La expresión Ciencia Inspirada o Infusa, Conócela

Son muchos los temas teológicos que hoy en día representan un enigma para las personas, pues son objeto de múltiples controversias a nivel mundial. Conoce en este artículo todo lo que necesitas saber acerca de la Ciencia Infusa, no dejes de leerlo.

Ciencia infusa

La expresión Ciencia Infusa o Inspirada

El término de Ciencia Infusa hace referencia a una expresión muy popular, que todos en algún momento de la vida hemos escuchado. Sin embargo, pueden existir muchas acepciones referentes a su significado, que vale la pena delimitar para entender a cabalidad lo que es. Así, más adelante se explicará lo que significa la Ciencia Infusa y cómo ha sido experimentada para que muchos estudiosos afirmen su existencia.

En primer lugar, la ciencia infusa es considerada como una cómoda forma de aprender, acerca de cualquier área del aprendizaje, pero que no se obtiene mediante basamentos científicos. En un sentido amplio, es un conjunto de conocimientos que no son adquiridos mediante el estudio, si no de factores sobrenaturales dependiendo de cual sea la tradición en la cual se encuentre; asimismo, esta podría ser una realidad que se alcanza mediante la transmisión de patrones de ondas cerebrales.

A este respecto, conviene hacer mención a un estudio publicado en Frontiers in Human Neuroscience, en el cual se experimentó con un grupo de seis pilotos novatos que, presuntamente, aprendieron las reglas sobre pilotar aviones mediante la transmisión de ondas cerebrales de sus colega más experimentados. Este interesante estudio va a ser explicado en detalle más adelante.

Ahora bien, se dice que saber algo por ciencia infusa es saberlo porque si, es decir, no por causa de un estudio previo si no que simplemente se sabe y ya, por instinto propio o intuición. Sin embargo, esto no es del todo cierto ya que se cree también que lo infuso proviene de Dios, de la divinidad propiamente dicha. Así se puede notar en el diccionario de la Real Academia Española, en el cual se define el término “infuso” como aquellas gracias y dones que Dios infunde en el alma de las personas.

De ahí, que al hacer referencia a “infusa” se entienda como un conocimiento recibido directamente de Dios, es decir, sin la existencia de estudios previos. En este orden de ideas, dicho saber no proviene de nuestra observación, ni de nuestra experiencia y menos aún de nuestro razonamiento para crear leyes y teorías, si no que se trata de dones recibidos directamente de parte de Dios.

Ciencia infusa

Es pertinente destacar, que éste es un término netamente teológico, por lo que de debe ahondar en esa ciencia para entender cabalmente su significación, pues tiene que ver con conocimiento proveniente de Dios y, evidentemente, se hace acreedor de teorías a favor y en contra, pues resulta en tópico muy interesante y controvertido para los estudiosos ya que se cree procedente de la divinidad.

Por otra parte, existen muchas personas que afirman que Cristo tiene una doble inteligencia, siendo una divina y la otra humana. La inteligencia humana es aquella que les es infundida directamente de Dios, es decir, la misma es una ciencia muy similar a la que poseen los ángeles. Por tal motivo, se cree que la ciencia infusa es un privilegio que le otorga Dios, ya que lo equipara con los ángeles.

Hay que mencionar además, que existen otros términos asociados al de ciencia infusa, que las personas utilizan con mucha frecuencia casi sin pensarlo aún en la actualidad. A saber, cuando por ejemplo se dice que se sabe o no algo a ciencia cierta, quiere decir un conocimiento con total seguridad, respecto al cual no existe ninguna duda ya que ha sido científicamente comprobado o existen teorías que sustentan tales afirmaciones.

Por otra parte, se dice que algo tiene poca ciencia cuando es muy sencillo de realizar, no tiene complejidad alguna, es decir puede hacerse en cualquier momento y lugar sin necesidad de poseer mayores conocimientos ni experiencia. Y por último, se utiliza comúnmente el término ciencia ficción para referirse a algo increíble debido a su exageración o por ser demasiado fantástico, siendo inclusive este un género de películas.

El aprendizaje por Ciencia Infusa

En el proceso de definir a la ciencia infusa y de generar una teoría aceptable, hace algunos años se realizó un estudio en el cual un grupo de pilotos de avión sin suficiente experiencia, aprendieron a manejar el avión mediante la transmisión de ondas cerebrales de otros pilotos más expertos. De este modo, los novatos pudieron adquirir los conocimientos inherentes a la actividad sin haber realizado ningún estudio previo, más bien mediante ondas cerebrales, lo cual explica en cierta parte la ciencia infusa.

