¿Existe el infierno? Lo que dice la Biblia

Al momento de hablar acerca de si existe el infierno, surgen demasiadas inquietudes que muchas veces no pueden ser totalmente aclaradas. Es un tema sumamente controvertido, pero en este artículo trataremos de aclarar ciertas dudas acerca de si existe el infierno según la biblia y estudiosos, no dejes de leerlo.

Existe el infierno

¿Existe el Infierno?

Uno de los temas más controversiales que tienen que ver con Dios y la religión, se refiere a si existe o no el infierno, y en qué medida estos propensos a ser dirigidos a ese lugar una vez que nos llegue la hora de partir. Si reflexionamos un poco acerca de lo que nos infunden con respecto a la existencia del infierno, lo primero que nos llega a la mente es el fuego ardiendo en un lugar debajo de la tierra, a cargo de un monstruoso ser de color rojo que lleva un tridente para torutar sin piedad a las desgracias almas que caen allí.

Es un panorama realmente aterrador, que lleva a la mayoría de las personas a no querer ir allí por ningún motivo, por lo que harían todo lo posible en pro de estar tales penurias. Al respecto, son infinitas las teorías que se han levantado, afirmaciones, negaciones y contradicciones de aquellos que tratan de proporcionar una visión clara, pero que luego cada quien está en la posición de tomar o dejar, aceptar o no.

Si existe el infierno, o si no existe el infierno, lo cierto es que Dios es un ser de amor que no quiere mal alguno para sus hijos; por ende, en la biblia se señala  múltiples apartados referentes a este tenebroso lugar, pero también se estipula la manera de evitar llegar alli, de una forma tan sencilla como lo es alejarse del pecado.

La biblia es el instrumento que dispuso Dios para dejar en claro todas y cada una de sus intenciones, puede ser considerada también una guía a seguir para librarse del fuego eterno del infierno, para llevar una vida de paz, amor y reconciliación con Dios y sus designios.

Si el pecado ofende a Dios, el castigo va a ser dirigirse al infierno, pero para evitarlo toda persona tiene la opción de arrepentirse en vida y alejarse del mal camino. Como el libre albedrío caracteriza a todos los seres humanos, cada quien está en la capacidad de decidir qué camino seguir, y por ende toda decisión conlleva una consecuencia de la que nadie puede escapar. Por una parte, esta la vida eterna en el cielo y por otra la vida eterna en el infierno.

Muchas personas pueden llegar a preguntarse constantemente, como es posible que si Dios es un padre que ame a sus hijos, sea capaz de reservar un lugar para castigarlos por la eternidad. Ese lugar es el infierno, y tiene un propósito y una razón de ser. También es común el preguntarse dónde está ubicado, quienes van a ir a parar allí, quien está a cargo del mismo, cuando será la hora y demás. Es un tema muy interesante y al mismo tiempo aterrador, nada sencillo de comprender.

En los siguientes párrafos, se explicará en detalle cada uno de los aspectos relacionados con la existencia del infierno, que han sido objeto de innumerables estudios previos. Claro está que no existe una verdad absoluta, pero si una gran aproximación a lo que realmente nos rodea. Las dudas nunca van a dejar de existir, e inclusive cada día que pasa surgirán más y más, por ello, siempre se debe escudriñar en las escrituras bíblicas y utilizar un poco el sentido común, con la mente abierta y dispuestos a aceptar la palabra de Dios como única y verdadera.

Existe el infierno

Antiguo Testamento

Para dar una breve versión acerca de si existe  infierno o no, las teorías en pro y en contra, así como si las mismas son veraces o no, conviene dar un vistazo a las escrituras bíblicas, en las cuales se pueden avistar un generoso número de versículos relacionados con este controversial tema. En este sentido, es muy peculiar notar que los versículos bíblicos relativos a si existe el infierno, son más numerosos que aquellos que tienen que ver con la existencia del cielo, y en el Antiguo Testamento se pueden encontrar muchos de ellos.

En un principio, en Daniel 12:2 en primer lugar se da por sentado que existe el infierno y a su vez revela una definición del mismo, tildandolo de eterno, pues textualmente indica que: “Y del polvo de la Tierra se levantarán las multitudes de los que duermen, algunos de ellos para vivir por siempre, pero otros para quedar en la vergüenza y en la confusión perpetuas”.

Por otra parte, en el libro de Isaías 66:24 se describe el infierno como un lugar en el cual el fuego nunca se apaga, y el texto reza lo siguiente: “Entonces saldrán y contemplarán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí. Porque no morirá el gusano que los devora, ni se apagará el fuego que los consume ¡repulsivos serán a toda la humanidad”.

Otra parte del texto bíblico en el cual se hace referencia a que existe el infierno, es Deuteronomio 32:22, en el cual se hace referencia a que el infierno es un lugar en el cual se ha encendido el fuego de la ira de Dios, fuego tal que quema hasta lo más profundo del abismo. El mismo va a devorar la Tierra y sus cosechas, y también va a consumir la raíz de las montañas.

Finalmente, en Salmos 55:15 se hace referencia al infierno como el lugar donde reina la maldad, expresando: “¡Que sorprenda la muerte a mis enemigos! ¡Que caigan vivos al sepulcro, pues en ellos habita la maldad!”.

Existe el infierno

Nuevo Testamento

Ahora bien, al revisar el Nuevo Testamento, también se puede encontrar muchos otros extractos en los cuales se alude que existe el infierno, en varios de sus libros. El primero de ellos al que haremos referencia acá se encuentra en segunda Tesalonicenses 1:9, donde se explica que ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, pues estarán muy lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder.

Por otra parte, en Apocalipsis 14 del 10 al 11 se enseña que: “Beberá también el vino del furor de Dios, que en la copa de su ira está puro, no diluido. Será atormentado con fuego y azufre, en presencia de los santos ángeles y del Cordero. El humo de ese tormento sube por los siglos de los siglos. No habrá descanso ni de día ni de noche para el que adore a la bestia y su imagen, ni para quien se deje poner la marca de su nombre”. En este texto se hace referencia al anticristo.

En este mismo orden de ideas, se puede apreciar en Apocalipsis 20:14-15 que se hace alusión al infierno como un lago de fuego ardiente, explicando que tanto la muerte como el infierno fueron arrojados al lago del infierno, el cual se considera como la segunda muerte. Por otra parte, a dicho lago sería arrojado todo aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida.

¿Qué dijo Jesús?

Con respecto al dilatado tema de si existe el infierno o no, son muchas las teorías existentes así como las contradicciones, pues cada quien emite su opinión y trata de sustentarla en algún hecho notable. En este orden de ideas, hay personas que sostienen que no existe el infierno, y basan esta afirmación en el hecho de que Jesús enseñó acerca del perdón, el amor y la paz, más no acerca de un lugar donde los no creyentes serían castigados por todo la eternidad.

Sin embargo, lo que sucede es exactamente lo contrario a tal afirmación, puesto que Jesús fue el principal maestro que enseñó acerca de la existencia del infierno y todas sus consecuencias, y lo hizo como ningún otro dentro de la palabra de Dios. En tal sentido, se puede evidenciar en Mateo 25:41 que Jesús describió al infierno como un lugar donde existía un fuego eterno; también como un lugar de castigo eterno en Mateo 25:46, y finalmente como un lugar lleno de tormento, sufrimiento y fuego tal y como se estipula en Lucas 16:23-24.

