Historia de la Doctrina del Budismo y la Meditación

La doctrina del Budismo es mucho más que una religión, es un conjunto de ideas que lleva al individuo a liberarse de sentimientos y pensamientos de vibración baja (odio, codicia, ignorancia, entre otros),  lo cual, le permite al individuo aprovechar su vida al máximo y percibir el dolor y la vida desde una perspectiva distinta.

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Origen del Budismo

La doctrina del Budismo nació en la India, alrededor de los siglos VI y IV a. C., de allí, se desarrolló rápidamente hacia el este de Asia y llegó a ser la religión que predominó en lndia en el sigo III a.c.

Durante este siglo, el emperador Asoka (India) transformó la doctrina del Budismo en la religión oficial de su imperio, sin embargo, en el siglo VII su práctica decae de manera asombrosa durante la Edad Media, siendo una religión casi extinta en India, aunque expandida a lo largo y ancho del continente asiático.

La palabra “Buda es sánscrita”, proviene de la raíz “Bud”, que significa tanto “despertar” como “saber” o “iluminación”. El buda entonces es “el despierto”, “el sabio” y “el iluminado”.

Historia

La doctrina del Budismo es un camino que incluye una serie de prácticas Budistas como la meditación o la experiencia desarrollada dentro de la tradición budista, las cuales, durante miles de años se fueron trasformando hasta ser un sendero para aquellos que desean seguir un sendero de desarrollo espiritual.

El budismo proviene de Buda y la traducción del sánscrito es “despertar”. La doctrina del budismo es un sistema filosófico-religioso que se desarrolló en Oriente, primero en India, y luego, en China, Japón, Tibet, entre otros países del lejano Oriente.

No solamente evolucionaron sus instituciones, también, su doctrina lo hizo, generándose numerosas escuelas, y algunas de ellas, tomaron por principio ciertos postulados por el Buda mismo, el primer Buda Gautama.

El budismo, como pocas religiones, ofrece una meta más o menos definida para el hombre, ofrece una entrada que conduce a la meta, más sin embargo, no habla del camino.

El conocimiento de este camino es en cierta forma exclusivo de los caminantes, por una razón muy simple: la descripción del camino puede perturbar la entrada en el, la “entrada a la corriente”, como los mismos budistas la denominan.

La meta del budismo es el Nirvana, la perfección, la eterna salud, la eterna alegría, la realidad última, el mundo ultra sensorial, la unión del individuo con el universo, pero lo que hace particular al budismo de otras religiones es que (en un principio) afirmaba que el hombre podía alcanzar un eterno estado divino, cuando la mayoría de las religiones prometen un “paraíso” a aquellos que actúan de buena manera, y solo alcanzarían este estado luego de abandonar su vida en este plano, en la otra vida.

En otras palabras, la doctrina del Budismo afirmó desde siempre la posibilidad de alcanzar una evolución del hombre, desde un sentido espiritual y psíquico. El budismo predicaba y todavía insiste en que el hombre puede llegar a convertirse en un ser divino.

Pocas religiones son tan generosas con el hombre, de hecho, imponen un código moral y fomentan nada más que la adoración. El budismo susurra un crece, mientras que las demás, solo obedecen.

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El budismo no es ateo, ni es tampoco, completamente una filosofía, aunque muchas de sus escuelas, pueden ser consideradas como “ateas”, sencillamente porque no hay exigencias de obediencia a un Dios o a un santo, o un único hombre divino.

Son completamente teístas o monoteístas, cuando se trata de alcanzar a Dios o al Nirvana. La escuela del Budismo de la fe, es una escuela que hoy todavía usa la adoración a los Budas y bodhisattva como eje de su doctrina y como un medio de alcanzar la fe que conduce a la entrada.

La doctrina del budismo tampoco puede ser clasificada como un sistema filosófico, simplemente porque no enseña nada que no sea útil para la salvación del hombre. Todo lo que sobresalga del ámbito de la salvación del hombre debe ser omitido porque puede perturbar la búsqueda de la entrada o del Nirvana.

Una religión con componentes filosóficos y psicológicos de un extraordinario pragmatismo, y quizás también, de una poderosa eficacia y de una honestidad sin límites, para con su esencia.

El budismo como religión fue siempre consecuente con su doctrina, predicaba el pacifismo, la tolerancia, la amistad, la no violencia, y jamás, llegó a imponer su doctrina ni a convertir a la fuerza a los infieles.

La doctrina misma afirmaba que el budismo no podía ser alcanzado por todos, lo que no impedía, que budas y monjes hicieran esfuerzos por ampliar las oportunidades de acceso a los caminos budistas.

No luchó contra el paganismo hindú politeísta, o quiso eliminarlo, por el contrario, tomó varios elementos de el para incorporarlo a su doctrina. El resultado es la calidez y el pacifismo de los hombres del lejano oriente, que en épocas pre búdicas se inclinaban fuertemente a los sacrificios y  las crueldades.

Todas estas características hacen del budismo la religión y la institución más antigua, que aún hoy, todas las bellas, pero mundanas atracciones que requieren nuestros tiempos, se mantiene vigente.

La doctrina del Budismo comparte con el cristianismo un mismo comienzo, el rechazo de un mundo de sufrimientos, tentaciones o de pecado, una retirada del mundo, en este sentido, ambas religiones comparten un mismo “inicio”.

En sus orígenes se generan importantes movimientos cinemitas y ascéticos, los buscadores de espíritu abandonan el mundo y se retiran en la soledad de los bosques o caminan largos trayectos con el único sustento de la mendicidad.

Poco tiempo después, también, en ambas religiones, algunos iluminados, despiertos, santos, empiezan a predicar, se hacen escuelas y se edifican pequeños monasterios. Los cinemitas se agrupan, se reciben discípulos, y luego, se escriben las doctrinas.

Es, en esta etapa donde aparecen las grandes diferencias sobre el cristianismo y el budismo. Diferencias de estructura, de jerarquía, de doctrina y de accionar.

La doctrina del budismo se expande rápidamente, generando escuelas contestartarias y protestantes, mientras que el cristianismo permanece de forma tenaz  unido a la institución de la fe católica.