En representación de Laboratorios HRL, Matthew Phillips explicó que realizaron una medición de los patrones de la actividad cerebral de seis pilotos militares y comerciales, para posteriormente transmitir dichos patrones a los principiantes mientras aprendían a pilotar aviones en los respectivos simuladores de vuelo donde se realizan las prácticas. Cabe destacar que desde el año 1970, el entrenamiento en los simuladores de vuelo es una parte sumamente importante en en la formación de los pilotos de avión.

Ahora bien, en cuanto a los procedimientos empleados para lograr la transmisión de los conocimientos de los expertos hacia los pilotos novatos, estos investigadores emplearon una técnica no invasiva cuyo nombre es Estimulación Transcraneal de corriente continua, conocida por sus siglas en inglés como TDCS. Todo este proceso de estudio se llevó a cabo con la finalidad de mejorar la destreza operativa de los pilotos durante su formación.

Con respecto a la aplicación de esta técnica de estimulación no invasiva, se aplica una corriente eléctrica continua de baja intensidad, similar a la que produce una batería o un dinamo, todo ello a través de unos electrodos que se encuentran dispuestos en el cuero cabelludo del piloto principiante. Si bien existe una gran pérdida de corriente en el cuero cabelludo y en el cráneo, toda aquella corriente que si logra alcanzar la corteza cerebral, es suficiente para poder ejercer su función sobre las neuronas del individuo.

Ciencia infusa

En este sentido, cuando la estimulación logra alcanzar la superficie de la corteza cerebral, puede modificar el potencial de transmembrana neuronal, lo que genera una variación sobre el nivel de excitabilidad y al mismo tiempo modula la frecuencia de las descargas neuronales. Por tal motivo, esta técnica también se conoce con el nombre de neuromoduladora.

Todo esto se debe a que las células del cerebro funcionan también con electricidad, generando un movimiento de iones a través de la membrana celular, y crea también una diferencia de potencial de membrana similar al de una pila. Es por ello que el método de empleó en dicha forma.

Este experimento fue aleatorio, y consistió en la estimulación de la corteza prefrontal dorsolateral, que es donde se identifica la memoria de trabajo, o en la corteza motora izquierda. Una vez emitidas las ondas cerebrales, mediante un Electroencefalograma se midió la actividad cerebral, así como también mediante una Espectroscopia funcional del Infrarrojo cercano, conocidos como EEG y fNIRs respectivamente.

Una vez finalizado el experimento, se determinó que aquellos aprendices que habían sido estimulados en sus células cerebrales mediante la disposición de electrodos en su cabeza, definitivamente mejoraron sus destrezas y habilidades de pilotaje en comparación con el resto del grupo control.

Todo esto pudo ser verificado gracias a que los investigadores midieron la aceleración promedio del avión durante el aterrizaje simulado, lo que se conoce como fuerza g, y la compararon con los sujetos control que recibieron un simulacro de la estimulación aplicada a la corteza cerebral.

En tal sentido, la fuerza g o mejor dicho la sensación que experimentan las personas que se someten a una aceleración, es un indicador infalible e inmediato sobre la habilidad que poseen los pilotos durante el aterrizaje, ya que es esta la fase más difícil de superar de manera satisfactoria. Así, cuando los pilotos son entrenados en el simulador de vuelo, se requiere que traten se minimizar la fuerza g todo lo que sea posible, para garantizar que poseen las habilidades necesarias como futuros pilotos.

Así, este estudio realizado por HRL fue uno de los pioneros que logró demostrar la efectividad de la estimulación cerebral en cuanto a la aceleración del aprendizaje práctico, y la mejora en la destreza de los pilotos. Por ende, Phillips supone que la aceleración del aprendizaje a través de la estimulación de la corteza cerebral puede ser algo muy común en el futuro, en la medida que se investigue más acerca de cómo se puede optimizar, personalizar y adaptar los protocolos de estimulación del cerebro.

