en su historia, llegando a manifestarle sus designios por medio de los patriarcas y de los profetas y santificándolos para sí.

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Y todo esto, como una preparación y como figura de aquella nueva y gran Alianza que había de concluirse en el propio Cristo y de esa plena y definitiva revelación que debía llegar a ser efectuada por el mismo Verbo una vez encarnado. A pesar de que Dios preparó la venida de su hijo amado el Salvador sobre todo por medio de la elección del pueblo de Israel, esto no llega a significar que abandonase a los otros pueblos, a “los denominados gentiles”, pues nunca llegó a dejar de dar testimonio de sí mismo.

La providencia divina fue lo que hizo que los gentiles llegaran a tener una consciencia mucho más o menos explícita de la necesidad de la salvación, y hasta incluso en los últimos lugares de la tierra se llegan a conservar el gran deseo de poder ser redimidos por él.

La encarnación posee su origen en el amor de Dios por todos los hombres:

“en esto se manifestó el amor que Dios nos tiene, en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él”

1 Juan 4:9

La Encarnación llega a ser la demostración por excelencia del gran Amor de Dios hacia toda la humanidad, debido a que en ella es el mismo Dios el que se entregó por todos nosotros haciéndose partícipe de la naturaleza humana en la unidad de persona.

Luego de la caída de Adán y de Eva en el paraíso, la Encarnación posee una finalidad salvadora y también redentora, como se llega a profesar en el credo de los católicos:

“por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo de María Virgen, y se hizo hombre”.

Cristo llegó a afirmar de él mismo que:

“el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”

Lucas 19:19 – Mateo 18:11

Y también dice su palabra que:

“Dios no ha enviado a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”

Juan 3:17.

La Encarnación no sólo llega a manifestar el infinito amor de Dios por todos los seres humanos, su infinita misericordia, su justicia y también su poder, sino que de la misma manera la coherencia del plan divino de la salvación. La profunda sabiduría divina se llega a manifestar en cómo Dios ha tomado la decisión de venir a salvar al hombre, esto quiere decir, de tal forma que lo hace más conveniente a su naturaleza, que es precisamente por medio mediante la Encarnación del Verbo.

Jesucristo, quien es el Verbo encarnado, “no se trata de un mito, ni tampoco de una idea abstracta cualquiera; Sino de un hombre que vivió en un contexto concreto y que también murió luego de haber llevado su propia existencia dentro de la evolución de la historia de la humanidad. La investigación histórica sobre Él es, pues, una clase de exigencia de la misma fe cristiana”.

Que Cristo existió es lo que pertenece a la doctrina de la fe, como de la misma manera que murió realmente por todos nosotros y que al 3er día resucitó. La existencia del señor Jesús llega a ser un hecho comprobado por la misma ciencia histórica, sobre todo, por los análisis del Nuevo Testamento del cual cuyo valor histórico se encuentra fuera de toda clase de duda.

Existen otros tipos de testimonios antiguos de no cristianos, judíos y paganos, sobre lo que es la existencia de Jesús. Necesariamente por esta razón, no llegan a ser aceptables las posiciones de quienes llegan a contraponer un Jesús histórico al Cristo de la Fe y llegan a defender la suposición de que casi siempre lo que llega a ser el Nuevo Testamento dice sobre Cristo lo cual sería una interpretación de la fe que llegaron a hacer los discípulos de nuestro señor Jesús.

Sin embargo, no de lo que es su figura histórica que todavía permanece oculta para todas las siguientes generaciones. Estas clases de posturas, que en varias ocasiones encierran un fuerte prejuicio en contra de lo sobrenatural, no llegan a tener en cuenta que la investigación histórica contemporánea concuerda con la confirmación de que la presentación que llega a hacer el cristianismo primitivo de Jesús que se basa en los auténticos hechos ocurridos.

Segundo: Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero

La Encarnación llega a ser “el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo”. La Encarnación del Hijo de Dios nuestro amado señor Jesús:

“No significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. Se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre”.

