Oraciones para Después de Comulgar, y Acción de Gracia

La fe del pueblo católico se hace aún más ferviente en cuanto a oraciones para después de comulgar, y acción de gracia, muchas son las que se rezan luego de este acto sagrado celebrado en la Iglesia católica posterior a la celebración Eucarística.

oraciones después de comulgar

Acto de Fe

Las oraciones después de la comunión antes al término de la eucaristía o misa de las Iglesias (católica), es el acto más ferviente de los feligreses que asisten a tales celebraciones religiosas. Algunas de ellas se rezan todo el tiempo, sin embargo el lector aprenderá sobre ello un poco más, entre algunas de ellas están:

Acto de Adoración

¡Oh Dios mío!, te adoro presente dentro de mí, y me uno a María Santísima, a los Ángeles y a los Santos para adorarte como mereces.

Acto de Acción de Gracias

Te doy gracias, Padre Amado, de todo corazón, porque has venido a mi alma. Virgen Santísima, Ángel de mi guarda, Ángeles y Santos del Cielo, den las gracias por mi a Dios. 

Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, reconfórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén

A Jesús Crucificado

Mírame, ¡oh mi querido y amado Jesús!, de rodillas ante tu presencia: ruego a ti con el más grande fervor, escribas en mi corazón verdaderos sentimientos de fe, caridad, amor, esperanza, verdadero dolor de mis pecados y el más firme propósito de no ofenderte; mientras que yo, con el más grande afecto y compasión de que soy capaz de sentir, voy considerando y mirando tus cinco llagas, teniendo claro lo que de Ti, oh buen Jesús, decía el profeta David: “Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos.” (Salmo 21, 17-18).

oraciones después de comulgar

A nuestro amado Jesucristo

Dulce Jesucristo, ruego que tu Pasión sea la fuerza que me ayude a ser fuerte, proteja y defienda; ruego que tus llagas sean alimento y bebida que me nutra, calme mi sed y me reconforte; que la aspersión de tu sangre limpie todos mis delitos; que tu muerte me conceda vida eterna y la cruz sea mi gloria por siempre. Que en esto encuentre la comida, alegría, salud y dulzura de mi corazón. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

A María Santísima Virgen y Madre Nuestra

Oh María, Virgen y Madre Santísima, he recibido a tu Hijo amado, que llevastes en tus benditas entrañas, criándolo y alimentándolo con tu pecho, y abrazandolo con tanto amor en tus brazos. Al mismo que te contentaba mirar y llenar de gozo, con amor y humildad te lo presento, te lo ofrezco, para que tu lo abraces, lo ames con tu corazón y lo entregues a la Santísima Trinidad en culto supremo de adoración, por honor y gloria, por mis necesidades y por las de todo el mundo.

Te pido piadosa Madre mía, que me consigas el perdón de mis pecados, la gracia abundante para servirte, desde ahora, y siempre, con la mayor fidelidad; y la gracia de perseverar hasta el final para que pueda alabarle contigo por los siglos de los siglos. Amén.

A San José

Protector amado y padre de vírgenes, San José, a cuya fiel protección fueron dadas la misma inocencia, Cristo Jesús, y la Virgen de las vírgenes, María. Por estas dos preciadas prendas, Jesús y María, ruego y suplico me alcancen y sea protegido de toda impureza, sirva siempre con alma purificada, corazón puro y cuerpo sagrado a Jesús y a María. Amén.

Oraciones para antes de la comunión

Ven Oh Jesús

Padre mío Jesucristo

Gracias Señor, por la Eucaristía

Breves referencias sobre la oración del Alma de Cristo

En el texto de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola sobre la oración del Alma de Cristo, refiere que es una oración de vieja data de la época medieval que aparece en varios códices durante el siglo XIV, a lo cual le tenía mucha devoción.

Pasión de Cristo, confórtame…

San Ignacio de Loyola siempre encontraba refugio en la Pasión de Cristo  y en su oración, la cual repetía con piedad en la etapa tan dura que le tocó vivir como era el cáncer.