Se espera que tales estudios mediante TDCS logren convertirse en tecnologías comunes y frecuentes para la formación y en las clases de diversas áreas educativas, como por ejemplo en la formación de posibles conductores, para aprender diferentes idiomas o también para el SAT, que es una prueba estándar que se emplea con frecuencia en los Estados Unidos, para seleccionar el ingreso al sistema de educación superior; sus siglas significan Scholastic Aptitude Test, o también Scholastic Assessment Test.

Ciencia Infusa o inspirada en el Alma de Cristo

Tal y como se mencionó en las lineas precedentes, la ciencia infusa es aquel conocimiento otorgado por Dios, por la divinidad o por Cristo, sin necesidad de realizar estudios previos sino que simplemente se sabe por obra divina. Así, estos conocimientos que han sido inspirados en el alma de Cristo, son objeto de numerosas críticas y controversias, así como también han dado lugar a una serie de incógnitas estudiadas por filósofos y especialistas en el área.

Sin embargo, son muchas las suposiciones que se han realizado en torno a este tema, generando controversia y diferentes teorías por parte las personas estudiosas que indagan para llegar a las conclusiones generalmente aceptadas, en aras de solucionar los problemas que surjan de dichos temas tan controversiales. Al haber venido Cristo a la tierra para salvar a los hombres, surge la duda de si él poseía verdaderamente el conocimiento y la razón respecto a todo en este mundo, por ciencia infusa o inspirada por Dios.

En este orden de ideas, a continuación se indican una serie de preguntas ante las cuales se presentan objeciones y razonamientos en aras de dar una respuesta concreta a las mismas, para esgrimir soluciones en torno al dilatado tema de la ciencia inspirada en el alma de Cristo.

¿Conoce Cristo todas las cosas mediante la ciencia infusa?

Una de las preguntas más frecuentes que se han realizado en torno a la ciencia infusa del alma de cristo, tiene que ver con el hecho de si Cristo llegó a conocer todas las cosas existentes en el universo, gracias a la ciencia infusa o inspirada por Dios, es decir, si no quedó nada desconocido.

Al respecto, las personas que objetan esta teoría indican que esta ciencia le fue infundida a Cristo en pro de perfeccionar su entendimiento todo lo que fuere posible. No obstante, el entendimiento posible de los humanos no parece tener un potencial absoluto para todo, sino únicamente para aquellas cosas sobre las que puede actualizarse por el entendimiento agente, que es su principio activo.

Además, estas cosas pueden ser conocidas por la razón natural y por ende, Cristo no pudo haber conocido aquellas cosas u objetos que excedan la razón natural, ya que estaría rebosando la capacidad humana.

Por otra parte, las imágenes se relacionan con el entendimiento humano en la misma medida que los colores guardan relación con la vista, por lo que la perfección de la potencia visual no necesita conocer a cabalidad todo aquello que carece de color por completo. Por ende, la perfección del entendimiento humano tampoco requiere conocer todas las cosas que no pueden ser expresadas mediante representaciones gráficas, es decir, imágenes, como sucede con las sustancias separadas.

Con base en lo antes descrito, hay quienes sostienen que Cristo no pudo haber conocido las sustancias separadas mediante la Ciencia infusa, puesto que la misma le fue concedida para la perfección de su entendimiento. Otra de las objeciones respecto a este tema afirma que para perfeccionar su entendimiento, no se requiere tener conocimiento de los singulares, motivo por el cual entonces Cristo tampoco conoció los singulares por ciencia infusa.

Ahora bien, para refutar tales opiniones adversas se establece que todo aquello objeto del conocimiento queda incluido bajo los dones de sabiduría y entendimiento, de senda y de consejo. A su vez, a la sabiduría pertenece el conocimiento de todo lo divino y al entendimiento le compete el conocimiento de todo lo inmaterial.

A la ciencia le corresponde el conocimiento de todas las conclusiones y al consejo le incumbe el conocimiento de todas las cosas prácticas. Así, al poseer Cristo toda la ciencia infundida por el Espíritu santo, se hace entonces conocedor de todas las cosas.

En este orden de ideas, para que el alma de Cristo fuese perfecta en todos los sentidos, fue pertinente que todas sus potencialidades se convirtieran en acciones; aunado a ello, en el alma humana como de cualquier criatura se distingue una doble potencia pasiva, una relacionada con el agente natural y otra al primer agente, siendo ambas actualizadas en el alma de Cristo una vez que le fue infundida la ciencia desde lo alto.

