¿Son los sacramentos de iniciación, un invento de la Iglesia? Definitivamente no, los dejó Jesús como tarea a sus apóstoles para que fueran garantes de su cumplimiento y Cumplen la función de entregarnos la gracia de Dios. Si necesitas información confiable sobre los sacramentos de iniciación cristiana, cuales son, para niños te invitamos a visitar este artículo.
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Los Sacramentos de iniciación religiosa
Antes de iniciar propiamente con el desarrollo de este tema que apasiona a muchos, es necesario que se hagan algunas consideraciones previas que nos permitirán tener más noción de lo que son los rituales que estipula la iglesia Católica para recibir la gracia de Dios. Muy brevemente nos referiremos a que son los sacramentos y para que qué son importantes.
¿Qué es el sacramento?
Los sacramentos son aquellos mediante los cuales se expresa Jesús por la gracia divina, para perdonar todos nuestros pecados. Es él quien los estableció para que permanecieran al resguardo de la iglesia.
Se puede hacer una explicación de esto con un ejemplo de la cotidianidad, es decir, supongamos que tenemos deficiencia de algún nutriente en nuestro cuerpo, entonces nuestro médico, nos indicará una dieta que contenga alimentos ricos en ese nutriente que tenemos en muy baja proporción en nuestro organismo. Tal cual sucede con los sacramentos, cuando los recibimos a través de ellos estamos recibiendo la gracia de Dios.
Los Obispos y Sacerdotes son los facultados por la iglesia para administrar los sacramentos, y el primero que recibimos para librarnos del pecado original y considerarnos como hijo de Dios es el bautismo.
Elementos presentes en el sacramento
- El sujeto, es la persona que lo recibe
- Materia, son los elementos naturales a través del cual se administra. Estos son el agua para el bautismo, el santo oleo en la confirmación y la hostia para la eucaristía.
- La forma, es lo que está escrito que debe expresar el sacerdote para que llegue la gracia de Dios.
- Ministro, es la persona investida de autoridad por parte de la iglesia para administrar el sacramento.
- Efectos, es lo que produce recibir el sacramento.
Sacramentos de iniciación cristiana
La iniciación cristiana simplemente es el cumplimiento de ciertos procesos y rituales que son exigidos por la iglesia, con los que se busca que la persona pase de una condición a otro estado dentro de la religión. Es decir, es el proceso mediante el cual nos convertimos o transformamos en cristianos.
Cuando un niño o adulto hace ese tránsito, entre la vida en pecado original hacía la inclusión como miembro de la comunidad cristiana, se ve transformado en su interior y comprometido en la fe de poder y querer vivir como hijo de Dios. Esta transformación es gracias al bautismo que lo convierte en parte de la comunidad cristiana, con la confirmación se logra que obre por el bien de la comunidad que le da cobijo y alimenta su alma y espíritu, a través de la eucaristía.
Con el rito de la iniciación el cuerpo es lavado para que pueda haber una efectiva purificación del ama; se consagra el alma mediante la utilización de los santos oleos y por último el alma se alimenta y sacia su sed con la sangre de Jesús, gracias a la eucaristía.
Ritos de iniciación, ¿sólo para católicos?
El ritual de iniciación no es exclusivo de la religión católica, lo podemos encontrar en la mayoría de las religiones, eran muy comunes este tipo de rituales en las culturas primitivas. Es muy fácil suponer que muchos de nuestros rituales cristianos, sean producto de una serie de adecuaciones de esas antiguas prácticas, y que nuestra iglesia las fue adaptando para que fueran cónsonas con la palabra de Dios.
Necesariamente la iniciación cristiana, no va cronológicamente a la etapa de pubertad como en otras culturas, en donde al varón para considerarlo dentro de su comunidad como un adulto, antes debe alcanzar la edad de madurez. Tal es el caso que sin ser adolescentes no son sometidos a pruebas para ser considerados como guerreros, no podrán tener esposa, no tienen participación en las reuniones de la tribu, entre otras.
En la religión católica existen dos modalidades de iniciación: para niños y adultos.