Fue así como Jesús enseñó, como todo un maestro, que existe el infierno y reveló todo aquello inherente a su existencia de manera específica y clara; y dichos conocimientos los transmitió a sus discípulos, para que estos se encargaran de enviar la palabra de Dios a lo largo y ancho de todo el mundo. Así, queda evidenciado en distintos versículos de los libros de Mateo, Marcos, Lucas y muchos otros.

¿De qué manera es justa una eternidad en el infierno?

Para muchas personas resulta sumamente difícil entender por qué Dios, si es un ser amoroso para con sus hijos, es capaz de castigarlos por toda la eternidad debido a los pecados que cometieron durante su corta vida. Por ello surge la pregunta de ¿por qué es justa la existencia del infierno?, si es que verdaderamente existe el infierno, ¿qué tan justo es este castigo eterno?

Sin embargo en el libro de los Salmos 51:4 se plantea claramente que todo pecado, sea cual sea su magnitud, está en contra de Dios y va en contraposición a sus designios; ahora bien, Dios es un ser infinito y eterno, y por tal motivo todo pecado ha de ser merecedor de un castigo igualmente infinito y eterno.

Ahora bien, si Dios ama a todos sus hijos, en consecuencia quiere que también todos sean salvos; pero del mismo modo Dios es también recto y justo, y él no deja sin castigo a los pecados. Es por ello que envió a su hijo Jesús al mundo en aras de que pagara por nuestros pecados, y la muerte de Jesucristo fue una muerte infinita, orientada a pagar infinitamente nuestra deuda del pecado, para que no tengamos que pagarla nosotros mismos en el infierno durante la eternidad.

Todo lo que se necesita lograr es enfocar nuestra fe en Dios y en nadie más, para poder ser perdonados y en este sentido se nos promete un lugar en el cielo por toda la eternidad. Dios nos otorgó la salvación debido a todo su amor, y si somos capaces de rechazar el regalo de vida eterna que nos otorgó a través de la venida de Jesucristo, entonces vamos a tener que enfrentar las eternas consecuencias derivadas de tal decisión: arder en el infierno eternamente.

¿Para quién fue creado el infierno?

En la Biblia se contempla un gran número de apartados en los cuales se hace referencia a la existencia del infierno, expresando sus características, a quien va dirigido y por qué existe, puesto que Dios es un padre de amor para con sus hijos, y quiere que todos sean salvos; sin embargo, hay un lugar al cual son enviadas las almas de aquellos que en vida estuvieron en constante desacato frente a los preceptos y la palabra de Dios.

Es por ello que en el texto bíblico Dios aparta de su lado a aquellos que son impíos, y los envía al fuego eterno, que ha sido preparado por el diablo en conjunto con sus ángeles. Ahora bien, en contraposición se puede revisar el libro de Mateo 25:33-34, en el cual se plantea claramente que todas aquellas personas que decidan seguir a Cristo y cumplir con sus designios, van a ser herederas del reino que ha sido preparado para recibirlas, desde el mismo momento en que el mundo se fundó.

Por otra parte, tanto el propósito original como el fuego buscan la destrucción final de Satanás y de sus ángeles; así, después del fuego purificador será el único instante en que Dios se ocupará de limpiar las lágrimas de los ojos de aquellos que son salvos.

¿El infierno está quemando el centro de la Tierra?

Es muy común que las personas se planteen infinidad de pregunta con respecto la existencia del infierno; una de estas inquietudes tiene que ver con saber si en la actualidad hay gente quemándose en el infierno, ¿será cierto que las almas de aquellos desobedientes están siendo castigadas en el fuego desde el mismo momento de su muerte?

Para dar respuesta a estas dudas, lo más certero va a ser revisar lo que dice la biblia al respecto, y así se puede notar en el libro de Job 21:30-32, el cual indica que para los malos está reservado un día llamado de la ira, en el que serán entonces consumidos por la calamidad.

En dicho apartado se puede destacar entonces que el infierno no está ardiendo en este preciso instante, sin embargo en el futuro va a llegar el día de la ira, para el cual están reservados los malos quienes serán forzados a salir de sus tumbas y a enfrentar las consecuencias de sus pecados. Esto también se expresa en segunda de Pedro 3:7 y posteriormente en Juan 5:28-29 cuyo mensaje es el siguiente:

“No os asombréis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrección de vida, pero los que practicaron el mal para la resurrección de condenación”.

De esta forma, queda asentado en los escritos bíblicos que será en el futuro y no ahora, cuando va a suceder la condena final y su correspondiente destrucción. Es decir, si existe el infierno, este no se encuentra actualmente ardiendo debajo de nosotros, castigando a sus condenadas almas; si no más bien es un lugar reservado para el futuro, para el día de la ira, en el cual los pecadores serán llamados de sus tumbas para pagar por todo aquello que cometieron.

¿Hay personas en el infierno?

También existen dudas con respecto a las personas que están o que van para el infierno en un futuro, es una inquietud a la que muchos se sujetan; es difícil entender como es posible que un Dios amoroso, que quiere lo mejor para sus hijos, reserve una fecha futura en que los desobedientes van a ser llamados al infierno.

En este orden de ideas, se puede exponer el caso de un hombre que vivió durante el tiempo de David, y que cometió adulterio durante muchos años, y nunca se arrepintió por seguir el camino equivocado; por otra parte se puede pensar en el caso de otro hombre que cometió el mismo pecado pero el día de ayer.

En esta oportunidad corresponde plantearse la interrogante referente a si sería justo para el primer hombre ser sometido a sus castigos muchos años más que el hombre que cometió adulterio el día de ayer. Y la respuesta es que el castigo para ambos hombres está reservado para el día del juicio, pues cada hombre será castigado al mismo tiempo según lo que se estipula en el libro de Job 21:30-31.

¿Dónde está el infierno?

Si existe el infierno, todos desearíamos saber donde se encuentra ubicado, así como todos aquellos aspectos que lo caracterizan; para dar respuesta a esta inquietud, es pertinente revisar el contexto relacionado con la ocurrencia de este evento, así como de sus detalles. En el libro de Juan 5:29 se plantea que la resurrección de los justos va a ser para la vida eterna, en la misma medida que la resurrección de los malos va a ser reservada para la condenación y la ira de Dios.

Del mismo modo, en Apocalipsis también se hace referencia a este hecho cuando aquellos impíos resucitan de sus tumbas.

En tal orden de ideas, una vez que los malvados hayan resucitado en toda la Tierra, el diablo los convence para que juntos ataquen la amada ciudad de Dios, y justo en ese momento el fuego desciende de los cielos y destruye a los malvados de satanás. Todo ello se encuentra escrito en Apocalipsis 20:7-9. Es por ello que se entiende que los fuegos del infierno van a quemar a toda la faz de la faz de la Tierra, y arrasará con todo lo que encuentre por lo que los malvados no tendrán escapatoria alguna.

Por último, también se habla acerca de donde se encuentra el infierno y el evento del fuego, en el libro de Pedro 3:10 donde se lee que entonces los cielos pasarán por un gran estruendo y los elementos van a arder, serán deshechos, y entonces la tierra y las obras que se encuentran en ella serán consumidas.

¿El diablo está a cargo del Infierno?