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Mitos y Hechos

Existen diversos mitos y hechos sobre el budismo, por ello, en este artículo aclararemos cada uno de ellos. La intención es tener un poco más claro el “camino” que este predica para poder seguirlo.

¿El budismo es una doctrina pacífica; a diferencia de otras religiones, nunca empleó la violencia?

Esto es totalmente falso. El budismo sufrió diversas persecuciones e injustas además. Por ejemplo, los budistas chinos impusieron la doctrina del budismo “por las malas”, de decir, ejecutaron a sacerdotes confucianos y taoístas, en al menos en seis distintos períodos a lo largo de la historia de esa nación.

Los monjes budistas gracias a ser unos excelentes comisionados del Estado, les resultó fácil influenciar a los reyes de Tailandia , Birmania y Corea. También, lograron influenciar con la doctrina del budismo a los capitanes de guerra o “shogun” japoneses, declarando el budismo como religión oficial y erradicar cualquier otra creencia.

Las guerras más crueles que cualquier otro tipo de combate se desarrollaron en Japón entre:

  • Budistas de Kyoto y de Nara (siglo VIII).
  • La secta Shingon  y la secta Tendai  (siglo X)
  • Los Nirichen y Zen (siglo XIII)

Como vemos, y si hacemos una perspectiva histórica, la doctrina del budismo no se queda atrás en cuanto a imponerse como religión a la fuerza como lo hicieron el cristianismo, el islam o el judaísmo.

¿En el budismo se adora al dios Buda?

Es Falso. Como mencionamos anteriormente, el budismo no adora a un solo Dios, aunque ciertamente una de las figuras budistas más conocida en Occidente, es sin duda, Siddharta Gautama.  Un príncipe de la India que vivió en el siglo V a.c. y marcó el inicio de esta religión.

Sin embargo, no es adorado como dios, sino más bien, venerado como maestro que expresó de cierta manera ¿cómo marcha la vida humana? Quien se considera seguidor de budismo no busca demostrar su amor por Buda, sino ser un Buddha o “iluminado”. Hay una cantidad diversa de Budas, y cualquiera puede ser uno si se lo propone.

¿El budismo, a diferencia de otras religiones, no busca ganar adeptos?

Una vez más, este mito, es falso, ya que una de las actividades propuestas por el budismo es su actividad misionera. Ejemplo de ello, es que existen diversas “sectas” como los Nirichen ha establecido centros misioneros en distintos países como California o Hawai. Obviamente, estos son financiados por empresas y artistas reconocidos, de otra manera, sería imposible esta tarea.

Ahora, compartiremos algunos mitos que se enseñan en el budismo. Estos son más parecidas a un “relato” que un hecho comprobable o no. Podríamos decir que son metáforas, que buscan darnos un mensaje, sin embargo, nos parece importante compartirlas.

Algunos mitos y fábulas del Budismo

Algo positivo que podemos rescatar de los mitos es que nos permiten desarrollar un gran potencial imaginativo.  Veamos entonces algunos mitos del budismo:

La flor que anuncia la bonanza

Cuenta la historia que existe una flor que es capaz de florecer en cualquier lugar, su tallo, es más fino que un cabello y su color muy particular: blanco nacarado. Más allá de estas fascinantes y únicas características, hay personas que dicen, que para que florezca le toma hasta tres mil años, por ello, encontrarse con esta hermosa y rara flor, representa bonanza y prosperidad para todos.

Es importante ser como esta rara flor. Mostrarnos auténticos y florecer en cualquier parte, o dicho de otra forma, saber adaptarnos a distintas circunstancias. Somos únicos, maravillosos y podemos brillar siempre con luz propia.

Otro mensaje que podemos destacar de esta historia es darnos tiempo, ¿para qué? Para todo! Crecer, aprender, madurar. Todo tiene etapas, no busquemos ir más a prisa, sino disfrutar el camino.

No es una flor, es un huevo

Es bastante interesante. Nos relata que lo que pensaban que era una flor, gracias al descubrimiento de un científico, se dieron cuenta que no era más que la puesta de un insecto, a la cual, quedaban adheridos sus huevos.

Lo primero, la ciencia, siempre intentará explicar de manera científica aquello que no entiende. Para un doctor, es muy difícil creer en milagros, por ejemplo, para estos, si no hay un hecho que lo compruebe no existe, pero la fe, va mucho más allá de la razón y el entendimiento humano.

Lo segundo, el hecho de como creer en algo puede tener una perspectiva o un significado distintos. La cuestión no es en que creer, sino hacerlo con fe. Quizás, la magia y los milagros no existen para quienes no creen, pero de igual manera, para aquellos que creen en los milagros o en la magia cosas maravillosas pueden resultar y ser testigos.

La grulla y el cangrejo

Esta fábula relata la historia de una grulla, un mar de peces y un cangrejo. Al inicio, la grulla convence por medio de engaños a los peces a quienes les mostró una supuesta laguna a donde los llevaría porque los humanos “secarían los mares” y esta no soportaría verlos morir en masa. El trato era que se comería solo a uno o dos de hechos ocasionalmente para saciar su hambre, pero a cambio, los salvaría a todos.

Luego, le dijo al cangrejo que empezaría con el, que entrase a su pico y así lo llevaría. El cangrejo, más astuto y precavido que los peces le dijo que mejor resultaba para ambos el ir rodeando su cuello porque sus tenazas eran más fuertes. La grulla, creyendo que lograría su cometido accede y se retira volando.

Al llegar al lugar de la supuesta laguna, el cangrejo le pregunto ¿y dónde está la laguna que prometiste? A lo que la grulla contesta que no era más que un engaño para comerlo primero a el, y luego, a los otros. El cangrejo, ni tonto ni perezoso clavó sus tenazas en el cuello de la grulla y esta cayó muerta.

¿El mensaje? Quien actúa con mala intención, le sale el tiro por la culata.

Las hadas prudentes y las hadas necias

Se dice que las hadas de los bosques cuando llegaron a la tierra se separaron en dos grupos. Las prudentes, permanecieron juntas en la inmensidad y tranquilidad bosque, pero las necias, decidieron ir a los campos donde habitaba el hombre, porque según ellas, estos las colmarían de presenten.