Iniciación para niños
Es la preparación de aquellos niños que recibieron a Cristo, a través del bautismo siendo apenas unos bebés. Estos niños deben pasar por un estudio de la catequesis, acompañados de los sacramentos de la eucaristía y la confirmación, durante toda su infancia y la adolescencia.
Iniciación para adultos
Está diseñado y dirigido para aquellos adultos mayores de edad, es decir todos aquellos cuya edad supere los 18 años, y que hayan sido bautizados o no siendo aún muy pequeños. Consiste una preparación que aborda el conocimiento de la palabra de Dios, el verdadero significado de ser católico y un profundo despertar del lado espiritual de cada creyente.
El sacramento del bautismo
Para poder cumplir con este rito católico, es necesario que la persona que va a recibir la gracia de Dios sea sumergida en agua o en su defecto, sobre su cabeza le sea derramado un chorro de agua, y al compás de esto se clame en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Con el sacramento del bautismo, se nos perdona el pecado original, además de todos aquellos pecados veniales que hayamos podido cometer antes de recibir la gracia de Dios. Como a todo el que recibe el sacramento del bautismo también recibe el sello de aprobación de Jesús, esta condición viene acompañada con la posibilidad de poder hacer vida con la Santa Trinidad, con Jesús y la iglesia y las virtudes teologales.
Principio del bautismo
A través de los sacramentos de iniciación, y en especial este sacramento, es por el cual, todos nacemos a una vida guiada por la palabra de Dios, con la invocación de la Santísima Trinidad que actúa con la intersección del agua bautismal.
Para todo creyente el bautismo es el sostén de una vida fundamentada en el cristianismo, es la entrada a la convivencia con la espiritualidad, y nos da la llave de acceso para obtener el resto de los sacramentos de iniciación. A través del bautismo, obtenemos la gracia de ser libres de pecado y transformados como verdaderos hijos de Dios, incorporándonos activamente a la iglesia, y participes de su misión evangelizadora, (Catecismo de la Iglesia 1213).
Este sacramento debe su nombre a que el elemento que se emplea para desarrollar este rito de la iglesia es el agua. Su nombre se deriva de la palabra griega “baptizein”, que quiere decir sumergir o introducir dentro del agua. Cuando se sumerge bajo el agua al cristiano, se concreta la muerte de todo pecado, y la resurrección con Él para obtener una nueva vida, en común unión con la iglesia y la fe en Dios.
“para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra”
Efesios 5:26
Textos donde establece el bautismo
En los textos bíblicos podemos encontrar ideas anticipadas de este hecho religioso, y de cómo el agua es protagonista inseparable del ritual del bautismo, que forma parte de los sacramentos de iniciación cristiana. Como, por ejemplo, cuando se relata la bendición del agua bautismal, en la Vigilia Pascual.
En el libro de Génesis en su capítulo 2 y los versículos del 4 al 6, se nos menciona como el agua es fuente de toda la vida y propicia la fecundidad de plantas y animales sobre la tierra. Dios ve que todo esto es bueno para poder continuar con la creación de un entorno propicio para que el hombre hecho a su semejanza pudiera poblar la tierra.
“Desde aquí se originaron los cielos y la tierra cuando fueron creados, es el día en que Dios hizo la tierra y los cielos”
“y a toda planta del campo antes que germinara su semilla en la tierra, y toda hierba del campo antes que prosperara; porque aún Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había quien pudiera labrar la tierra”
“solo subía al cielo desde la tierra el vapor de agua, que regaría toda la faz de la tierra”.
Génesis 2:4-6
En Pedro 3:20-21, se hace mención a otras de las ideas anticipadas de los hechos bíblicos, cuando se refiere al arca de Noé y como unos pocos fueron salvados a través del agua.
“aquellos que anteriormente no fueron capaces de obedecer la palabra de vida, cuando tenían que esperar con mucha paciencia confiando en Dios en los tiempos de Noé, mientras se este se dedicaba a construir el arca, en cuya embarcación muy pocas personas, en realidad, ocho, pudieron ser salvadas por agua”.