Gracias a esto, el alma de Cristo fue capaz de conocer todo aquello que el hombre es capaz de saber mediante la fuerza de la luz del entendimiento agente, como lo son aquellos objetos inherentes a la ciencia humana. Del mismo modo, Cristo conoció todo aquello que saben los hombres por medio de la revelación divina, bien sea que ello pertenezca al don de la sabiduría, de la profecía o a cualquier otro don del Espíritu santo. Fue así como el alma de Cristo conoció todas estas cosas más y mejor que cualquier otro.

¿Pudo Cristo entender todo mediante la ciencia infusa sin recurrir a imágenes?

Otra de las incógnitas planteadas en razón de este tema tiene que ver con el hecho de si Cristo pudo entender todas las cosas del universo, gracias a la Ciencia infusa, sin la necesidad de servirse de representaciones imaginarias. Hay quienes afirman que no pudo, esgrimiendo diversas razones que se explican a continuación.

Se dice que las imágenes se relacionan con el entendimiento de la misma forma en que los colores se relacionan con la vista, pero la potencia visual de Cristo no pudo ejercitarse de otra forma más que a través de los colores. Por ello, se cree que su entendimiento no pudo entender ninguna cosa sin recurrir a las imágenes.

Por otra parte, el alma de Cristo posee la misma naturaleza que el alma de los humanos, pues de lo contrario no pertenecería a nuestra especie. Así, nuestra alma no es capaz de entender sin servirse de las imágenes, tal y como sucede con el alma de Cristo.

Aunado a ello, el hombre posee sus sentidos para que sirvan a su inteligencia, entonces si Cristo fue capaz de entender todo sin recurrir a las imágenes las cuales son percibidas por los sentidos, se podría decir que los mismo fueron otorgados a Cristo de manera inútil, pero esto no sería admisible. Es por ello que se sostiene que el alma de Cristo no pudo entender las cosas del Universo sin haber recurrido a las imágenes y demás representaciones.

Ahora bien, en contra de tales afirmaciones, se dice que Cristo fue capaz de conocer ciertas realidades que no pueden conocerse a través de imágenes como por ejemplo las sustancias separadas. En este aspecto, se podría decir que si pudo entender esto sin necesidad de recurrir a las imágenes.

Al respecto cabe mencionar que antes de la pasión de Cristo, éste fue un bienaventurado debido a su alma intelectiva, y un aviador por parte del cuerpo ya que podía padecer. Sin embargo, el Alma bienaventurada se caracteriza por no estar sometida al cuerpo ni depender de él en ningún sentido, sino que lo domina a cabalidad. Por ello, después de la resurrección la gloria del alma redundará en el cuerpo. Cabe acotar que el alma de un hombre viador necesita de la ayuda de las imágenes porque se encuentra sujeta al cuerpo, y es entonces dependiente de él.

Por lo tanto las almas bienaventuradas pueden entender sin recurrir a las imágenes bien sea antes o después de la resurrección, y es entonces lo que sucedió con Cristo quien tuvo totalmente la condición de la bienaventuranza, el cual es un estado que no poseen los hombres.

¿Fue discursiva esta ciencia infusa en el alma de Cristo?

Con respecto a este punto, se presentan controversias en relación a si la ciencia infusa en el alma de Cristo fue o no discursiva. Los que sostienen que no lo fue, indican que debido a que no se pone en Cristo ni el consejo ni la elección, ambas cosas se le retiran puesto que implican comparación o discurso.

Por otra parte, el hombre necesita de la comparación y del discurso de la razón para indagar acerca de todo aquello que le es desconocido. Entonces, como el alma de Cristo lo conoció todo, no hubo en él ninguna ciencia comparativa o discursiva. Además, Cristo por ser bienaventurado se asemejaba a los ángeles, y en estos últimos no se da la ciencia discursiva o comparativa. Debido a esta semejanza, entonces en Cristo no existió ciencia comparativa o discursiva.

Ahora en contra de tales teorías, se estipula que Cristo tenía un alma racional tal y como se señaló previamente. Así, la operación propia del alma racional consiste en comparar y discrepar entre una cosa y otra, para crear leyes. Por tal motivo, se afirma que en Cristo si existió tal ciencia discursiva o comparativa.

Así, conviene resaltar que una ciencia puede ser comparativa o discursiva en dos formas; en primer lugar, al enfocarse en el modo de adquisición de la misma, tal y como sucede en los humanos que alcanzan el conocimiento de algo en específico partiendo de otra cosa, como los efectos derivados de las causas y viceversa.