Un día, uno de los hombres, en medio de un ataque de furia arrancó los árboles que habían a su alrededor, árboles, donde habitaban las hadas necias, las cuales, quedaron solas y sin hogar.

Las hadas que habían decidido permanecer juntas la profundidad del bosque a pesar de las tormentas, permanecían unidas y tranquilas, nada más que unos sacudones y ya. Esto demuestra que en ocasiones, hacemos oídos necios a palabras sabias, y en esa búsqueda de la independencia y el desear que nos reconozcan e idolatren terminamos perdidos y sin nada.

En la unión está la fuerza, reza el dicho, y como vemos, no es en vano. Siempre, necesitaremos de otros, entonces no seamos egocéntricos y expresemos nuestra necesidad de querer ser libres o ceder a nuestros deseos por impulso. Hagamos aquello que nos conviene y aprendamos a escuchar a nuestra conciencia.

El ser más poderoso del mundo

Cuenta la historia de un poderoso mago que al  ver volar a un búho con un ratoncito en su pico, decidió tomar al ratón y transformarla en una hermosa princesa, la cual, por supuesto, tenía una misión: Conseguir esposo.

La joven, ambiciosa y sedienta de poder le pidió al poderoso mago que ofreciera su mano, y este, así lo hizo. Empezaron con el sol, luego, con la nube, después, el viento, pero todos estos respondían lo mismo “hay uno más poderoso que yo”.

Para sorpresa de la ahora joven y el mago, el ser más poderoso era “el ratoncito de la montaña”, ¿cómo era esto posible? Bueno, resulta que no había vientos, sol, tormentas o circunstancia a la que el pequeño ratoncito no pudiese sobrepasar.

De esta fábula podemos extraer dos mensajes, el primero, que somos lo que somos porque así debe ser y aunque no lo percibamos somos poderosos de esa manera. El segundo, que no importa quien deseemos ser o cuan poderosos anhelemos, nuestra esencia, siempre permanecerá intacta.

Doctrina del Budismo

La doctrina del budismo tolera las nuevas ideas, con tal que se estimule la búsqueda de espíritu. Al contrario del catolicismo, que reprime todo intento de independencia que no provenga de su institución.

Ambas, seducen a Reyes, ambas, son acogidas, los rasgos generales de su evolución hacen pensar en un mismo origen, pero si miramos con detalles sus estructuras, veremos grandes diferencias.

El Budismo no se genera en un único “libro sagrado”, ofrece decenas de libros consideradas “sagradas”, y sin aquella que haya sobresalido en demasía. Lo mismo ocurre con los hombres “santos”.

El primer Santo Gautama es considerado uno entre muchos “santos”, sin ninguna preferencia o favoritismo.  Algunas obras están dedicadas especialmente a la disciplina, otras, a los ejercicios de meditación y concentración, otras más, a la esquematización psicológica, a las palabras pronunciadas por Buda, al trance, al vacío, a las prácticas mágicas, a la moral y a la ética, a la cosmogonía.

Hay tal riqueza de obras budistas que pecan de extenso, transformando a la doctrina del Budismo en un laberinto, más sin embargo, ofrecen tal variedad de conceptos, que si comparamos con las escrituras cristianas los budistas veríamos a un niño junto a un maestro.

Las distintas obras budistas  poseen un orden cronológico, lo cual sugiere una especie de “camino” de mil quinientos (1500) años. Un camino por etapas de un gran río que reciben diversas fuentes y que se va ensanchando, haciendo quizás, más difícil cruzar a la otra orilla.

La ortodoxia doctrinaria intercedió a la liberación de las costumbres que fundaron el budismo. El arroyo, el albeo es llamado hoy en día “Hinayana”: palabra sánscrita que significa “vehículo menor”.

Los afluentes ensanchados fueron agrupados con el nombre de Mahāyāna: palabra sánscrita que significa “vehículo mayor” y representa una de las ramas del budismo.

Esencialmente, podemos decir que la verdad más cercana que tenemos es el sufrimiento. El dukkha del sufrimiento o dukkha dukkhata es lo que todos podemos considerar como sufrimiento, es decir, un dolor de cabeza, de muela, atravesamos un dolor grande en nuestra vida, entre otros.

También, tenemos el sufrimiento del cambio, que es cuando nos apegamos a alguien o algo, pero aun así, lo perdemos. Y finalmente, tenemos el sufrimiento que todo lo impregna, o sufrimiento abarcador, que se refiere a esa incomodidad que está allí siempre, sin embargo, es muy sutil, por lo que continuamente lo evadimos.

Entonces, reconozco mi carencia y me empeño entonces en “conseguirla” y con esto me distraigo, y mientras estoy distraído, no experimento ese sufrimiento.

Esto se convierte entonces en un círculo vicioso que no acaba jamás, en donde, reconozco, me distraigo, no sufro y vuelvo a sentir ese vacío, esa carencia y vuelvo a empezar desde cero.

Pudiésemos decir entonces que la segunda noble verdad es el krishna y todas sus formas, es la causa de la primera, por tanto, es la ignorancia de nuestra verdadera condición y podemos encontrarlo también en estados meditativos profundos, y solo se disuelve en estados de contemplación en el más allá.

Entonces, un tercer tipo, es el percibir en términos de concepto y sentir que cada cosa es lo que es realmente, ejemplo, tú eres tú, yo soy yo entre otros. Esto nos hace experimentar y entender nos encontramos ante el sufrimiento, del sufrimiento, del sufrimiento del cambio.

Es decir, cuando yo rechazo un objeto, estoy rechazando entonces toda mi experiencia, y si rechazamos una situación física, la experimentamos entonces como “dolor”. Es por ello, que en muchas ocasiones, experimentamos una especie de montaña rusa emocional, y pasamos del “estoy bien” al estoy mal, del placer al dolor, y así sucesivamente.

Podemos definir un cuarto tipo, por darle algún sentido de “clasificación”, en el que sentimos que hemos estado viviendo a lo largo de nuestra vida de manera equivocada, empezamos a buscar entonces una nueva manera y sentimos que esta nueva manea es la verdadera manera de “conectar con la realidad”.

La tercera verdad en entonces el Nirvana, que de cierta manera es la sensación de “sufrimiento”, pero también, la sensación de toda actividad mental. Sin embargo, en la Mahāyāna se considera a la tercera verdad como el despertar, que es ese estado más allá de toda sensación de separatividad y mundos externos.