Mirame, ¡Oh mi amado y buen Jesús!,

De rodillas ante vuestra divina presencia

Te ruego y suplico,

Con el más grande fervor que siento,

Te dignes grabar en mi corazón

Verdaderos sentimientos de fe, caridad y esperanza

Voluntad y dolor de mis pecados

Que tenga de verdad propósito de jamás ofenderos

mientras yo,

Con el dolor y la compasión que siento 

Vaya reflexionando por vuestras cinco llagas,

Teniendo en cuenta aquello dijo de ti,

El santo profeta David:

«Han taladrado mis manos y mis pies

y se pueden contar todos mis huesos»

Con esta oración puede lograrse la indulgencia siempre que sea dicha delante de un Crucifijo luego del momento de la comunión. Si es del gusto del practicante puede besar el Crucifijo.

San Ignacio de Loyola fue un gran hombre, notario de profesión, eminente jurista, el cual entregó su alma a Dios, dando ejemplo de piedad, amor, entrega a todo su alrededor, así como siempre trató de transmitirle a sus nueve hijos su devoción y amor por el Crucifijo.

Toma, Amado  Jesús, y recibe mi libertad,

mi memoria, voluntad, entendimiento,

todo lo que poseo y tengo

Tú me lo distes, Señor, a tí lo devuelvo. Es tuyo.

Decide, Señor, según sea tú voluntad

Dame tu amor junto con tu gracia

Y seré bastante rico

No deseo más nada.

Con esta oración culminan los ejercicios espirituales u oraciones de San Ignacio de Loyola. Es una buena costumbre la repetición de estas oraciones en el momento de la Misa, y luego de la comunión, así como alcanzar con ella la indulgencia y ofrecerla por las almas del purgatorio, un difunto o por la misma persona.

Oraciones para después de comulgar

Luego del momento de la Comunión, es momento de dar gracias a nuestro Padre Amado Dios por tantas gracias que nos concede, por su misericordia y amor incondicional, algunas de estas oraciones son las que mostramos a continuación.

Quédate señor Conmigo

Esta plegaria fue hecha por el Padre Pío para el momento después de la comunión, tal como mencionábamos anteriormente.

Vienes a visitarme,

como Padre y Amigo.

Jesús, no me dejes solo.

¡Quédate, Señor, conmigo!

Por el mundo dentro de sombras

voy errante peregrino.

Dame la luz y la gracia.

¡Quédate, Señor, conmigo!

En este precioso momento

abrazado estoy contigo.

Que esta unión nunca me falte.

¡Quédate, Señor, conmigo!

Acompáñame en mi vida.

Necesito de tu presencia.

Sin Ti no tengo fuerzas y caigo.

¡Quédate, Señor, conmigo!

Cayendo está la tarde.

Voy deprisa como un río

al hondo mar de la muerte.

¡Quédate, Señor, conmigo!

En la pena y en el gozo

Sé mi apoyo mientras vivo,

hasta que fallezca en tus brazos.

¡Quédate, Señor, conmigo!

Acción de gracias

Te doy gracias, mi Jesús, del favor que me has hecho de venir a mí.

Si al recibir un regalo cualquiera, doy gracias, ¡cuántas más te daré a ti, que me has dado a ti mismo en persona!

Gracias Señor dadas por tan grande beneficio. Puedo decir que soy tuyo, y tú todo mío.

Como respuesta a este beneficio, trataré de tener una vida más santa, pura, agradable a ti. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Salmo del amor a Jesús

Amor

Te amo como te aman los Ángeles y Santos, que contigo están en el Cielo.

Oh Jesús, te amo y deseo que todos los hombres te conozcan y te amen.

Te amo por tantos infieles que no te conocen y tantos impíos que blasfeman.

Te amo por tantos herejes que te niegan y tantos cristianos malos que te ofenden.

Te amo por los condenados en el infierno, que nunca tendrán la dicha de amarte.