Con respecto a esta inquietud, muchas personas afirman que el diablo es el personaje que se encuentra a cargo del infierno, y es quien se encarga de castigar las almas que caen allí; sin embargo, esto no es del todo cierto, pues el diablo no está a cargo del infierno ya que él mismo va a ser lanzado al lago del fuego ardiente, el día de la ira, según lo que se puede leer en Apocalipsis 20:10.

Esto se explica, ya que si el diablo estuviese a cargo del infierno, él mismo no podría mantenerse fuera del lago de fuego y sus respectivas consecuencias. En tal sentido, no es satanás el que hace descender el fuego del infierno sobre los malvados que se encuentran alrededor de campo y de la ciudad amada, por ende no está a cargo ya que también será lanzado allí.

¿Qué sucede con los impíos?

Es inquietante conocer un poco más acerca de lo que sucede con los malvados en el infierno, y para ello la Biblia lo explica en ciertos apartados y escritos. En primer lugar resulta conveniente revisar el libro de Malaquias 4:1-5, en el que se contempla una amplia visión de lo que sucederá el día del Señor, y es lo siguiente:

“Todos los arrogantes y todos los que hacen maldad serán como paja. Aquel día que vendrá los quemará, dice Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama… Pisotearás a los impíos, los cuales, el día que yo preparo, serán como ceniza bajo las plantas de vuestros pues”.

En este extracto del libro de Malaquias se puede entender que todos aquellos malvados van a ser quemados el día de la venida del Señor, todos aquellos que en vida cometieron pecados e injurias en contra de Dios van a recibir su merecido castigo; en este sentido, los impíos serán quemados y destruidos por el fuego, y desde entonces no existirán más. Así será como la raíz y sus respectivas ramas, es decir Satanás y sus seguidores serán convertidos en cenizas sin vida alguna.

Así, todos aquellos que sean enemigos del Señor y hayan tenido una vida colmada de contraposición a sus designios, van a ser consumidos por el fuego y de ellos solo quedará humo y cenizas. En tal sentido, no quedará ninguna parte de ellos para que sea torturada por siempre, pues toda maldad va a ser removida de esta Tierra para dejarla limpia y pura.

Por otra parte, es pertinente señalar la importancia que tiene el estudio de todo lo que contempla la biblia, así como también lo que no está escrito en ella; para así entonces poder ser capaces de levantar teorías relacionadas con los controversiales temas que surgen de ella, pues para nadie es un secreto que los tópicos religiosos causan gran revuelo entre la comunidad, especialmente todo aquello que pueda dar respuesta a si existe el infierno o no.

En este orden de ideas, es conveniente revisar lo que se estipula en Romanos 6:23 referente a que la paga del pecado es la muerte; es decir, en la biblia no se indica que la paga del pecado sea un castigo eterno. Por otra parte en Juan 3:16 se plantea lo siguiente: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna”.

Dicho versículo se puede analizar y estudiar desde diferentes puntos de vista, el primero de ellos nos demuestra el amor infinito que tuvo Dios en ese momento para con sus hijos, tanto así que envió su juicio hijo a la tierra en aras de que pagara por los pecados del mundo en general.

Aunado a ello, contempla dos opciones para las personas que habitan este mundo y que deciden o no seguir sus designios; por una parte, se presenta la opción de perderse es decir morir, ser destruido y desaparecer. Por otra parte, está la opción de la vida eterna. Es evidente notar que no se habla de que los malvados van a pasar por un tormento que va a durar una eternidad. Sin embargo, siempre es importante leer e indagar un poco más, para así ser capaces de obtener conclusiones certeras.

¿El fuego del infierno quemará para siempre?

Otra de las principales inquietudes que tienen las personas sobre si existe el infierno, tiene que ver con su fuego y con la durabilidad del mismo, pues la gente se pregunta si tales castigos durarán para siempre o por un tiempo determinado. En este sentido, todos quieren saber si el fuego del infierno en algún momento se apagará, o si por el contrario arderá para siempre.

Al respecto, hay que mencionar que después del día de la ira, solo va a quedar destrucción sobre la faz de la tierra, no quedará absolutamente nada con mancha alguna de pecado; es así como se puede leer en el libro de Pedro 3:10, donde claramente se explica que va a ser consumida toda la tierra y las obras que sobre ella se encuentran. Esto va a darse como consecuencia del gran fuego que tendrá lugar en el mundo, para limpiarlo de todo mal.

De otra forma también se encuentra una descripción del infierno ardiente en el libro de Isaías 47:14, que textualmente indica que: “He aquí que serán (los malvados) como paja; el fuego los quemará. No librarán sus propias vidas del poder de la llama de fuego. No quedará brasa para calentarse, ni lumbre ante la cual se sienten”. Es así como los malvados van a ser como paja, que instantáneamente van a ser arrasados por el fuego ardiente, que los quemará y acabará con todo lo existente.

En tal sentido, el fuego va a ser muy completo y por ello se consumirá a sí mismo, es decir no dejará ni siquiera un pequeño carbón encendido. Acabará con todo a su paso y lentamente se apagará por completo, dejando solo humo y cenizas en su lugar. Se debe acotar que científicamente el fuego requiere de tres elementos para mantenerse activo, dichos elementos son el combustible, el oxígeno y el calor. Ahora bien, si se elimina alguno de estos elementos, el fuego dejará se va a apagar, pues necesita de los tres para poder alcanzar su poder.

En este sentido, el fuego del infierno se apagará en virtud de lo que se dice en Isaías, con respecto a que no quedara ni siquiera un carbón sobre la faz de la tierra; así, al ser el carbón un material necesario para mantener el fuego encendido, este simplemente quedará extinto para siempre.

¿Por qué es necesario el infierno?

Contemplando todo lo que el fuego del infierno hará sobre la tierra, toda la destrucción y todo lo que se va a consumir, otra de las inquietudes más comunes que se plantean estudiosos y demás consiste en que, si existe el infierno para castigar a los impíos, de dónde surge su razón de ser, es decir, por qué se hace tan necesaria su existencia si todo lo que implica es destrucción y castigo. En este orden de ideas, es pertinente esgrimir un amplio panorama acerca de la necesidad del infierno, el por qué son tan necesarias las fuerzas destructivas del infierno.

Lo primero que se debe mencionar es que este fuego del infierno es una especie de fuego purificador, en razón de que implica una erradicación total del pecado sobre la tierra. Así, corresponde revisar el libro de Ezequiel 28:18-19 donde se encuentra un breve apartado referente a Satanás, al cual se alude seguidamente:

“Yo, pues, hice que en medio de ti se desatara y te devorara el fuego. Te convertí en cenizas sobre la tierra… y dejarás de ser para siempre”. Aquí es pertinente mencionar que Satanás también va a ser devorado y vencido por el fuego del infierno, no habrá mas lugar para él luego del día de la ira, pues de su existencia únicamente quedarán las cenizas. En este sentido, el pecado y las aflicciones no van a surgir por segunda vez, van a ser eliminados por siempre y para siempre de una vez por todas.

Así, existe el infierno y es necesaria dicha existencia en razón de que su fuego va a acabar con toda la maldad que existe sobre en mundo, este fuego va a arrasar todo lo conocido y lo maligno, para limpiar la tierra y dejarla limpia y pura. Son necesarias las fuerzas destructivas del infierno para poder extinguir el pecado, y acabar con Satanas y toda su maldad para siempre, pues no habrá cabida para que tales malignidades vuelvan a levantarse, solo quedarán sus cenizas y nada más.