Con todo esto no solo estamos explicando un poco ¿qué es la budeidad? Y también, ¿qué es el buda? No solo como buda histórico, sino como el “estado de buda”, es decir, “todos “podemos alcanzarlo”.

Existen libros búdicos que explican que todos tenemos una budeidad, más no somos conscientes de ello. Nuestra budeidad siempre está allí, es como el sol, solo que tapado por las nubes, y por ello, no la percibimos.

Hay otro ejemplo, que es un poco contrario a este y que nos indica que nuestra budeidad es total, es más bien como una semilla, que requiere de riego y cuidados para entonces poder surgir. Quizás, esto tenga un poco más de sentido para algunos, pero el budismo tiene múltiples caminos para llegar a el y todos poseen su verdad y razón de ser.

Entonces ¿cómo podemos explicar de manera simple el “estado de buda”? Podemos verla como la carencia total de la primera y la segunda verdad, es decir, si no hay cusa no hay efecto, y si no hay efecto, entonces no experimentamos el “sufrimiento”, mucho menos, el sufrimiento, del sufrimiento, por lo que tampoco existe un estado de auto interferencia (auto saboteo).

En resumidas cuentas, las cuatro doctrinas por las que se rige el budismo son:

  1. La vida está llena de sufrimiento.
  2. La causa del sufrimiento es el deseo.
  3. Extinguir el deseo hace cesar el sufrimiento.
  4. Para extinguir el deseo y su consiguiente sufrimiento, hay que seguir el Óctuple Camino, ¿qué significa esto? Visión, vida, aspiraciones, esfuerzo, conciencia, conducta y concentración “correctos”.

El ser humano ha desarrollado un proyecto de dominio de la naturaleza, en donde no parecemos ser del todo conscientes que nos estamos destruyendo a nosotros mismos, pero ¿por qué ocurre esto? Porque nos sentimos intrínsecamente separados de la naturaleza y de los demás seres humanos.

Es casi como si nos viésemos opuestos a otros seres humanos, por lo que sentimos la necesidad de dominarlos para adaptarlos a nosotros y aprovecharlos como un recurso para el beneficio propio.

Tenemos también, una conciencia fragmentaria, en donde de acuerdo a nuestras propias creencias percibiremos de manera distinta el ecosistema, del cual, irónicamente, también somos parte.

Al mismo tiempo, todo este caos, es lo que nos haría caer en conciencia y querer recuperar todo aquello que una vez destruimos. Quizás, suena un poco extraño, pero este es el grado de psicosis en el que nos encontramos actualmente.

El samsara o ciclo de reencarnaciones, incluye seis tipos de existencia, entre ellas podemos mencionar: en el infierno, como animal, como espíritu torturado, como asura o espíritu maligno y como humano o como deva o dios benigno.

Es importante destacar que ser un dios no implica una mejora de la situación, ni nos libraríamos de toda esta psicosis, pues estaríamos más limitados al desconocer ¿cómo ser seres humanos? Y esto supondría un reto más grande.

Cuando como seres humanos decidimos emprender el camino del budismo, nuestro objetivo es alcanzar en esta o en la otra vida la anhelada “iluminación”, y por supuesto, la certeza de las cuatro verdades mencionadas anteriormente, por lo que al abandonar este plano físico alcanzamos la extinción o el nirvana, y superamos el deseo y el sufrimiento experimentado en la misma.

Otra manera de ver el Óctuple Camino  es apartar todos los estímulos que activen nuestras pasiones, ¿por qué? Porque nuestras pasiones generan problemas, sufrimiento, e incluso, nos hace caer en actos que pueden generar malos karmas.

Alejarnos de estos estímulos, también puede darnos esa paz mental, que en momentos dados podemos aplicar prácticas que nos permitan descubrir nuestra verdadera condición, pero, lamentablemente no es la vía más directa, porque si nos dicen “no pienses en un mono”, ¿en qué voy a pensar? ¡En el mono! Esa es nuestra naturaleza humana.

Buddhas y bodhisattvas

Esta historia comienza con Siddharta Gautama (558-478 a.c.). y una profecía que anunciaba que un recién nacido sería el emperador de todo el universo, por ello, un rey decidió rodear a su hijo de cuanto lujo y comodidad existiese en el mundo, sin embargo, uno día, este sintió curiosidad por conocer el mudo y no hubo nadie que pudiese hacerle cambiar de parecer.

Su padre, el rey, ordenó entonces que toda muestra de dolor o sufrimiento fuese eliminada, pero esto no pudo impedir, que su hijo viese con sus propios ojos la vejez marcada en un anciano, o personas sufriendo a causa de una enfermedad, o un día, se topase con un cadáver.

Su visión cambió radicalmente cuando se topó con un asceta que afirmaba que su vida era plena a pesar de que mendigaba por comida. Desde ese día, abandonó a su reino y a su familia y decidió a vivir una vida ascética. Cuando estuvo a punto de morir por no probar alimento alguno, entendió que este tampoco era el camino para alcanzar dicha “felicidad”.

Prácticas

La práctica primordial de la doctrina del budismo es el “camino”. Este camino son una especie de “mandamientos”, los cuales provienen de las exigencias propias del óctuple camino:

  • Visión correcta: Creer, entender y practicar las cuatro nobles verdades.
  • Aspiraciones correctas: No ser avaro, no codiciar y no tener ira.
  • Palabras correctas: No mentir, no hablar en vano, no insultar.
  • Conducta correcta: No matar, no robar, no adulterar (base de la “no violencia”).
  • Vida correcta: No hacer nada pusilánime o vergonzoso.
  • Esfuerzo correcto: Consagrarse enteramente a los fines adecuados.
  • Conciencia correcta: Alcanzar la tranquilidad; y la paz mental.
  • Concentración correcta: Obtener la sabiduría.

Estos factores no están aislados, por otro lado, por lo que deben desarrollarse de manera simultánea. En realidad, cada uno está relacionado y contribuye con el cultivo de los demás.