Adoración

Te adoro, Jesús, dentro de mi alma, porque tu eres mi Creador y Señor.

Te adoro, como te adoran tus Ángeles del Cielo que están en tu presencia.

Te adoro como te adoran los Ángeles que están alrededor de tus altares.

Te adoro como te adora tu Madre; te adoro dentro de mi corazón.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Oración de la piedad

De rodillas a tus pies, Oh Jesús, te dirijo con todo amor las siguientes súplicas:

Ojos de mi Amado Jesús, Mirenme: Ahora que estas en mí, mira mi alma y sálvame.

Labios de Jesús, háblenme. Dime que debo hacer para ser santificado. 

Oh! pies de Jesús, Siganme: No quiero de ahora en adelante ir a ninguna parte o lugar malo.

Mano de Cristo, Bendiceme: Con tu bendición me es fácil no cometer pecado.

Corazón de Jesús, Amame: Se que tu me amas, no quiero más nada ni deseo más nada.

Brazo de Jesús, Condudeme: Guíame por el camino bueno y apartame del mal.

Llevame a la Gloria: Sí, al Cielo contigo, con la Virgen María, los Ángeles y Santos. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Oración de la confianza

Corazón de Jesús, en ti confío y espero que me concedas las gracias que necesito para imitarte y ser verdaderamente santo.

Por tu Corazón, unido al mío, te pido que no permitas que nunca me aparte de ti por el pecado mortal.

Por tu Corazón, humillado, haz que sea manso y humilde.

Por tu Corazón, tan triste, dame fortaleza para alejar de mí todo lo que me coloque en peligro de ofenderte.

Por tu Corazón obediente, haz que el mio sea obediente a mis padres y superiores.

Por tú Corazón piadoso, concédeme el espíritu de piedad hacia Dios, y que haga perfecctamente mis devociones.

Por tu Corazón tan puro, dame el don de pureza y castidad. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Oración del refugio en Jesús

Alma de Cristo, santifícame. Solicitemos a Jesús que nos haga santos y no pequemos.

Cuerpo de Cristo, sálvame. Tenemos un alma; debemos salvarla de todo pecado.

Sangre del Costado de Cristo, embriágame. Debemos estar llenos de su amor.

Agua del Costado de Cristo, purifícame. Hagamos que nuestra alma sea siempre pura.

Pasión de Cristo, confórtame. Oremos a Jesús para que nos ayude en las tentaciones. 

Oh buen Jesús, óyeme. Jesús escucha nuestras plegarias.

Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que nos separemos de Ti. Esta es la más grande desgracia.

Del maligno enemigo, defiéndeme. Nuestro enemigo es el demonio.

En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Debemos ir a Jesús y estar con él.

Para que con tus Santos te alabe, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración del temor y la esperanza

Oh Jesús, responde a mi oración:

Me da miedo ir al infierno; pero confío en ti.

Temo al pecado; pero se que me darás gracia de no caer en el.

Temo estar delante de ti; pero se que me darás la salvación.

Temo a los escándalos mundanos; pero se que con tu gracia no me engañarán.

Temo las malas compañías; se que tu me ayudarás a separarme de ellas.

Espero, Jesús ir al Cielo. Ayúdame a ir.

Quiero vivir siempre en gracia de Dios.

Quiero presentarme ante ti limpio.

 No quiero dejar que el mundo me engañe.

Quiero alejarme de las malas compañías.

Te veo, Jesús mío, adorado por ángeles, Reyes pastores.

Te admiro en los brazos de tu madre María Santísima y en la casa de Nazaret.

Te veo predicando y haciendo milagros, muerto en la cruz y resucitado.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto

Oración de los propósitos

Acabo de comulgar: acabo de recibirte, Jesús, dentro de mí. Escucha mis propósitos.

¿Me molesto con facilidad? ¿Me mata el orgullo? ¿Tengo un genio malo? Me corregiré.

¿No me porto bien con mis familiares? ¿Disgusto a mis padres? Cambiaré mi actitud.