“El rito del bautismo que corresponde a esto ahora nos salva, no solo nos limpia de las suciedades de la carne, además es fuente de aspiración para tener un mayor entendimiento hacia Dios,
por la resurrección de Jesucristo”
Pedro 3:20-21
También podemos ver como el agua ha obrado como desencadenante de liberación, cuando leemos el relato de lo ocurrido cuando se dispone el pueblo de Israel quienes eran esclavos de Egipto, a pasar a través del Mar Rojo. Aquí se anuncia la liberación por la intermediación del bautismo, ya que entran al agua siendo esclavos y salen de ella como hombres y mujeres libres.
Las anunciaciones del poder del agua como elemento liberador, tienen su pico más alto en su accionar en Jesús, cuando recibe por parte de Juan el Bautista, la bendición a través del bautismo, uno de los sacramentos de iniciación, que se destinaba para liberar a los hombres del pecado. Sin embargo, Jesús sin tener pecado alguno, se sometió a cumplir con el rito para hacerle honor a toda justicia, el Espíritu Santo desciende sobre él y el Padre anuncia que Jesús es su amado hijo.
“Jesús le dijo, deja porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó”.
“Y Jesús, después haber sido bautizado, salió luego del agua; y después el cielo se abrió a todo su ancho y una vez abierto, pudieron ver al Espíritu de Dios que descendía en forma de una paloma, y se posó sobre él”
“Y se escuchó una voz que provenía del cielo, y dijo: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.
Mateo 3:15-17
Otra demostración del poder del bautismo lo observamos en lo escrito referente al hecho de la resurrección de Jesús, en donde les confiere a sus apóstoles la misión de recorrer la tierra, para que bautizaran a las personas y los libraran del pecado.
“Y Jesús se les acercó y con voz sutil, pero con firmeza les dijo: Me ha sido entregada toda la potestad, en el cielo y en la tierra”.
“Es por ello, que deben ir y convertir a todas las personas de las naciones que visitaran, a través del bautismo en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”
Mateo 28:18-19
Desde el día de Pentecostés, es decir desde la venida del Espíritu Santo, la Iglesia se ha encargado de administrar el bautismo, como lo fue enseñado por Jesús. También San Pedro, en ese día hace un llamado para que se conviertan a Cristo y se bauticen para que puedan obtener el perdón de todos sus pecados. Y además en el Concilio de Trento, se hace la declaración del bautismo como una doctrina de fe y el cual fue instituido por Cristo.
El bautismo como única salvación
El mismo Dios afirma que es a través del bautismo que estamos ganados para recibir un pase a la salvación.
“Es muy cierto lo que les digo, quien nazca en la fe a partir del agua y del Espíritu, tendrá abierta la puerta al reino de Dios. Quién no lo hiciera, no será merecedor de mi reino”
Juan 3:5
Por tal razón le hace un exhorto a sus discípulos para que recorrieran todas las naciones, y evangelizaran y bautizaran a todos.
“Y Jesús se les acercó y con voz sutil, pero con firmeza les dijo: Me ha sido entregada toda la potestad, en el cielo y en la tierra”.
“Es por ello, que deben ir y convertir a todas las personas de las naciones que visitaran, a través del bautismo en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”
Mateo 28:18-19
Esta es lo que motiva a afirmar que los ritos de los sacramentos de iniciación, y en especial el del bautismo, tiene vital importancia para todos aquellos a quienes les fue anunciado a través del evangelio, su salvación.
“Quien fura capaz de creer y sea bautizado, será salvado del pecado. Pero si no creyera, pues no tendrá más opción que ser condenado”
Marcos 16:16
Jesús, camino de vida eterna
Como Jesús es el único camino válido para alcanzar la vida eterna, ninguno puede ser salvado, sin haber recibido los sacramentos de iniciación, entre ellos el del bautismo. Como toda norma tiene sus excepciones, en ocasiones nos encontramos ante situaciones que, por diversas razones extraordinarias, en que la persona que no pudo recibir esta gracia en su determinado momento, puede recibir el bautismo de agua a través de las siguientes formas:
Sacramentos de iniciación, Bautismo de deseo
Se le conoce como Bautismo de deseo, a aquel se obtiene como resultado de una petición explicita de un adulto, que pide o manifiesta su deseo de ser bautizado, y este muere antes de poder recibir los sacramentos de iniciación, y este debe estar acompañado del arrepentimiento.