¿Cuál es el propósito del infierno?

Dado que existe el infierno según lo que se puede encontrar en la biblia y en los distintos libros que la conforman, corresponde generar un panorama relativo a su propósito, es decir, para qué ha sido creado el infierno, cual es su razón de ser y por qué existe tal y como se le conoce.

Esto es debido a que muchas persona se pueden preguntar, por qué Dios permite toda esa destrucción en la tierra, qué es lo que se pretende encontrar o más bien evitar; no es solamente el cuándo, el dónde o el cómo, también es inquietante saber el por qué existe este interesante tema, el porqué va a generarse este fuego purificador.

En este orden de ideas, en la biblia se explica que la tierra va a ser encendida, para luego ser derretida y purificada; a pesar de toda la destrucción, se ha de permanecer con la vista hacia el horizonte, hacia adelante y hacia el futuro, puesto que luego de la renovación de lo que hoy conocemos se abrirá un cielo nuevo y resplandeciente, que brillará sobre una tierra nueva en la cual mirará la justicia y las paz. A pesar de su aire destructivo, el fuego será capaz de purificar la tierra y de establecer un lugar colmado de justicia, en el cual los salvos puedan vivir a plenitud.

Asimismo, vale la pena echar un vistazo al libro de Isaías 65:17, que textualmente indica lo siguiente: “Porque he aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva. No habrá más memoria de las cosas primeras, ni vendrán más al pensamiento”. Así, se puede entender que una vez que el fuego ocurra, se va renovar absolutamente todo lo que hoy conocemos, va a nacer una tierra nueva y no habrá ni el mas pequeño recuerdo de lo anterior. Es así como se purificará el mundo y algo nuevo va a nacer, para olvidar todo lo conocido.

Posteriormente en el libro de Apocalipsis 21:1-5 también se encuentra una descripción de ese nuevo lugar en el cual reinará por siempre la justicia, en las siguientes palabras: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe más. Y vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén que descendía del cielo de parte de Dios, preparada como una novia adornada para su esposo.

Oí una gran voz que procedía del trono diciendo ‘He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. No habrá más muerte ni habrá más llanto, ni clamor, porque las primeras cosas ya pasaron’… Y el que estaba sentado en el trono dijo: ‘He aquí yo hago nuevas todas las cosas'”.

En este apartado también se explica que va a surgir una nueva tierra, en la cual no existirá rastro alguno de la anterior, no habrá tristezas ni clamores ya que son calamidades de la vieja tierra. Desde entonces no va a haber más sufrimiento ni muerte, pues todas las cosas serán nuevas. Es lo que sucederá después de que descienda el fuego para limpiar la tierra, el día de la ira, con el objeto de dejarla purificada para siempre.

Ahora bien, basándonos en estas palabras nos podemos preguntar si las personas fueran atormentadas en el infierno para siempre, entonces ¿cómo podrían hacerse nuevamente las cosas? ¿Cómo seria posible para Dios limpiar las lágrimas de los ojos de los salvos, para vivir felices en la nueva tierra, si hay un grupo de personas ardiendo en las llamas del infierno?

Estas dudas surgen con total naturalidad, puesto que no tiene sentido el surgimiento de una tierra nueva y un cielo lleno de amor, si continuamente van a estar seres amados viviendo una agonía sin fin. Esto lleva al análisis y reflexión en muchos aspectos.

Sería  entonces así, que el propósito del infierno no es tanto castigar por una eternidad a los malvados, si no más bien es acabar rápidamente con todo lo malo y oscuro que habita en esta tierra, en aras de limpiarla y purificarla para convertirla en un lugar nuevo, libre de rastros de sufrimiento y agonías.

Consiste en un fuego arrasador que no dejará nada a su paso salvo humo y cenizas, pero de entre lo cual se va a levantar la nueva tierra, un lugar lleno de justicia y esperanza para toda la eternidad, y no existirá recuerdo alguno de lo que existió antes, pues es un nuevo comienzo.

¿Cómo se puede evitar el infierno?

Viendo tantas peculiaridades de eso que escuchamos llamar infierno, las personas no quisieran ser destruidas por las llamas de su fuego, es decir, cualquier persona con sentido común quisiera evitar vivir estas calamidades. En este sentido, cabe reflexionar acerca de cómo evitar el infierno, que se puede hacer para no verse castigado por tales llamas; por ende hay que remitirse al objetivo de su existencia, es decir el propósito por el que existe el infierno, para entonces no caer en éste y así poder evitarlo.

En primer lugar, Dios es un ser de amor que aborrece el pecado, quiere destruirlo de una vez por todas, pero ama profundamente al pecador, pues todos sobre la tierra somos sus hijos. En este sentido, para Dios también significa un verdadero reto el tener que lidiar con el pecado, puesto que él quiere eliminar el dolor y la angustia para toda la eternidad.

Si nosotros como seres humanos e hijos de Dios continuamos aferrándonos al pecado, la consecuencia es que seremos destruidos junto al pecado, sencillo pero cierto. Por otra parte, si abandonamos el pecado, el pecado solo será destruido para siempre, pero nosotros permaneceremos vivos.

El pecado debe ser eliminado por completo, puesto que si esto no es radical entonces va a infectar cada parte de la tierra. Por ende, es imposible la existencia de una paz completa y total, mientras que exista el pecado o rastros de él.

Sin embargo, Dios no quiere destruir a sus hijos, solamente quiere acabar con el pecado, pero lamentablemente y para bien de todos, si alguien se encuentra aferrado al pecado entonces va a ser destruido con él, ya que no está permitido dejar ni un rastro del mismo por pequeño que este sea. Esto también tiene su sustento bíblico en el libro de Ezequiel 33:11, el cual expresa textualmente lo siguiente:

“Diles: Vivo yo, que no quiero la muerte del impío, si no que el impío se aparte de su camino y viva. Apartaos, apartaos de vuestros malos caminos, porque moriréis, oh casa de Israel”.

Esto está claramente escrito, Dios llama a sus hijos a que se aparten de su camino colmado de pecados, pues no quiere destruir a su pueblo. Dios llama a sus hijos por amor, no por temor al infierno. Él le está suplicando a sus hijos, sin hacer distinción alguna, que alejen el pecado de sus vidas para así algún día poder disfrutar de un hogar celestial, en el cual no habrá cabida para el dolor o el sufrimiento. Él es compasivo y amoroso, y quiere que sus hijos vivan, que no sufran, pero por ello les da la opción de que vengan a él, ya que es el único lugar donde estarán salvos.

De igual manera, para entender a cabalidad este aspecto Dios puede ser visto y entendido como un médico, que ama a cada uno de los pacientes que se dirigen a su consultorio, pero odia rotundamente a la enfermedad que estos padecen, y la quiere eliminar.

Así se ocupa de tratar amorosamente cada uno de los casos que recibe, hasta que un día llega alguien que padece de gangrena; es tanto su amor, que indica que lo único viable para salvarle la vida es realizar una amputación, para cortar de raíz el problema puesto que si no se quita, la infección eventualmente consumirá al paciente para finalmente llevarlo a la muerte.