¿Veo libros indecentes? No lo haré más.

¿Tengo alguna amistad que no me conviene? Me alejaré de ella. Jesús siempre será mi mejor amigo. 

¿No cumplo con mis obligaciones? Cumpliré con ellos por mi amor a Jesús.

¿Hablo con Dios? ¿Dejo de hacer mis oraciones? Rezaré todos los días.

¿Soy aficionado al juego? Jugaré, pero me controlare a su tiempo.

¿Tengo algún defecto que me hayan dicho? Trataré de enmendarme.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

El coloquio con Jesús

JESÚS: ¿Estás feliz de estar dentro de mí?

Joven: No puedo negarlo mi buen Jesús; siento dentro de mi gozo y alegría. 

JESÚS: ¿Te gustaría ser siempre mi amigo?

Joven: Sí, me gustaría mucho.

JESÚS. Todo depende de ti; yo te amo.

Joven: Es cierto; hay algo que me estorba para estar contigo.

JESÚS: Dime, ¿cuál es?

Joven: Las pasiones de mi corazón.

JESÚS: Una de las intenciones de la Comunión es calmar esas pasiones.

Joven: Oh mi buen Jesús, comulgaré con frecuencia y con fervor.

Jesús, guarda mi alma del pecado.

Jesús, infundeme virtud.

Jesús, permite que yo te imite.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Virgen María

El coloquio con María

MARÍA: Recibistes a mi Hijo. Como yo lo tenía en mis brazos, tú lo tienes en el corazón. Dale gracias por su visita.

Joven: Sí, Madre mía quiero darle gracias: ¿cómo lo haré?

MARÍA: Amándolo mucho y tratándolo bien. 

Joven: Es lo que pido a Jesús: que nada me separe de Él.

MARÍA: ¡Me dan pena los jóvenes que lo reciben, pero luego le dan la espalda!

Joven: ¿Eso puede ser? ¿Recibir a Jesús y luego abandonarlo?

MARÍA: Sí, eso hacen comulgan en la mañana, y luego van con malas compañías y malos lugares.

Joven: Pues yo prometo que no he de ser de estos. Ayúdame a cumplirlo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Peticiones

Tú has dicho, Oh Jesús: Pedid y recibiréis. Vengo, pues, a pedirte:

que seas en todas partes conocido, amado, adorado;

que bendigas, sostengas al Papa de Roma, tu representante en la tierra

que aumentes los Sacerdotes, Misioneros que trabajan por la salvación de almas;

que los que están en gracia de Dios no desfallezcan en pecado y que los pecadores te conozcan a ti y no se condenen;

que bendigas, santifique a mis amigos, padres, parientes, hermanos y a mis enemigos,  parientes, para servirte en la tierra y gozar juntos de ti en el Cielo;

que bendigas a todos mis superiores y encargados de mi educación.

Y para mí te pido estas gracias:

que no cometa pecado mortal …

que me des una buena y santa muerte…

cuando muera, me abras las puertas del Cielo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu santo; Un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Las palabras de Jesús

Jesús habla al corazón de aquel que acaba de comulgar y le dice:

¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si va al infierno?

Aprendan de Mí, que soy humilde y manso de Corazón.

Dichosos son los que tienen el corazón limpio de pecado, porque ellos verán a Dios.

Estén atentos y hagan oración, para que no caigan en tentación.

El que toma mi Cuerpo en la Sagrada Comunión vive en Mí, y Yo en él.

Tengo poder en el Cielo y en la tierra. Confien en Mí. Yo he vencido al mundo.

Yo soy el buen pastor, y vosotros sois mis ovejas. Escuchen mis palabras.

Si me piden algo, se la concederé, si ello conviene para su alma.

Yo he venido al mundo, para que los que creen en Mí no anden en las tinieblas.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Adoro te devote

Te adoro con pasión, deidad oculta,

que estás bajo de estas formas ocultas;

a ti mi corazón se rinde entero,

y desmaya todo si te mira.