La divinidad de Jesucristo, el Verbo eterno de Dios, se ha llegado a estudiar para tratar sobre la Santísima Trinidad. La iglesia se encontraba defendiendo y aclarando esta clase de verdad de fe en el transcurso de los siglos primeros frente a las herejías que muchos falseaban. Ya para el siglo I ciertos cristianos que eran de orígenes Judíos, al igual que los Ebionitas, llegaron a considerar a Cristo como un hombre simple, aunque si una persona muy santa.

En el siglo II llega a surgir el adopcionismo, que llegaba a sostener que nuestro señor Jesús eres simplemente un hijo adoptivo de Dios; Jesús solamente sería un hombre en el que residía una gran fuerza de Dios; para estas personas, Dios era simplemente 1 sola persona.

Esta clase de herejía, llegó a ser condenada en el año 190 por el propio papa San Víctor, por el concilio de Antioquía del año 268, por el concilio I de Constantinopla y también por el Sínodo Romano del 382. La herejía arriana, al llegar a negar la gran divinidad de Jesús, negaba de la misma manera que Jesucristo fuera Dios. Arrio llego a ser condenado por el propio Concilio I de Nicea, en el año 325.

Igualmente, en la actualidad la iglesia ha vuelto a recordar que nuestro Señor Jesús es el verdadero hijo de Dios subsistente desde la eternidad que en la Encarnación llegó a asumir la naturaleza humana en su persona divina única.

La iglesia de la misma manera llegó a hacer frente a los demás errores que estaban negando la realidad de la naturaleza humana de Jesús. Entre estos se encontraban todas aquellas herejías que llegaban a rechazar la realidad del cuerpo o del alma de Jesús.

Entre las primeras se llega a encontrar el docetismo, en las diversas variantes, que posee un trasfondo gnóstico y maniqueo. Ciertos de sus seguidores llegaban a afirmar que Cristo llegó a tener un cuerpo celeste, o que su cuerpo solamente apariencia, o que o que sencillamente apareció en Judea sin tener que nacer o crecer. San Juan tuvo que llegar a combatir contra estos tipos de errores ya que dice lo siguiente:

“Muchos son los seductores que han aparecido en el mundo, que no confiesan que Jesús ha venido en carne”

2 Juan 7 y 1 Juan 4:1-2.

Tanto Arrio como Apolinar de Laodicea llegaron a negar que Jesucristo llegase a tener un alma humana verdadera. El 2do ha llegado a tener la particular importancia en este campo y en cuanto a su influencia llegó a estar presente en el transcurso de muchos siglos en las controversias cristológicas posteriores.

En un simple intento de poder defender la unidad de Cristo y también su impecabilidad, Apolinar llegó a sostener que el Verbo estaba desempeñando las funciones del alma espiritual humana. Esta doctrina, no obstante, suponía el negar la verdadera humanidad del propio Cristo, la cual era compuesta, como en todos los hombres, por el cuerpo y el alma espiritual. Este personaje llegó a ser condenado en el Concilio I de Constantinopla y también en el Sínodo Romano del año 382.

Tercero: La Unión Hipostática

Al comienzo del siglo IV, luego de las diversas controversias precedentes, se encontraba muy clara la necesidad de llegar a sostener de manera firme lo que es la integridad de las 2 naturalezas la humana y la divina en la Persona del Verbo; de forma que la unidad personal de Cristo empiece a constituirse en el centro de atención de la cristología y también de la soteriología patrística. A esta clase de profundización nueva se le contribuyeron unas nuevas discusiones.

La primera gran controversia llegó a tener su origen en ciertas clases de afirmaciones de Nestorio, el patriarca de Constantinopla, que usaba un tipo de lenguaje en el que llegaba a dar a entender que en Cristo solamente existen 2 sujetos:

  • El Sujeto Divino
  • El Sujeto Humano

Los cuales se encuentran unidos entre sí por un tipo de vínculo moral, sin embargo, no físicamente. En este tipo de error cristológico es el que tiene su origen en cuanto a su rechazo del título de Madre de Dios, Theotókos, el cual es aplicado a la Santa María. La Virgen María sería la Madre de Cristo sin embargo, no la Madre de Dios.