De esta misma forma se puede entender lo que Dios quiere hacer con el pecado, que es destruirlo desde la raíz; esto debido a que si el pecado no se destruye en su totalidad, este se va a encargar de consumir a todo el universo y acabará con la felicidad de su creación, que son los hijos de Dios. Por ello el fuego que va a descender el día de la ira, va a ser capaz de destruir todo pecado existente sobre esta tierra, pero también se llevará a aquellos que permanezcan aferrados a sus pecados, al menos que atiendan el llamado del Señor y se alejen de todo lo malo y aborrecido.

Importancia de creer que existe el infierno

Ante la diatriba derivada de si existe el infierno, los seres humanos pueden asumir una u otra posición, a saber, creer o no en la existencia del mismo, sencillo. Yo como creyente o estudioso decido si creo o no creo en el infierno, con base en los escritos bíblicos y los hechos que sean notablemente sustentados, o bien sea por miedo o temor; todo esto es válido y va a depender de la percepción que tenga cada quien.

Sin embargo, hay que ser conscientes de que solamente el temor del infierno y de su fuego destructor, es lo que puede dirigir a las almas descarriadas, al camino del bien y de la justicia, puesto que es lo que los haría volverse hacia Dios su único salvador, he allí la importancia de creer que existe el infierno.

En este sentido, el hombre evita el infierno única y exclusivamente debido a dos razones: a primera de ellas es por el amor a Dios, y la segunda por el temor al infierno. Amor y temor, los motores fundamentales para alejarse del mal; es evidente que aquella persona que no evita el pecado, no ama a Dios, ya que si lo amara haría todo lo posible por no ofender su nombre y cumplir sus preceptos.

Ahora bien, si no es el amor a Dios lo que lo lleve por el buen camino, será entonces el temor a quemarse en las llamas del infierno, por ello si alguien no cree en el infierno y en su existencia, nada lo podrá apartar de su pecado, desafortunadamente nada le podrá evitar su perdición eterna.

Son muchísimas las almas que se encuentran apartadas de Dios debido al vicio del pecado, pero que logran hallar una regeneración a sus vidas gracias al temor que le tienen al infierno; muchos por ejemplo padecen una grave enfermedad, y en sus últimos instantes les aumenta el temor a condenarse, miembro en el cual deciden reconciliarse con Dios y es entonces cuando se inicia una nueva vida para ellas.

Es por ello que aquellas personas que no se encuentran transitando el camino de Dios, deciden seguir su vida hacia el cielo gracias al temor y a la creencia de que existe el infierno, pues es este miedo el que puede lograr que cualquier alma decida alejarse de lo malo, para lo arder en sus llamas.

Por tal motivo, aquellas personas que deciden seguir el buen camino por que le tienen un profundo amor a Dios, si siguen sus designios aman al prójimo y por dicho amor se encuentran obligados a ayudar a ese prójimo de que se aparte del mal camino, pues solamente le llevará a la perdición y al sufrimiento.

Debido a esto, es deber moral de los creyentes, el procurar convencer a aquellos que pretenden no creer en el infierno, o que tienen una concepción errada del mismo, de que están en un error y deben creer en su existencia, ya que ese temor a arder en las llamas de la destrucción va a ser lo único capaz de alejarlos del pecado.

Aquellos que afirman y sostienen que no existe el infierno, se basan muchas veces en ideas equivocadas y sin razón alguna, mal sustentadas o erróneas que los hacen vivir en un error frente a las doctrinas. Aunado a ello, están también aquellos que sencillamente no creen que existe el infierno, y deciden no ocuparse en investigar acerca de su verdad, las curiosidades o dar respuesta a sus inquietudes, sino que solamente se apartan de la idea de su existencia y no quieren pensar más en el, inclusive no aceptan que se les hable ni nada similar.

Quienes tienen esta actitud inexplicable, son muy difíciles de convencer puesto que están renuentes a aceptar la verdad y aclarar sus dudas.

Hay que detenerse a pensar no solo en lo que inocentemente creemos que es el infierno, un lugar colmado de llamas a cargo de un ser rojo lleno de maldad que goza viendo el sufrimiento de las almas pecadoras y demás.

Se debe entender al infierno desde la perspectiva de lo que realmente es, un lugar lleno de un terrible suplicio, que tendrán que padecer por toda la eternidad aquellas personas que durante su vida hayan obrado mal, y que al momento de partir de este mundo no alcancen a arrepentirse para irse en paz.

Si se analiza desde este punto de vista, ciertamente se puede entender que se trata de un lugar espantoso, con consecuencias atroces que vale la pena tener en consideración. Es decir, hay que evaluarlo desde la substancia propia de su existencia y el propósito de su creación.

En este sentido, la creencia de que existe el infierno merece cierto crédito, no hay que ser necios a tal situación ya que inclusive la instituciones más serias, en algún momento hablan de él y advierten acerca de sus peligros y riesgos, pues no es solamente una creencia de la iglesia católica y de sus seguidores.

Es tanto así, que reflexionando un poco más allá se puede evidenciar que inclusive los hombres más sabios que han tenido lugar a lo largo de la historia, han creído y creen en el infierno; eminentes filósofos que a lo largo de sus vidas han descrito la existencia del infierno, al momento de morir se han retractado han reconocido su error. Es entonces algo que definitivamente no puede pasar desapercibido y merece toda la atención.

Por tal motivo, es pertinente escudriñar un poco y hallar las razones que hicieron que hombres tan sabios crean que existe el infierno, pues hay algo que hizo que estas personas se volvieran y reflexionaran acerca del peligro inminente.

Así, entonces si no se encuentra ninguna prueba fehaciente de que existe el infierno, se puede continuar viviendo siguiendo cuentas tendencias, pero igual merece la atención; puesto que, si por el contrario se concluye que al menos el infierno existe, efectivamente, sin duda alguna se debe comenzar a trabajar incansablemente, para librarse de este suplicio después de la muerte.

Negar que existe el infierno por maldad

Es necesario mencionar que no solamente por ignorancia se niega que existe el infierno, si no también por maldad. En tal sentido, aquellas personas que encuentran la creencia en el infierno incompatible con sus inmoralidades, van a hacer siempre todo lo que esté a su alcance para convencerse a sí mismos de que no existe el infierno, pues de ser así evidentemente estaría destinado para ellos.

Tal y como lo hacen los cobardes, quienes suelen cantar en la noche negra lo más alto que puedan, con la finalidad de aturdirse y no sentir demasiado el miedo que los embarga.

Es así como también, en aras de infundirse más valor y demostrar que su creencia es la correcta, tratan de persuadir a las personas alrededor de que no existe el infierno, e inclusive de burlan de aquellos que afirman su existencia. En tal sentido, si son escritores lo plasman en sus libros, lo repiten a todo el mundo en todos los tonos y finalmente, gracias a esta ruidosa difusión, terminan creyendo que nadie cree ya en el infierno y, en consecuencia, ellos están en todo el derecho de tampoco creer en él, evidentemente.

Así fue en el siglo XVIII, cuando los más estudiosos de la época establecieron claramente que no existía Dios, ni el paraíso ni el infierno. Estas personas estaban totalmente convencidas de haber alcanzado un concepto exacto y racional de lo que es el universo. Sin embargo, la historia no miente y se pudo ver que todos ellos, al momento de su muerte, debido a que el pánico los embargaba se sobrecogieron y fue entonces cuando se retractaron, confesaron y pidieron perdón a Dios y a los hombres por las ideas infundadas.