El objetivo o la intención de estos principios es desarrollar cada uno de ellos hasta obtener la perfección total de los tres principios capitales que profesan el adiestramiento y disciplina budistas: La sabiduría (pa” la), la conducta ética (sila) y la disciplina mental (samadhi).

La Sabiduría implica una compresión y pensamientos rectos o correctos, es decir, la Comprensión de las cuatro Nobles Verdades, de la causalidad y de la impermanencia. Por otra parte, el pensamiento recto implica pensar desde el desapego y de manera amorosa.

También, es renunciamiento y no violencia, por supuesto, con sabiduría. Evitar en todo momento pensamientos de malevolencia, apegos de todo tipo, violencia u odio, como una manera de evitar la “ignorancia”.

La Conducta correcta y ética implica entonces, la utilización de palabras correctas, pero también la aplicación de estas mediante rectos medios de vida.

La conducta ética (sila) está basada en la amplia concepción del amor universal y la compasión hacia todos los seres vivientes. Estos son fundamentales en la enseñanza de Buda.

La Recta Palabra ¿a qué se refiere? Abstenerse de hablar negligentemente, blasfemar, calumniar o difamar para dañar a otros. Es más bien, cultivar y emplear palabras amistosas, dulces, significativas, útiles, agradables, que generen bien a los demás.

Una recta aspiración acción es profesar y practicar constantemente conductas morales, honorables y pacíficas y no desde la ira, el descontrol o la deshonestidad. Implica también no robar, matar o mantener relaciones sexuales ilegítimas.

Los Rectos Medios de vida como sus palabras lo indican es ganarnos la vida de manera honrada e irreprochable, evitando cualquier profesión u oficio que pudiese dañar a otros seres vivientes.

La disciplina mental se refiere principalmente a una recta concentración, atención y esfuerzo en todo lo que hacemos.

Recto Esfuerzo, ¿qué implica? Principalmente, cuatro esfuerzos:

  1. Disuadir que los pensamientos malos nos perturben o se apoderen de nosotros.
  2. En caso de tener pensamientos “malos” en nuestra mente abandonarlos inmediatamente, de esta manera les quitaremos su poder.
  3. Cultivar los pensamientos “buenos” o positivos.
  4. Tratar en la medida de lo posible mantener estos pensamientos “buenos” en nuestra mente, hasta convertirlos casi en un hábito. Y claro, cultivar con especial atención el Dhamma  o enseñanzas.

La atención recta implica cuatro estados de atención mental:

  1. Prestar  la debida atención que nuestro cuerpo requiere, es nuestro templo y debemos cuidarlo.
  2. Prestar especial atención a nuestras sensaciones y emociones. Aprender a reconocerlas.
  3. Meditar acerca de ¿cuáles actividades genera nuestra mente? Y no tomarlo a la ligera.
  4. Prestar atención importante a nuestras ideas, creencias, pensamientos, conceptos y cosas, ¿cuáles son? ¿qué me ha llevado a creer de esta manera? (dhamma).

La Recta Concentración es esa disciplina que nos conducirá a las cuatro etapas de dhyana, o absorción. En la primera etapa, abandonamos nuestros pensamientos y deseos nacidos de la pasión o considerados “impuros”.

En la segunda etapa, una vez que están desaparecidas las distintas actividades mentales, podemos desarrollar paz y tranquilidad mental, una “fijación unificadora de la mente”.

En la tercera etapa, nace la ecuanimidad consciente y en la cuarta etapa podemos sentir como desaparecen y se desvanecen desaparecen todas esas sensaciones negativas todas esas emociones que nos generan pesar, malestar, desdicha, y nos permite permanecer en un estado de lucidez mental.

Este Noble Óctuple Sendero puede ser seguido, practicado y desarrollado por cada individuo. Es disciplina corporal, verbal y mental. Se trata de un Sendero que conduce a la aprehensión de la Realidad última, al logro de la liberación, de la felicidad y la paz, mediante el autodesarrollo moral, espiritual e intelectual.

Rituales comunes en el budismo son muy pocos, los que destacan como “más importantes” podemos mencionar:

  1. La entrada en la Hermandad
  2. Los festejos en conmemoración del nacimiento (8 de abril) y de la iluminación (8 de diciembre) de Sakyamuni (Budha).
  3. Las dos semanas de Higan (una celebrada en primavera y la otra en otoño) en la que la Hermandad persevera en el desarrollo de dicha disciplina.

Al aceptar la existencia de dioses (pero sin que sea lo más importante), el budismo en cada región toma como suyos algunos rituales o mitos dados en el pasado, y los adapta a su doctrina.

Para conservar los restos de Sakyamuni, se construyeron en distintos lugares de la India las “estupas”, ósea, templos circulares sin ninguna forma humana (o al menos originalmente era así) y representaban a Buddha como un árbol de tilo, una rueda de ocho rayos o una llama, y este era el “camino”. En la actualidad, muchos templo poseen hasta más de mil “ídolos”.

Algunas de las prácticas que se realizan en estos templos son: la meditación u oraciones diarias, veneración de imágenes, cantos, quema de inciensos, y mantras.

Los monjes de los distintos templos, complementaron estas prácticas con actividades como: artes marciales, yoga, meditación con sonidos, jardinería, mándalas, celibato, estudios, pintura, aislamiento, entre otros.

 ¿Quién fue Buda?

Su verdadero nombre fue Sidrarta Gautama, asceta y sabio. Fundador de lo que hoy conocemos como doctrina del Budismo.

No existe ningún escrito formal que de fecha exacta de su nacimiento, sin embargo, expertos suponen que fue alrededor del año 600-400 a.c. en Lumbitu, antes, esto era conocido como “India”, ahora, sería una región de Nepal.

Fue hijo de reyes, por lo que su vida fue muy ostentosa, opulenta y aristocrática, y estuvo apartado siempre del mundo real, y estuvo rodeado de lujos. De hecho, se casó bastante joven con una princesa, con la cual, tuvo un hijo.

No conocía la enfermedad, el sufrimiento o la vejez, pues vivía en un mundo de fantasía. Sin embargo, un  buen día conoció a un asceta que marcó un antes y un después en su vida, pues tenía una vida de paz y de calma y le pareció curioso como alguien podría lograr esta vida de “no sufrimiento”.