Aquellos que aún no tienen la dicha de haber conocido la revelación, a través de la palabra de Dios, y se encuentran arrepentidos, en el cumplimiento de la ley natural, pueden obtener su salvación mediante la celebración del ritual del bautismo de deseo. Es importante que tengamos presentes, que Dios desea profundamente que todos, absolutamente todos sus hijos sean salvados y que sean alcanzados por su infinita misericordia.
Bautismo de sangre
Es aquel tipo de bautismo reservados para aquellas personas que mueren producto del martirio sufrido, por haber confesado su fe cristiana o por haber vivido bajo las prácticas de la virtud cristiana.
Para aquellos niños que han muertos sin haber recibido el bautismo, la Iglesia los pone en las manos de la misericordia divina, y le sea conferido el acceso a una vida eterna.
“Dios desea que todos sus hijos obtengan la salvación, conozcan y se acerquen a la verdad”.
“Sólo hay un Dios, y un solo interlocutor entre Dios y los hombres, y ese es Jesús hombre”
Timoteo 2:4-5
Jesús tiene un especial cariño para con los niños, lo cual permite tener la certeza de que efectivamente hay un camino de salvación de los infantes que fallecen si haber cumplido con el ritual que está establecido para los sacramentos de iniciación, como lo es el del bautismo.
“Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”
Marcos 10:14
Sacramentos de iniciación: La Eucaristía
La eucaristía no es otra cosa que el sacrificio del cuerpo y de la sangre de Jesús, que fue instituido para que fuera perpetuado a través de los siglos, hasta su segunda venida. Confiando a la Santa Iglesia, el memorial de su sacrificio en la cruz, su muerte y su resurrección.
Es por tanto un signo inequívoco de la unidad, el vínculo con la caridad y parte del banquete pascual, con el cual se recibe a Jesús, llenando nuestras almas con la gracia de Dios, dándonos la posibilidad de tener una vida eterna.
Jesús estableció la eucaristía el jueves santo, durante la celebración de la última cena con sus apóstoles, la eucaristía es el punto máximo de toda vida bajo los preceptos cristianos. Cuando celebramos este acto nos unimos a la liturgia y nos encaminamos hacia la vida eterna, la iglesia ha sido fiel a este mandato, por eso celebra siempre la eucaristía, en especial el domingo, día de la resurrección de nuestro señor Jesús.
“Yo recibí del Señor lo mismo que les transmití a ustedes: Que el Señor Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó pan”
“y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este pan es mi cuerpo, que por ustedes entrego; hagan esto en memoria de mí”
“De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que beban de ella, en memoria de mí”
“Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga”
Corintios 11:23-26
Para celebrar el desarrollo de la eucarística, se debe tener consideración que esta puede darse en dos momentos a saber:
- La liturgia de la Palabra
Esta comprende la proclamación y el poder escuchar de la palabra de Dios.
- La liturgia eucarística
La observamos cuando es presentado por parte del ministro de la iglesia, el pan y el vino, además de las plegarias eucarísticas, que se acompañan con las palabras de la consagración, y la comunión.
Jesús se hace presente en la eucaristía de un modo verdadero y real, a través de su cuerpo y de su sangre, con plena alma y divinidad. El hijo de Dios, por completo, en la conjunción de Dios y hombre, se presenta en el ritual de manera sacramental, esto quiere decir, que se anuncia bajo las formas eucarísticas del pan y del vino. Cuando se fracciona el pan en ningún momento se produce una división del cuerpo de Cristo, ya que Él está presente de forma íntegra en cada parte de la eucaristía.
A los sacramentos de iniciación, en especial al del sacramento de la eucaristía, es necesario que se le rinda culto como si estuviese rindiéndole culto al mismo Dios, durante todo el desarrollo de celebración eucarística. Todos los creyentes están en el deber de participar activamente en la santa misas de los domingos y al resto de las fiestas convocadas por la iglesia.
La comunión es necesario que se reciba por lo menos en el día de Pascua, y para poder recibirla debemos estar previamente preparados bajo la gracia de Dios, no tener conciencia de pecado mortal y ser un participante activo de la Iglesia Católica.