De esto se puede derivar, que todos aquellos que gritan a voz viva en contra de la existencia del infierno, creen en él tan frecuentemente como el resto del mundo, pero mantienen su rebeldía en día hasta el momento de su muerto, cuando se les cae la máscara y sale a la luz lo que había oculto debajo de ella durante tanto tiempo. Queda claro entonces, que más que el propio entendimiento y raciocinio, es la corrupción del corazón y de las costumbres lo que hace negar la existencia del infierno, en esos corazones incrédulos e ignorantes.

Cabe destacar que cuando se es tan cobarde como para no dejar la mala vida ni apartarse de los malos pasos que dirigen la vida de alguien hacia el infierno, siempre se está en la posición de afirmar que no existe el infierno, así no sea del todo creíble pero que mantiene esta insensata teoría, por todo el tiempo que se crea necesario.

Así, cuando a este tipo de persona incrédula se le va a hablar acerca del infierno, lo más probable es hallar a un sordo; y si en algunas ocasiones a través de los gritos de la pasión, la voz de la conciencia y la fe logra ser escuchada, inmediatamente se les calla puesto que el terco no quiere oír la verdad, se niega a aceptar que existe el infierno y que él va directo para allá debido a sus malsanas conductas.

Lo mismo sucede con aquellos que son avaros, usureros y malos ricos, que son capaces de allar todo tipo de argumento para negar la existencia del infierno. Tanto así que son capaces de justificar sus malas acciones aduciendo que prefieren morir o ser enviados al infierno, si es que realmente existe, antes que devolver el dinero mal habido o entregar su oro.

No saben lo errático de tales palabras, y lo mismo sucede con aquellos que se dejan llevar por muchas otras pasiones violentas, tales como la ambición, el orgullo, el odio y la venganza. Todos ellos se niegan a admitir que existe el infierno y sus consecuencias, y no permiten que otros traten de convencerlos de su error.

Ahora bien, aquellas personas que tratan de convencer a las corrompidas almas acerca de la existencia del infierno, tienen que hacerlos vivir de una manera tal que no tengan por qué temerle. En tal sentido, los cristianos verdaderos, castos y de conciencia recta son fieles a todos sus deberes y en ningún momento les viene a la cabeza la idea de dudar en el infierno.

Tan solo basta que un hombre viva una vida medianamente correcta, para que nunca se vea envuelto en la necesidad de debatir la existencia del infierno, pues las dudas vienen generalmente del orgullo y de la media ciencia, o de ideas infundadas en los corazones de aquellos que no tienen un norte claro.

Creer que existe el infierno pero no en su eternidad

Muchas personas tienen la creencia de que el infierno existe, es decir, no dudan de su veracidad, pero no creen que este sea eterno; esta posición es como creer en la existencia del purgatorio, pero no del infierno, puesto que el principal elemento distintivo de ambos, es la eternidad de las penas.

En tal sentido, hay quienes aceptan el purgatorio pero no al infierno, ya que para la razón es más sencillo descubrir la necesidad de la existencia del purgatorio, que la del infierno. Sin embargo, como contradicción presente en la mayoría de los herejes, es necesario destacar que la mayoría de las sectas protestantes admiten la existencia del infierno, pero niegan la del purgatorio.

Para muchos es más accesible entender las razones de la existencia del purgatorio, puesto que la existencia de un castigo eterno en la otra vida para los malvados, va en contra de las creencias de alguien que acepte la existencia de Dios y de su justicia, y la conciencia de los actos que lleva a cabo el hombre; esto debido a que Dios se encargó de grabar en el corazón de los hombres, la voz de la conciencia, que no enseña únicamente lo que es bueno moralmente y lo que es malo, si no que también insta a los hombres a hacer el bien y a evitar el mal.

Por otra parte se debe tener en cuenta que Dios le ha revelado su ley al hombre, es decir le ha indicado lo que se debe hacer y lo que se debe evitar, en varias ocasiones y de distintas maneras Dios ha impuesto su ley, puesto que él es justo e inevitablemente debe premiar a aquellos que siguen su palabra y son temerosos de sus designios, y debe castigar a aquellos que le son rebeldes y no guardan su palabra.

Sin embargo, es común notar que aquellos que infringen la ley de Dios son aparentemente felices en esta vida, mientras que aquellos que siguen sus pasos viven una vida de penurias. Luego se presenta ante la razón, que después de la vida los malvados serán castigados, y los buenos serán premiados.

Por otra parte, el hecho de que este castigo sea eterno se impone a la razón, aunque se pueden esgrimir una serie de pruebas al respecto, las cuales son descritas a continuación:

El infierno es necesariamente eterno

El hecho de que el infierno necesita ser eterno, bien sea como consecuencia de la propia naturaleza de la eternidad, la falta de gracia en los condenados o el grado de perversidad de los mismos, se puede sintetizar en cuatro pruebas fundamentales, las cuales son filosóficas, a saber:

La primera prueba consiste en que el pecado mortal contiene en cierto nivel, un grado de malicia infinita; ya que a través de él se desprecia a Dios y a sus designios, quien es bueno infinitamente. En este aspecto, merecería entonces ser castigado con una pena eterna y perpetua.

Por otra parte, la culpabilidad y la malicia son infamias que permanecen para siempre, y nos son capaces de remitirse sin la gracia, la cual es imposible que se dé después de la muerte.

Aunado a ello se debe destacar que aquella persona que peca mortalmente, posee una voluntad interpretativa de permanecer para siempre en el pecado, debido a que se coloca en una posición de la cual no es posible salir sin el favor divino, y antepone la criatura por cuya causa ama el pecado, a Dios.

Por ultimo, se debe mencionar que en este mundo los delitos realizados en contra del rey o en contra de la patria, tienen prescrito un castigo en particular, el cual es relativamente eterno, puesto que todo aquel que atenta en contra de su patria ha de ser separado de la sociedad. En sentido análogo se puede hacer referencia al castigo eterno, puesto que si un desterrado puede vivir por la eternidad, eternamente va a vivir en el destierro.

A tales pruebas previamente descritas, se debe añadir un razonamiento debido a que por la muerte, la voluntad del hombre se fija en el bien o en el mal; esto es que Dios no puede conceder el perdón si no es por precio arrepentimiento. Pero aquellos que eligen el mal y no están dispuestos a arrepentirse, Dios no puede perdonarlos y por tal, el castigo debe ser proporcional a la duración de la existencia del mal, es decir que él es eterno.

Por otra parte, se alude acá a una prueba de que la eternidad del infierno no es contraria a la razón. Lo que todos los pueblos han creído siempre con el transcurso del tiempo, constituye todo aquello que se conoce como una verdad de sentido común. Toda persona que se rehúse a admitir alguna de estas verdades universales, no tendría sentido común entonces. En efecto, se tendría que estar completamente loco para pretender tener la razón en contra de lo que cree todo el mundo.

Ahora bien, desde el mismo principio del mundo y con el transcurso del tiempo, los pueblos han creído que existe en infierno; puede ser entendido bajo diferentes nombres o formas, pero todos ellos siempre han hecho alusión a castigos tremendos y castigos sin fin, donde el fuego es un elemento fundamental para el castigo de los malos y pecadores después de su muerte.

Es por ello que, si todos los pueblos en todos los tiempos han admitido la existencia del infierno, dicho dogma forma parte del conjunto de verdades universales que constituyen la luz de la humanidad, y en tal sentido ningún hombre con la suficiente sensatez y sentido común, podría ponerla en tela de juicio. Esto debido a que sería una total locura basada en la ignorancia y en la estupidez, puesto que la creencia de que existe un tormento eterno va en contra de la razón, y por tal esa persona no cree en la perpetuidad del infierno.