Por tal motivo, la ciencia del alma de Cristo no pudo haber sido ni comparativa ni discursiva, ya que la misma le fue infundida por la divinidad, no adquirida mediante investigación, ni por causas ni por efectos.

Por otra parte, en algunas ocasiones en que las causas deducen los efectos, se emplea esta ciencia no para aprender algo nuevo sino para utilizar la ciencia que ya se sabía con anterioridad. Así bajo este enfoque, la ciencia del alma de Cristo podía ser comparativa o discursiva, debido a que se podía deducir una cosa de otra.

Por ello puede resumirse que de Cristo puede excluirse el consejo que implica la duda, y por ende la elección que incluye un consejo así. Más no se excluye de Cristo el ejercicio del consejo, es decir el acto propiamente dicho. Además toda esta controversia está basada en en cuanto al discurso y la comparación como medios para adquirir la ciencia, que comprende el conjunto de conocimientos.

Por último se puede predicar con toda certeza que los bienaventurados poseen características muy similares a los Ángeles en lo que respecta a los dones de gracia; pero si permanece entre los mismos la diferencia en su naturaleza. De ello se esgrime que el uso de la comparación y del discurso sea connatural a las almas de todos los bienaventurados, más no de los ángeles.

¿En qué se compara esta ciencia infusa con la de los ángeles?

Existen muchas personas que afirman que en Cristo esta ciencia fue inferior a la de los ángeles, alegando que la perfección es proporcional al sujeto que se pretende optimizar. Sin embargo, el alma humana es naturalmente inferior a la naturaleza angelical y en este sentido la ciencia en cuestión fue infundida en el alma de Cristo con la finalidad de alcanzar su propia mejoría. Por tal motivo, pareciera inferior a la ciencia que perfecciona a la naturaleza angelical.

Además, la ciencia infusa en el Alma de Cristo fue comparativa y discursiva en cierto sentido, lo que no se puede afirmar de la ciencia de los ángeles. Por ello también se dice que es inferior de aquella. Por otra parte, una ciencia es más noble en la medida que sea más inmaterial. Entonces, la ciencia de Los Ángeles es más inmaterial que la ciencia del alma de Cristo puesto que el alma de Cristo actualiza su cuerpo y necesita recurrir a las imágenes, situación que no sucede en los Ángeles, por ello la ciencia de estos últimos es superior a aquella.

En respuesta a estas objeciones, se considera a la ciencia infusa del alma de Cristo bajo dos aspectos fundamentales: el primero de ellos atiende a lo que tuvo por parte de la causa que lo produce, y el otro se fija a lo que tuvo por parte del sujeto que la recibe.

Ahora bien, con base en el primer enfoque, la ciencia infusa del alma de Cristo fue superior a la ciencia de los ángeles, tanto por el numero de objetos conocidos como por la certeza de la ciencia propiamente, pues la luz espiritual que fue infundida en el alma de Cristo está muy por encima de la luz que corresponde a la naturaleza de los ángeles.

Mirándolo desde la óptica del segundo modo, la ciencia infusa del alma de Cristo es inferior a la ciencia de los ángeles, porque es por el modo natural de conocer del alma humana, es decir mediante el recurso de las imágenes, la comparación y el discurso.

¿Esta ciencia infusa fue habitual?

Otro de los puntos controversiales relacionados con la ciencia infusa en el alma de Cristo, se refiere a conocer si la misma fue habitual o no lo fue. En este sentido, quienes afirman que Cristo no tuvo una ciencia habitual sostienen que a su alma le corresponde la máxima perfección, pero la perfección de la ciencia en el acto es mayor que la preexistente como habito. Así, pareciera conveniente todo el conocimiento en acto, siendo negativa entonces la posesión de una ciencia habitual.

Aunado a ello por ordenarse la costumbre al acto se puede suponer que una ciencia habitual que nunca se convierte en hábito es inútil. Y como Cristo lo conoció todo de acuerdo con lo planteado anteriormente, no hubiese podido contemplar todas las cosas en acto de haberlas conocido una luego de la otra, ya que definitivamente no es posible recorrer un número infinito de cosas. Es por ello que una ciencia habitual en Cristo habría sido inútil, lo que también sería inadmisible. Por lo tanto respecto a todo lo que conoció tuvo una ciencia actual, en lugar de una habitual.