Frente a estas clases de herejía, San Cirilo de Alejandría y también el Concilio de Éfeso del año 431 llegaron a recordar que

“la humanidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido y hecho suya desde su concepción… Por eso el Concilio de Éfeso proclamó en el año 431 que María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la concepción humana del Hijo de Dios en su seno”.

Unos años más tarde llegó a surgir lo que es la herejía monofisita. Esta clase de herejía posee sus antecedentes en el apolinarismo y también en una mala comprensión de la doctrina y de igual forma del lenguaje empleado por el propio San Cirilo por parte de Eutiques, el gran anciano archimandrita de un monasterio de Constantinopla.

Eutiques siempre afirmaba, entre otras cosas, que Cristo llegaba a ser una Persona que subsiste en 1 sola naturaleza, esta pues se trata de la naturaleza humana la cual habría sido absorbida en la divina. Este tipo de error llego a ser condenado por el Papa San León Magno, en su titulado Tomus ad Flavianum, la auténtica joya de la teología latina, y también lo fue por el Concilio ecuménico de Calcedonia del año 451, el cual el único punto de referencia que es obligado para la cristología.

De esa manera enseña lo siguiente, palabras textuales:

“hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad”

Y por ende añade que la unión de las 2 naturalezas llega a ser:

“sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”.

La doctrina calcedonense llegó a ser confirmada y también aclarada por el mismo II Concilio de Constantinopla en el año 553, que llega a ofrecer una clase de interpretación auténtica del Concilio anterior.

Luego de subrayar en muchas ocasiones la unidad de Cristo, estos afirman que la unión de las 2 naturalezas de Cristo la cual tiene lugar de acuerdo a la hipóstasis, llegando de esa forma a superar la equivocidad de la fórmula ciriliana que era la que hablaba de una especie de unidad de acuerdo a la “fisis”.

En esta línea, el II Concilio de Costantinopla llegó a indicar de igual manera el sentido en que había de llegar a entenderse la conocida fórmula ciriliana de “una naturaleza del Verbo de Dios encarnada”, la reconocida frase que San Cirilo siempre pensaba que era de San Atanasio, pero que sin embargo, en realidad se trataba de una falsificación apolinarista.

En estas clases de definiciones conciliares, que llegaban a tener como propósito el aclarar ciertos tipos de errores concretos y de no exponer el misterio de Cristo en su totalidad, los Padres conciliares usaron lo que es el lenguaje de su tiempo.

De la misma manera, que Nicea llegó a emplear el término consubstancial, Calcedonia usa los términos como:

  • Naturaleza
  • Persona
  • Hipóstasis, etc.

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De acuerdo al significado habitual que poseían en el lenguaje común, y también en la teología de su época. Esto no suele significar, como que han afirmado ciertos, que el mensaje evangélico se helenizara. La verdad es que a aquellos se le demostraron rígidamente helenizantes ya que fueron precisamente los que proponían unas clases de doctrinas heréticas, como lo fueron Arrio o Nestorio, que no llegaron a saber como ver las limitaciones que abarcaba el lenguaje filosófico de su tiempo en comparación al misterio de Dios y de Cristo.

Cuarto: La Humanidad Santísima de Jesucristo

“En la Encarnación la naturaleza humana no ha llegado a ser asumida, no absorbida”. Por eso mismo la Iglesia ha estado enseñando que la plena realidad del alma humana, con sus diversas operaciones de inteligencia y de voluntad, y del cuerpo humano de Cristo. Sin embargo, paralelamente, ha tenido que recordar en cada una de las ocasiones que la naturaleza humana de Cristo llega a pertenecer propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que es quien la ha asumido.

Todo lo que es y lo que hace en ella llega a pertenecer a “uno de la Trinidad”. El Hijo de Dios es el que comunica, pues, a su humanidad su propia manera de existir en la Trinidad. De esa manera, en su alma como en su cuerpo, Cristo llega a expresar de forma humana las costumbres divinas de la Trinidad.

El alma humana de Cristo se encuentra dotada de un verdadero conocimiento humano. La doctrina católica por ejemplo ha llegado a enseñar típicamente que Cristo en cuanto a hombre llegaba a tener un tipo de conocimiento adquirido, una clase de ciencia infusa y también la ciencia beata la cual es propia de los bienaventurados en el cielo.