El mejor argumento sobre la eternidad del infierno

Con la finalidad de establecer teorías certeras acerca de la eternidad del infierno, los teólogos y estudiosos a los largo de los años han establecido una serie de consideraciones para explicar, de la manera más racional posible, por qué el infierno y sus penas deben ser eternos. Pero, lo idea más razonable que seguramente es la más aceptada por la mayoría de los hombres, es aquella que fue enseñada por Jesucristo cuando vino a la tierra, que posteriormente fue divulgada por sus discípulos.

En este orden de ideas, si Cristo enseña acerca de la existencia del infierno, en consecuencia toda aquella persona que crea en Cristo también debe creer en el infierno. Por lo mismo, aquellos que se hacen llamar cristianos pero niegan que existe el infierno, no deberían ser llamados como tal, puesto que viven en una ignorancia total, aduciendo que Cristo nunca habló de él.

Pero cuando se les demuestra que efectivamente, Cristo si habló del infierno en reiteradas ocasiones, recurren a la mala fé o pretenden alegar que él hablaba de manera figurativa o metafórica, o que inclusive hablaba de él como una medida desesperada para alejar a las personas del mal, pero que era una forma de amedrentar con base en algo inexistente.

Sin embargo este tipo de personas no pueden ser llamadas cristianas, si son capaces de sostener que Cristo fue un mentiroso, y sus teorías pueden ser directamente refutadas con la simple demostración de todos los textos bíblicos en los cuales quedaron plasmadas todas y cada una de las palabras de Jesús relativas al infierno, que se pueden hallar en aproximadamente catorce extractos de la biblia.

El primer apartado bíblico en el cual Jesucristo nos habló del infierno y de su existencia, se puede encontrar en el libro de Mateo 13:8-9, que textualmente indica lo siguiente: “Que si tu mano o tu pie te es ocasión de escándalo, arrójalos lejos de ti; pues más te vale entrar en la vida eterna manco o cojo, que con dos manos, o dos pies, ser precipitado al fuego eterno.

Y si tu ojo es para ti ocasión de escándalo, sácalo y tíralo lejos de ti; mejor te es entrar en la vida eterna con un solo ojo, que tener los dos y ser arrojado al fuego del infierno.

Es evidente lo que Jesucristo quiso decir en este texto, esto que lo mejor para los creyentes es desprenderse de todo aquello que esté manchado de pecado, para que entonces puedan ser integrados a la vida eterna en lugar de ser arrojados al fuego ardiente del infierno.

También el el libro de mateo, un poco más adelante se prescribe que el hijo del hombre va a enviar al fin del mundo a sus ángeles, y quitaran de su reino a todos aquellos escandalosos y a quienes practican la maldad, para que sean arrojados al horno del fuego y entonces todo lo que se va a escuchar será el llanto y el crujir de sus dientes.

Entones, el día del juicio se vendrá a juzgar a los buenos y a los malos, y en ese momento se les dirá a aquellos que están a la izquierda que se aparten y se dirijan al fuego eterno, ya que son merecedores de tal suplicio. Jesucristo también dijo que no teman a aquellos que solamente puedan matarlos en el cuerpo, si no que se le debe temer a aquel capaz de arrojarnos en cuerpo y alma al fuego del infierno.

De igual manera puede verse reflejado en Lucas 16:22-24, lo siguiente: “Murió también el rico y fue sepultado en el infierno. Y abriendo los ojos estando en los tormentos, vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro en su seno. Y exclamó diciendo ‘Padre Abraham ten misericordia de mí y manda a Lázaro que con la punta de un dedo mojado en agua venga a refrescar mi lengua, pues estoy abrasado en estas llamas'”.

Así como estos, existen muchos otros versículos en los que se contempla al señor Jesucristo hablando acerca del infierno, lo cual definitivamente no puede ser objetado, y no sería razonable pensar que lo haya hecho de manera metafórica o figurada. Y fue tanto así que se puede notar que los Apóstoles hablan incansablemente acerca del fuego y de sus eternas llamas, ya que fueron encargados por Jesús de predicar y desarrollar sus doctrinas y la palabra de Dios. Por ello cuesta mucho entender que estos discípulos de Jesús hablen del infierno en modo figurado.

Como ejemplo de esto, San Pedro dijo que los malvados van a compartir el castigo de los malos ángeles, que el Señor ha precipitado en las profundidades del infierno, en los suplicios del Tártaro. También San Pablo habla acerca del último juicio, cuando escribe a los cristianos de Tesalónica, diciéndoles que el hijo de Dios va a sacar venganza de las flamas del fuego de aquellos impíos que no han querido reconocer a Dios, y que tampoco quisieron obedecer el evangelio, y en consecuencia tendrán que sufrir las penas eternas lejos del rostro de Dios.

Por su parte, el apóstol Juan también habla acerca del infierno y de sus fuegos eternos, cuando hace alusión a que el anticristo y sus falsos profetas serán arrojados vivos al abismo abrasador del fuego y del azufre, donde vivirán un eterno tormento día y noche por los siglos de los siglos.

De todo ello se desprende que no es posible negar el infierno sin negar a Cristo, y por ende la iglesia católica hace alusión a la eternidad de las penas y del fuego del infierno, y nos lo presenta como un dogma procedente desde los tiempos apostólicos, referente a la creencia de una próxima vida inmortal y eterna; para los buenos, será una vida eterna e inmortal en la beatitud del paraíso, mientras que para los malos va a ser así en los castigos del infierno.

En tal sentido, el día del juicio todos los hombres tienen que resucitar sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos; los que obraron bien, Irán a la vida eterna, mientras que los que obraron mal, irán al fuego eterno. Así, solo quienes se arrepientan podrán salvarse.

¿Cómo existe el infierno si Dios es bueno?

Es evidente que muchas personas no puedan entender, como es posible que un Dios tan bueno haya sido capaz de crear el infierno para castigar a sus hijos, esto es, como un Dios colmado de bondad para con los hombres, fue capaz de preservar un lugar terrible para la eternidad.

Se debe mencionar que aquellas personas que objetan la existencia del infierno en virtud de sus está es incompatible con el amor de Dios, poseen una concepción errada de lo que es la bondad; todo esto debido a que tan solo basta con tener un concepto verdadero de lo que es la bondad, para comprender que justamente por ser Dios un padre bueno en gran medida, tuvo que haber creado el infierno.

En este sentido, esas personas que sostienen tal creencia lo hacen porque piensan que la verdadera bondad es como una madre consentidora que aplaude todo lo que hace el niño mimado, por malo y perjudicial que sea para él mismo y para los demás. Ante esta situación, una madre realmente buena debe reprenderlo y castigarle, porque de lo contrario el niño va a ir creciendo siguiendo estos malos pasos.

Es pertinente destacar que la bondad verdadera pide justicia por sobre todas las cosas, el dar a cada quien según sean sus obras: al bueno el premio, y al malo el castigo. Por tal motivo, Dios da a una obra cuya maldad no tiene límite, un castigo igualmente sin límites. Es por ello que la bondad de Dios y su misericordia infinita no se manifiesta a través de una justicia infinita, sino perdonando al pecador que se encuentre realmente arrepentido, todas las veces que se arrepienta, por grave que sea la falta cometida.