Además hay que mencionar que la ciencia habitual es una perfección de aquel que la posee, y la perfección es más noble que el sujeto perfeccionado por ella. Por tal motivo, si llegó a existir algún hábito científico creado en el alma de Cristo, se podría sostener que cualquier cosa creada sería superior al alma de Cristo, por lo que no poseyó ciencia habitual.

Por el contrario, se estipula que la ciencia infusa en el alma de Cristo objeto de estas teorías fue unívoca con la ciencia de los hombres, así como su alma es de la misma especie que la nuestra; sin embargo nuestra ciencia es un hábito, por lo que la de Cristo también debió haber sido habitual.

Para colocar más detalladamente, el modo de esta ciencia infusa se conformó con el sujeto que la recibía, ya que lo recibido se ajusta al modo de ser del sujeto receptor. Pero es algo que va en contra de la naturaleza humana el hecho de que algunas veces entienda en el acto y otras en potencia; siendo el hábito el punto medio entre la potencia y el acto propiamente dicho.

En tal sentido, el medio y los extremos pertenecen a un mismo género, siendo claro que el modo natural del alma humana se basa en recibir la ciencia a manera de hábitos. Es por todo esto que resulta conveniente afirmar que la ciencia infusa del alma de Cristo fue una ciencia habitual, y podía servirse de la misma cada vez que fuese necesario.

¿Esta ciencia infusa fue diversificada mediante distintos hábitos?

Existe el planteamiento relacionado con la diversificación de la ciencia infusa en Cristo en distintos hábitos, pero quienes indican que no fue así señalan que en el alma de Cristo no existió más que un único hábito científico.

Cabe señalar que una ciencia es más perfecta cada vez que esta sea más simple, de ahí que los ángeles supremos la conozcan mediante formas más universales. La ciencia de cristo fue inmensamente perfecta, lo que la llevó a un nivel superior y por ende no se diversificó en varios hábitos. También se estipula que la fe de los hombres proviene de la ciencia de Cristo; pero este hábito de la fe es único, y es con el que se cree todo lo que hay que creer. Así con mayor razón existió entonces en Cristo un solo hábito científico.

Asimismo las ciencias pueden diferenciarse por sus diversos objetos formales, y el Alma de Cristo logró conocer todas las cosas del universo bajo una única formalidad, es decir, bajo la luz infusa proveniente de la divinidad. Por ello Cristo tuvo un solo hábito científico.

Tales afirmaciones se refutan en cuanto a que la ciencia infusa del alma de Cristo se amoldó al modo connatural del alma humana, la cual consiste en recibir especies menos universales que los ángeles, de forma tal que conoce las diversas naturalezas determinadas por medio de  una serie de especies que son inteligibles.

Finalmente, el hecho de que en los hombres existan diferentes hábitos científicos tiene que ver con la existencia de diversos objetos cognoscibles, en virtud de que todas las cosas pertenecientes a un mismo género logran ser conocidas mediante un mismo hábito científico. Por ello, la ciencia infusa en cuestión se diversificó en distintos hábitos.

Tal y como se ha explicado, el tema de la ciencia infusa es muy controversial y ha generado a lo largo de los años múltiples teorías, afirmaciones y demás, que por supuesto han sido refutados por filósofos y estudiosos de la materia. Aunado  ello este es un tema puramente teológico, pues se implica la intervención de Dios y la divinidad como agente activo de tales conocimientos.

En este orden de ideas, para algunos la ciencia infusa constituye un factor determinante proveniente de la divinidad, así por obra y gracia del espíritu santo; pero otros científicos e investigadores la instituyen como un medio para perfeccionar los métodos de enseñanza, tal y como se evidencia en el estudio realizado a los pilotos hace algún tiempo.

Sea de una forma u otra, lo cierto es que la ciencia infusa consiste en un conjunto de conocimientos que no fueron adquiridos mediante estudios ni memorización, si no que proviene de un origen sobrenatural o también mediante ondas cerebrales, para lograr el perfeccionamiento de habilidades y técnicas en un área de aplicación específica.

También están los que mantienen que se trata de un origen divino, que se relaciona con lo sobrenatural y proveniente de Dios, por lo que los teólogos se ocupan de realizar los estudios y las aclaraciones pertinentes.

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