Viviendo lo que pudiese ser su primera experiencia real, decide abandonar su vida opulenta, su familia y su reinado y se dedicó aprender de todo tipo de “maestros” y conseguir entonces su verdad.

Se mantuvo entonces durante años aprendiendo y meditando, hasta que un día decidió hacer un voto con el único propósito de meditar hasta alcanzar la “verdad” y ¿cuál era la clave de la vida? Se dice, que permaneció en este estado meditativo durante siete semanas y que cuando se levantó había alcanzado ser “iluminado” y conocía el camino para alcanzar esa vida de paz.

Este hecho ocurrió a sus treinta y cinco años y desde entonces se convirtió en Buddha. Él era hinduista, por lo que creía en la reencarnación, y lo que le profesaba era que había que romper con este ciclo de encarnación, ya que es lo que lleva finalmente al ser humano a padecer el dolor por “karmas pasados”.

Decidió dedicar el resto de su vida a enseñar las cuatro nobles, a practicar el paramita y a enseñar el óctuple camino, una serie de pasos para alcanzar la “iluminación”.

Un día, Buddha experimentó una dulce agonía y rodeado de sus más fieles discípulos, alcanzó el nirvana a sus ochenta años, al norte de la India, en Kusinagara. Se dice, que Sakyamuni (como era conocido) tuvo otras seis existencias y en cada una de ellas, logró alcanzar la iluminación.

A lo largo de los años han existido diversidad de Budas con una meta común: no alcanzar el nirvana hasta haber ayudado a otros a lograrlo primero.

Nirvana de Siddhartha

Siddhartha se sometió a diversas etapas de meditación, incluso a prácticas extremas como dejar de comer, pero esto solo logró casi arrebatar su vida. Una vez que entendió que este no era el camino empezó a meditar sin parar y atravesó tres etapas.

En la primera etapa, se hizo consciente de sus existencias anteriores, esto es conocido en el budismo como pubbe nivasanussati ñana.

En la segunda etapa meditativa, adquirió el conocimiento de ver seres morir y renacer nuevamente de acuerdo a la naturaleza de las acciones  que este haya tenido a lo largo de su vida. Esto es lo que se conoce como cutupapata ñana en el budismo.

La tercera y última etapa, quizás, la más dura de ellas, fue aquella en la que purificó su mente (asavakkhaya ñana) y tuvo un entendimiento claro de las Cuatro Nobles Verdades (cattari ariya-saccani) para poder alcanzar esa vida de “no sufrimiento” y felicidad.

Una última prueba a la que se tuvo que enfrentar fue a las tentaciones de Mara (un demonio), librándose de toda pasión que pudiese generar sufrimiento o acciones de las cual pudiese arrepentirse.

Finalmente, alcanzó el estado de no retorno o nirvana, descansando entonces por toda la eternidad y rompiendo con la cadena de reencarnación; El momento de su despertar, fue el punto inicial que dio origen a lo que hoy conocemos como doctrina del budismo.

Fundamentos budistas

Los fundamentos de Buda es la razón por la cual destaca como maestro espiritual, es que dejó como legado una serie de fundamentos contenidos y extraídos del óctuple camino, los cuales, permiten a cualquier persona que los siga el alcanzar ese estado de iluminación, disfrutar de una vida de no sufrimiento y una paz que va más allá de la muerte (nirvana).

Conceptos del Budismo

Estos “conceptos” podemos explicarlos de manera simple al dividirlos entre: las tres características de la existencia, el karma ¿cuál es su causa y efecto? ¿cuál es la funcionalidad del karma? El renacimiento, el nirvana y las cuatro verdades, que ya hemos mencionado anteriormente.

Las Tres Características de la Existencia (Tri-Laksana)

Su traducción del sánscrito pudiese significar: las tres marcas, como los tres sellos, o también, las tres realidades, cualquiera es válida. Esta enseñanza es fundamental en el budismo, pues explica ¿cómo es percibido el mundo? ¿cuáles son esas características universales?

Podemos resumirlo en tres características:

  • Anitya: Hace referencia a la impermanencia, la transitoriedad o el cambio.
  • Anātman: Hace referencia a la insustancialidad y rechaza el ego de manera permanente.
  • Duḥkha: Hace referencia al sufrimiento, a esas sensaciones que nos generan descontento o gran insatisfacción. Un poco lo que hablan también las cuatro verdades.

Karma: causa y efecto

En sánscrito podemos traducirlo como “Causalidad”. Pero también como: una acción intencional y premeditada. Semilla. La ley de causa y efecto. Condicionamiento.

Según el budismo, toda acción intencionada  genera karma, y a su vez, crea uno o múltiples efectos o consecuencias que aparecen cuando ciertas circunstancias son “atraídas”, por decirlo de alguna manera. Estas “consecuencias” son llamadas “maduración” (vipaka) o fruto (phala).

El karma aplicado a la doctrina del budismo hace referencia a cualquier acción bien sea de habla, pensamiento o proveniente del mismo cuerpo. Por lo que, al igual que ocurre con un acto reflejo, aunque estos puedan ser neutrales kármicamente hablando, genera un karma, incluso, cuando estos no sean generados de manera consciente.

Quizás, has escuchado hablar del “buen karma” y del “mal karma”, pero ¿cómo se diferencian? Sencillo, en base a la raíz o intenciones de nuestras acciones.

En el Kukkuravatika Sutta, el gran maestro Buda clasifica el karma en cuatro distintos grupos:

  1. Oscuro con resultado oscuro.
  2. Brillante con resultado brillante.
  3. Oscuro y brillante con un resultado oscuro y brillante.
  4. Ni oscuro ni brillante con un resultado ni oscuro ni brillante.

Pero ¿qué significa todo esto de oscuro o brillante? Bien. La oscuridad o el mal (como quieras verlo), no puede generar luz o brillo ¿o sí? Veámoslo con un ejemplo: una vida colmada de pensamientos negativos no puede llevarnos a alcanzar una vida plena y feliz.

Sin embargo, el karma no necesariamente debe ser positivo o negativo del todo, este puede estar mezclado, ya que pudimos haber tenido acciones o intenciones buenas y otras no tan buenas, ¿se entiende?

El karma en la doctrina del budismo explica un poco por qué algunas personas viven una vida larga de riquezas, belleza y dicha y otras viven una vida de carencias, necesidades y desdichas.