En tal sentido, para poder perdonarlo Dios envió a su hijo para que pagara por el pecador, sufriendo atroces tormentos pero con la finalidad de dejar salvos a los hombres.

Por tal motivo, el mismo Jesús vino al mundo para advertirnos acerca de la existencia del infierno, para enseñarnos lo que deberíamos hacer para librarnos de él y de sus consecuencias. Formalizó la iglesia para que constantemente nos recordará sus enseñanzas, y todo ello por la bondad infinita que lo caracteriza.

Por ello es que, si a pesar de todos los esfuerzos no acatamos sus enseñanzas y no queremos arrepentirnos por nuestros pecados, Dios no nos va a perdonar, puesto que en primer lugar debemos reconocer nuestras faltas y arrepentirnos con el corazón entero.

Dios todopoderoso creó a todos los hombres para su bienaventuranza eterna, y al mismo tiempo les proporciona todos los medios necesarios para alcanzarla. Así, los hombres son libres de aprovechar estos medios o no, y de ser esta su decisión, se pierden y ellos solos tienen la culpa, pues se les dio la opción desde siempre. También hay que mencionar que Dios posee sabias razones para tolerar el mal que practican los malos en este mundo, ya que ellos son la causa de los merecimientos para aquellos buenos que son perseguidos por los malos.

Para explicarlo de manera más clara, si Dios no tolera el mal en la tierra, le quitaría entonces a los buenos la oportunidad de merecer por causa de los malos, lo que sería algo muy injusto. Aunado a ello, Dios le da a los malos la oportunidad de arrepentirse en reiteradas ocasiones, y si ellos no la aprovechan, es su culpa y no de Dios.

Es normal que ante tales afirmaciones se presenten contradicciones, dudas y más dudas; por ello es que existe tantas personas dedicadas a estudiar estas teorías y doctrinas, en aras de presentar un panorama claro acerca de la existencia del infierno y su justificación religiosa y espiritual.

¿Basta un solo pecado para condenarse?

No es extraño que muchas personas que viven alejadas de Dios piensen acerca de esto, si con tan solo un pecado se condenan a pasar una eternidad en el infierno, sin importar su magnitud. Al respecto, hay que aprender a identificar lo que es un pecado mortal, siendo éste considerado una ofensa grave que se le hace a Dios, de manera consciente y voluntaria.

Aún sabiendo esto, si la persona que comete esta ofensa a Dios se arrepiente y le pide perdón, él en su infinita bondad y misericordia lo va a perdonar; pero si no se arrepiente quiere decir que reniega de Dios, y por ende no le queda más remedio que ser enviado al infierno para pagar por lo que ha hecho.

Aunado a ello, la condición de un pecado mortal supone un estado de alejamiento de Dios, y quien llegase a cometerlo merece separarse de él. Es sumamente absurdo suponer que una persona que viva constantemente en un estado de gracia y amistad con Dios, sea capaz de cometer un pecado mortal. Si cae en un pecado grave no va a ser voluntariamente, y de ser así luego de haberlo cometido se arrepentirá de corazón.

En tal sentido, una persona que posee una habitual y perdurable amistad con Dios, se va a sentir arrepentida antes de cometer un pecado grave, al momento de cometerlo y después de haberlo hecho; por lo que no tardará en presentarse ante Dios para pedirle que la perdone.

Por ende, para ser capaz de cometer un pecado mortal y de permanecer en dicho pecado, se requiere de un alma muy perversa que con toda razón merece ir al infierno. Ahora bien, siendo el hombre como los es, un ser libre, puede negar lo más evidente inclusive la existencia de Diso; pero hay algo que no se puede negar y es la muerte, y de ninguna forma puede estar totalmente seguro de que no existe otra vida. Entonces es una gran necedad vivir como si esa realidad no existiera, pues sería un verdadero acto de estupidez.

A todas estas, lo cierto es que Dios nos creó con la intención de ser felices por toda la eternidad, ayudándonos por los méritos de la redención a alcanzar el cielo mediante su gracia, recompensando al cuento por uno las buenas obras que realizamos. Sin embargo, él no nos manda al infierno, pues somos nosotros mismos quienes tenemos la opción de elegir entre el bien y el mal, gracias a nuestro libre albedrío, y decidimos nuestro destino eterno.

Evidentemente este destino será la lógica consecuencia de la conducta y los actos que durante la vida fueron cometidos. Las opciones están dadas, nosotros elegimos el camino a seguir y luego hemos de soportar las consecuencias.

Conclusiones

Para librarnos del castigo del infierno después de la muerte, es necesario en primer lugar tener plena conciencia de su existencia, pues solo estando convencidos de que existe el infierno es que podemos ser capaces de temerle, y en tal sentido hacer lo correcto para no seguir ese camino de perdición. Es pertinente admitir que el infierno existe, está allí y se va a desplegar su fuego debido a los pecados cometidos en vida; pero existe también la manera de lucrarse de dicho castigo, y consiste en los siguientes tres aspectos:

  • Alejarse del pecado.
  • Huir de las tentaciones del pecado.
  • Vivir una vida cristiana.

Dichas soluciones se explican a continuación.

Alejarse del pecado

Lo primero que se debe hacer para evitar ser enviados al infierno, consiste en salir el estado del pecado, es decir, dejar de cometer pecados de una vez por todas. Para esto, lo más prudente es realizar una confesión completa y sincera acerca de nuestros pecados, con el propósito de corregirlos verdaderamente. Cabe destacar que esto puede significar varios sacrificios, pero si es para estar salvos y congraciarse con Dios, sin duda alguna va a valer la pena.

Huir de las tentaciones del pecado

Es necesario huir del peligro, es decir, alejarse de todo aquello que pueda conllevar a la comisión de pecados. Esto puede significar el alejarse de ciertas personas que solo incitan al pecado, costumbres, e inclusive bienes materiales. Se debe tener una actitud desprendida y despreocupada, para poder permanecer lejos del pecado y de esta forma ser salvos y evitar el infierno.

En este sentido, no es solamente dejar no permanecer en el pecado mortal, sino de no reincidir, no volver a caer en él. Para ello solamente existe una alternativa viable, que consiste en evitar las ocasiones de peligro. Un verdadero hombre cristiano, con sentido común, haría inmediatamente todo lo posible por alejar el pecado de su vida, y con esto evitar el ser enviado al infierno. Es un sacrificio que vale la pena realizar, en pro de alcanzar la vida eterna.

Vivir una vida cristiana

En el mismo orden de ideas, toda persona que quiera evitar a toda costa el infierno y sus castigos inminentes, no solamente busca evitar cometer el pecado mortal, sino también pretende llevar una vida buena, lejos del pecado, es decir, una vida cristiana.

Esta es una vida piadosa, que consiste en el estudio de la biblia y de la palabra de Dios, todo lo cual de seguro va a proporcionarle las herramientas a toda persona, para que se aleje de lo malo y entonces poder agradarle a Dios. Del mismo modo, puede estar en capacidad también de alejar a otros de sus pecados y tormentos, es decir, ganar más almas para cristo.

Una vida Cristiana le va a garantizar a las personas una vida libre del pecado mortal, siempre y cuando se tenga la suficiente conciencia y responsabilidad para interpretar inteligentemente las escrituras, y al mismo tiempo prestarle atención a las advertencias allí señaladas.

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