La ciencia adquirida de Cristo no podía llegar a ser de por sí ilimitada: “por eso el propio Hijo de Dios, al hacerse hombre, lo que quiso progresar “en cuanto a sabiduría, en al igual que en estatura y en gracia”.

Textualmente lo puede leer en el libro de Lucas 2:52

Y también puede adquirir aquello que en la condición de hombre se adquiere de una forma mucho más experimental. Cristo, en quien llega a reposar la plenitud del Espíritu Santo con sus dones, tuvo también la ciencia infusa, esto quiere decir, aquel tipo de conocimiento que no se es adquirido de manera directa por el trabajo de la razón, sino que llega a ser infundido de forma directa por el mismo Dios en la inteligencia humana.

En efecto, “Cristo El Hijo, en su conocimiento humano, siempre demostraba igualmente la clase de penetración que tenía de los pensamientos secretos del corazón de los mismos hombres, Marcos 2:8 y Juan 2:25”.

Cristo tenía de la misma manera la ciencia propia de los beatos, es decir: “Debido a su unión con la Sabiduría divina en la persona del Verbo que era encarnado, el conocimiento humano de Cristo siempre gozaba en plenitud de la ciencia de los designios eternos que había llegado a traer y revelar”.

Por todo esto se debe afirmar que el mismo Cristo en cuanto a hombre llega a ser infalible: no se tiene que admitir el error en Él ya que sería admitirlo en el Verbo, la única persona existente en Cristo. Por lo que se hace referencia a una clase de eventual ignorancia que es propiamente dicha, hay que tener muy presente que “lo que reconoce ignorar en este campo, declara en otro lugar no tener misión de revelarlo”.

Se llega a entender que el mismo Cristo tenía que ser humanamente consciente de ser el Verbo y de su misión en cuanto a salvar al mundo de la muerte eterna. Por otro lado, la teología católica, al pensar que Cristo llegaba a tener ya en la tierra lo que era la visión inmediata de Dios, ha negado siempre lo que es la existencia en Cristo de la virtud de la fe.

Frente a lo que son las herejías monoenergeta y también las monotelita que, en una lógica continuidad con el monofisismo precedente, se llegaban a afirmar que en Cristo existe 1 sola operación o 1 sola voluntad, la Iglesia llegó a confesar en el III Concilio ecuménico de Constantinopla, en el año 681, que:

“Cristo tiene unas 2 voluntades y también unas 2 operaciones naturales, divinas y las humanas, no opuestas, sino que más bien cooperantes, de una manera que el Verbo hecho carne, en su obediencia al mismo Padre, ha llegado a querer humanamente todo lo que ha decidido en su divinidad con el Padre y con el mismo Espíritu Santo para poder dar la salvación a las personas.

La voluntad humana de Cristo es aquella que “sigue a su voluntad divina sin hacerle resistencia ni tampoco oposición, sino más bien todo lo contrario llegando a estar subordinada a esta voluntad omnipotente”. Se trata de una clase de cuestión esencial puesto que se encuentra directamente asociada con el propio ser de Cristo y también con nuestra salvación.

San Máximo el Confesor se llegó a distinguir en este esfuerzo doctrinal de la clarificación y se sirvió con una gran eficacia del conocido pasaje de la oración de Jesús realizada en el Huerto, en el que llega a aparecer el acuerdo de la voluntad humana de Cristo con lo que es la voluntad del Padre, puede verlo en el libro de Mateo 26:39.

La Consecuencia de la dualidad de las naturalezas llega a ser igualmente la dualidad de las operaciones. En Cristo existen unas 2 clases de operaciones, las cuales son:

  • Las Divinas, que son procedentes de su naturaleza divina.
  • Las Humanas, que son las que proceden de la naturaleza humana.

Se llega a mencionar de la misma manera de las operaciones teándricas para poder hacer referencia a todas aquéllas en las que la operación humana llega a actuar como un tipo de instrumento de la divina: que es el caso de los milagros que fueron realizados por nuestro amado señor Jesucristo.

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