El Cula-kammavibhanga Sutta,​ Buda explica que nada de esto es casualidad, sino consecuencias del karma.

Entonces ¿qué es el karma? Digamos que es una especie de ley que nos juzga así hayamos cometido acciones “buenas” o “malas” de manera consciente o inconsciente.

En el texto Mahakammavibhanga Sutta, Buda nos explica de manera extensa, ¿cuáles son los cuatro tipos de personas que podemos distinguir según su karma? y ¿cuáles son sus destinos predecibles en base a su karma?

  1. Quien hace el mal y va a un infierno, estado de degeneración o un renacimiento inferior.
  2. Quien hace el mal y va a un cielo, estado feliz o renacimiento superior.
  3. Quien hace el bien y va a un cielo, estado feliz o renacimiento superior.
  4. Quien hace el bien y va a un infierno, estado de degeneración o un renacimiento inferior.

Con esto, podemos notar como el “cielo” o el “infierno” están expresados no como algo que experimentaremos luego de la muerte, sino más bien, como ciclos de felicidad o luminosos o de oscuridad y gran desdicha e infelicidad durante nuestra vida como consecuencia de esas acciones previas generadas a partir de pensamientos o intenciones conscientes o inconscientes.

Entonces, podemos ver el karma como un reflejo de la realidad, y aunque no siempre la veamos como “justas”, acciones buenas o malas no necesariamente generarán el efecto que buscamos.

Por ejemplo, si damos pan a un hombre hambriento pero con la intención de ser reconocidos o vistos como “bondadosos” entonces nuestra acción aunque en apariencia es buena resulta siendo turbia.

Es importante aclarar y destacar, que la doctrina de karma budista no tiene nada que ver con el destino o que ya todo está escrito, ya que existe una voluntad, por tanto, no es posible anticipar lo que ocurrirá, como se desarrollará o de qué manera seremos juzgados por el karma.

Las distintas prácticas budistas nos permiten observarnos de una manera más pausada y consciente. Es si se quiere una manera de poder prevenir de cierta forma conductas que nos generen mal karma y distanciarnos de tendencias maliciosas.

El karma no debe ser visto como un castigo. Si no vemos de esta manera a nuestro ADN ¿por qué verlo entonces de esta manera con el karma? Es más bien una especie de aprendizaje, un recordatorio de que esta vez debemos hacer las cosas mejor y lograr romper con la cadena de reencarnaciones.

El Karma, de hecho, es uno de los cinco tipos de condicionalidad o procesos lógicos del Universo, también conocidos como niyamas:

  1. Inorgánica.
  2. Orgánica.
  3. Psicológica.
  4. Moral.
  5. Trascendental.

Estos tipos de condicionalidad o procesos del universo son totalmente impersonales, es decir,  no existe ningún tipo de intervención divina en ellos.

Algunos tipos de condicionalidad son inmutables, esto quiere decir, que ni siquiera un Buda puede escapar de ser afectado al menos una vez por ello, una vez que este haya nacido y posea un cuerpo.

Funcionamiento del karma

El rol del karma es básicamente la consecuencia de nuestras acciones expresadas bajo una consecuencia. Este karma, por supuesto, es netamente individual. Entonces, podríamos resumirlo de la siguiente manera:

  1. Samskara o predisposición.
  2. Karma o acto.
  3. Vipakao fruto; ósea, el resultado de nuestras acciones, transformadas ahora en “experiencia”, la cual, nos lleva a una nueva disposición o Samskara, y el ciclo se repite.

El funcionamiento del karma es un tema muy extenso y complejo, por lo que veámoslo simple: disposición, acto y consecuencia. No siempre se manifiesta inmediatamente y no debemos verlo como “castigo”.

Surgimiento condicionado (pratītya-samutpāda)

El surgimiento condicionado está detallado perfectamente en el Maha-nidana Sutta o “Discurso de las causas”, el cual, nos permite comprender ¿cómo es que quedamos aferrados a este círculo de sufrimiento eterno?

Por supuesto, este proceso implica tanto nuestras acciones pasadas como nuestras acciones actuales. Esta originación dependiente incluye 12 eslabones:

  1. Avidyā: ignorancia.
  2. Samskāra: formaciones mentales.
  3. Vijñāna: consciencia.
  4. Nāma Rūpa: nombre y forma (pre-materialidad).
  5. ŞaDāyatana: sensorialidad (órganos sensoriales).
  6. Sparsha: contacto.
  7. Vedanā: sensación.
  8. Tŗşņa: deseo, querer.
  9. ‘‘Upādāna’’: aferramiento.
  10. Bhava: devenir.
  11. Jāti: nacimiento.
  12. Jarā-maraņa: decaimiento, vejez, muerte.

Cada una de estas, empezando con la ignorancia lleva a la siguiente y así sucesivamente, hasta alcanzar nuestra muerte, por lo que podemos decir que mientras la ignorancia no sea erradicada, el círculo se repetirá una y otra vez, y la única manera de romper con esta cadena es alcanzando el nirvana.

Renacimiento

En la doctrina del budismo no se habla de “reencarnación” sino de “renacimiento”, esto se debe a que afirman que un alma no puede transmigrar de un cuerpo a otro.

Para entender mejor este concepto es importante entender primero ¿qué es Anātman? Es un término sánscrito que puede traducirse como “Ausencia o insustancialidad de un alma” o “Carencia de un ego (yo) perdurable o carencia de una existencia intrínseca”.

Entonces, podemos decir que el renacimiento budista, es más bien un proceso o manifestación del karma acumulado a través de acciones como seres conscientes, más no surge ni se relaciona con el alma o el espíritu eterno. Estas acciones, nos traerán una serie de consecuencias bien sea en esta vida o en la próxima.

El renacimiento no es visto como “deseable” para la doctrina del budismo, tampoco, significa un destino marcado; el camino budista es visto entonces como la ruta para que podamos liberarnos de esa serie de circunstancias, causas o efectos que generamos a través de nuestras acciones.

Evidentemente, cada uno de nosotros debe experimentar y enfrentar diversas situaciones, el tema es ¿cómo las afrontamos? ¿desde el amor y lo percibimos como aprendizaje? ¿O desde la malicia y lo percibimos como castigo?