Se engaña en ti la vista, el tacto, el gusto.

Mas tu palabra es fe rendida;

cuanto Jesús ha dicho, creo;

pues no hay verdad cual la verdad divina.

En la Cruz la deidad estaba oculta.

aquí la humanidad está oculta;

y ambas cosas creyendo y confesando,

pido yo lo que pedía el ladrón arrepentido.

No veo, como vio Tomás, tus llagas,

mas por su Dios te alaba el alma mía:

haz siempre, Señor, que en ti yo crea,

que espere en ti, que te ame sin medida.

Oh memorial de la pasión de Cristo,

oh pan vivo que a la humanidad das la vida:

permite que de ti viva mi alma,

y guste de tus célicas delicias.

Jesús Amado, pelícano piadoso,

con tu sangre mi pecho impuro lava,

que de tal sangre una gotita puede

todo el mundo salvar de su malicia.

Jesús mío, a quien ahora veo oculto,

cumple, Señor, lo que mi pecho desea:

que a cara descubierta contemplándote,

por siempre goce de tu clara vista. Amén.

Quédate señor, conmigo

Quédate, Señor, conmigo, te necesito presente para no olvidarte, pues ya sabes con cuenta frecuencia te abandono.

Quédate, Señor, conmigo, soy muy débil y necesito de tu fuerza para no caer en tentaciones.

Quédate, Señor, conmigo, tú eres mi vida, sin ti con frecuencia decaigo en el fervor.

Quédate, Señor, conmigo, tú eres mi luz, sin ti estoy en penumbra.

Quédate, Señor, conmigo, que escuche tu voz y la persiga.

Quédate, Señor, conmigo, demuéstrame tus voluntades.

Quédate, Señor, conmigo, deseo amarte mucho, vivir en tu compañía siempre.

Quédate, Señor, conmigo, todo mi ser te está consagrado, tú me perteneces.

Quédate, Señor, haz de mi corazón una cárcel de tu amor de la cual nunca te alejes.

Quédate, Señor, conmigo, quiero serte fiel siempre. 

Quédate, Señor, conmigo, ya que aunque mi alma es muy pobre, quiero que sea para ti lugar de consuelo, huerto cerrado, nido de amor.

Quédate, Señor, conmigo, haz que tu amor me llene tanto que me consuman sus amorosas llamas.

Quédate, Señor, conmigo, se hace tarde y desaparecen las sombras, se pasa la vida, se acerca la cuenta, la eternidad, y es preciso que redoble mis días, mis esfuerzos, que siga adelante en el camino, por eso te necesito.

Se hace tarde y viene la noche, me atacan las tinieblas, las tentaciones, oscuridades, penas, cruces, sequedades; y tú me eres preciso, Padre mío, para alentarme en esta noche de destierro, ¡Cuánta necesidad tengo de ti Jesús!

Quédate, Señor, conmigo, en esta noche de vida y peligros, quiero ver tu claridad, muéstrate y permite que te conozca como tus discípulos en el partir del pan, que la unión Eucarística sea la luz que ilumine mis tinieblas, la fuerza que me mantenga y la dicha que embriague mi corazón.

Quédate, Señor, conmigo, cuando llegue la muerte, quiero estar junto a Ti y si no realmente por medio de la Sagrada Comunión al menos quiero tener mi alma junto a Ti por la gracia y por un abrasado amor.

Quédate, Señor, conmigo, no te pido sentir tu amada presencia y regalos divinos que no los merezco, pero tu presencia en mi por la gracia ¡oh, sí que te la pido!

Quédate, Señor, conmigo, pues a Ti sólo te busco, tu intimidad, amor, corazón, espíritu y gracia. Te busco por Ti mismo porque te amo; y no pido más recompensa que amarte con solidez, amarte únicamente, amarte con todo mi corazón en la tierra para seguir amándote con perfección por toda la eternidad.

El lector podrá revisar también:

Respuestas de la misa

Espíritu intranquilo

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