La meditación es para el budismo una práctica fundamental, ya que con ella, el budista, aprende y comprende que no solo es dueño de sus pensamientos, sino también,  responsable de los mismos, y cae en cuenta, de lo importante que es aprender a controlar nuestros pensamientos, a su vez, gestionar las emociones, y a su vez, esto se traduce en acciones más consientes.

El vivir desde el apego o el desapego es fundamental para obtener o alcanzar más ese estado de paz mental, una mejor percepción de sí mismo y del mundo en general.

Nirvāņa: El Despertar, La Iluminación

El maestro Buda afirma que a través de la práctica budista es totalmente posible lograr romper de manera definitiva ese círculo de dependencia y renacimiento. La meta es, por tanto, lograr el despertar del Samsāra para poder experimentar la inmensidad y naturaleza verdadera de la existencia y la vida.

El Nirvāņa es descrito esencialmente por lo que no es: no-nacido, no-creado, no-originado  no-compuesto y no debe confundirse con aniquilación, aislamiento del individuo o un nihilismo (rechazo de cualquier principio de carácter religioso o moral, dicho de otra manera, es la creencia de que la vida no tiene sentido).

Las ramas del Budismo

En la actualidad, existen diversas “ramas” que profesan la doctrina del budismo, sin embargo, todas provienen de una misma fuente: el mismísimo Buda.

Los dharmas plasmados en los textos sagrados o Sutras,  representan la esencia de las diversas vertientes en la tradición budista, las cuales, están divididas en tres grandes ramas:

Terevada

Representada como la escuela budista más antigua, cuyas enseñanzas y doctrinas podemos notar una fuerte presencia en países como: Camboya, Tailandia, o Sri Lanka.

Involucran a sus practicantes en programas tanto ambientales como sociales y les enseñan sobre meditación consciente a través de la respiración y sensaciones corpóreas que les permitan liberarse de todo egoísmo o infelicidad. También, enseñan sobre la dulzura del amor y la compasión.

Mahayana

Es una rama que posee dos particularidades. La primera, dan libertad absoluta a sus estudiantes para cuestionar y comprobar por sí mismos teorías ofrecidas en el pasado. La segunda, es que posee dos vertientes: Tierra pura y zen.

Su dogma (creencia irrefutable) está basado en los Sutras de la Perfección de la Sabiduría y del Loto. Su práctica es más fuerte en países como Japón, Corea, Taiwán, China, el Tibet.

Vajrayana o Tántrico

Es, si se quiere una extensión del Mahayana, la diferencia, es que esta incorpora técnicas esotéricas.

Trabaja desde la consecuencia y la transcendencia, para finalmente llegar al entendimiento y expresar el gran potencial (ilimitado) de nuestra mente. Sus enseñanzas están basadas en el Gran Sello, conocidas como las sabidurías más altas que ofreció Buda.

Sus meditaciones tienen la finalidad de asimilar la maldad generada en nuestra mente y transformarla como “pensamientos positivos” de naturaleza propia.

Principios del Budismo

En el sermón de Benarés, el iluminado maestro Buda dejó instrucciones claras pero fundamentales sobre el principio del Budismo, estas son: Las Nobles Verdades y el noble camino óctuple, mencionadas y explicadas anteriormente.

Los propósitos que buscan los practicantes budistas son: la y perfeccionamiento de la disciplina y la ética mental, la conducta y la sabiduría.

Textos budistas

El budismo como todas las religiones indias, fue una tradición oral. Las palabras del Buda, sus doctrinas, conceptos, y hasta las interpretaciones de cada una de estas fueron comunicadas de generación en generación y de boca en boca en los distintos monasterios y no mediante textos escritos como ocurrió con el cristianismo o el Islam.

De hecho, los primeros textos budistas descubiertos, fueron escritos en Sri Lanka, aproximadamente unos 400 años después del fallecimiento de Buda.

La mayoría de sus practicantes coinciden en que la cantidad de textos ofrecidos por el budismo es bastante extensa, y no son sometidas a una única línea de pensamiento o camino.

También, se da libertad en algunas ramas para cuestionar y comprobar por sí mismos muchas de estas teorías o creencias, cosa que sería impensable para el cristianismo, por ejemplo.

Existen más de más de 40,000 manuscritos descubiertos por el año 1900 en la cueva de Dunhuang (China). En su mayoría estos son textos budistas, sin embargo, otros no lo son; En el budismo Theravada, la colección estándar de textos sagrados es el Canon Pali.

El Pāli Tipitaka, cuya traducción puede ser: “tres cestas” y hace referencia al Vinaya Pitaka, el Sutta Pitaka y el Abhidhamma Pitaka. Estos representan las obras canónicas completas más antiguas en una lengua antigua del budismo.

El Vinaya Pitaka contiene pautas rigurosas para los monasterios budistas.Por otro lado, el Sutta Pitaka contiene palabras que han sido atribuidas al maestro Buda.

Y el Abhidhamma Pitaka incluye tanto exposiciones como comentarios sobre el Sutta, y estos, varían entre las escuelas budistas, ya que cada una la ha adaptado a su doctrina, creencias y prácticas.

Críticas al budismo

Luego de haber leído y entendido todas las ventajas y libertades que algunas ramas del budismo ofrecen, probablemente se pregunten ¿qué críticas puede tener?

El budismo, al igual que cualquier otra religión no ha sido la excepción para que sus practicantes sean criticados o perseguidos. Además de la imposición a la fuerza como religión por parte de algunos personajes de la historia.

La mayoría de las críticas hacia el budismo provienen de agnósticos, personas que no comparten o comprenden sus creencias, escépticos, anti religiosos, en fin, personas que no comparten sus ideales o que afirman que estos nunca existieron y no son más que un invento del hombre.

La realidad, es que sea esta o cualquiera otra religión que se practique (o no), todos tenemos libertad de creer o no en lo que deseamos. El objetivo de cualquier religión será el amor y el ingrediente que no puede faltar la fe.

Algo muy positivo que podemos destacar de la doctrina del budismo es que nos muestra que todos somos seres humanos, y como tales, debemos aprender a ser respetuosos y tolerantes con otros.

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