Menciones que se hacen en las escrituras de este sacramento
Se pueden encontrar varias menciones en el antiguo testamento, de este ritual como parte importante de los sacramentos de iniciación cristiana.
Uno de estos episodios es la referencia que se tiene de como el pueblo de Israel se alimentó del maná, durante su peregrinar para atravesar el desierto.
Lluvia de panes
“Toda la comunidad israelita partió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí. Esto ocurrió a los quince días del mes segundo, contados a partir de su salida de Egipto”
“Allí, en el desierto, toda la comunidad murmuró contra Moisés y Aarón: ¡Cómo quisiéramos que el Señor nos hubiera quitado la vida en Egipto!, les decían los israelitas. Allá nos sentábamos en torno a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. ¡Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad!”
“Entonces el Señor le dijo a Moisés: Voy a hacer que les llueva pan del cielo. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria. Voy a ponerlos a prueba, para ver si cumplen o no mis instrucciones. El día sexto recogerán una doble porción, y todo esto lo dejarán preparado”
“Moisés y Aarón les dijeron a todos los israelitas: Esta tarde sabrán que fue el Señor quien los sacó de Egipto, y mañana por la mañana verán la gloria del Señor. Ya él sabe que ustedes andan murmurando contra él. Nosotros no somos nadie, para que ustedes murmuren contra nosotros”
Éxodo 16:1-7
Otro evento a resaltar que forma parte de la historia bíblica es el sacrificio que hizo el rey y sacerdote Melquisedec, quien hace una ofrenda en acción de gracias por la victoria de Abraham, y ofrece el pan y el vino.
“Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abraham del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abraham los diezmos de todo”
Génesis 14:18-20
La entrega y obediencia de Abraham, lo podemos observar en el relato bíblico, en donde él está dispuesto a sacrificar a su único hijo, para cumplir con los designios de Dios.
“Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su único hijo. Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Aquí estoy. Y el ángel dijo: No extiendas tu mano en contra de tu hijo, ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.”
Génesis 22:10-12
De igual manera se menciona a la eucaristía, con un matiz profético en el antiguo testamento, por Salomón en el libro de los Proverbios. En este se les ordena a todos los criados, para que acudan a comer y beber del vino que les había preparado. Hecho muy similar lo relatan del profeta Zacarías, cuando menciona lo del trigo de los elegidos y del vino que purifica.
“La Sabiduría construyó su casa, erigió sus siete columnas, ha preparado un banquete, mezcló el vino y dispuso su mesa. Ha llamado a sus criados, y sobre lo más alto de la ciudad clamó, diciendo: Vengan acá, y a los que no creen les dijo: Vengan, coman de mi pan y beban del vino que he preparado”
Proverbios 9:1
El mismo Jesús, después de haber multiplicado los panes, anuncia su presencia real en Cafarnaúm, cuando dice: Yo soy el pan de vida, y quien me coma vivirá para siempre, pues el pan que le daré es mi propia carne, para otorgar la vida del mundo.
“Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el[a] que baja del cielo, y da vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”
“Pero ya os dije que, aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”
Juan 6:32-38
La eucaristía se declara como una verdad de fe por el Concilio de Trento, además de considerarla como un verdadero y fiel representante del sacramento de iniciación, ya que, por intermedio de ella, se pueden hacer presente los signos externos: materia con la presencia del pan y el vino; la forma con el conferimiento de la gracia de Dios, y por último la institución por Jesús.
Jesús es muy claro en afirmar y ordenar que quien desee gozar de vida eterna, debe celebrar y regocijarse en los sacramentos de iniciación, y en especial el ritual de la eucaristía, y recibir su cuerpo en el nuestro. Expresa, que hay que comer y beber su sangre para lograr nuestra salvación.
“El que coma de mi carne y beba de mi sangre, tendrá vida eterna; y yo le resucitaré en el día siguiente”
Juan 6:54
Sacramentos de iniciación: La Transubstanciación
El término transubstanciación tiene un trasfondo filosófico, el cual intenta dar una explicación de cómo el pan y el vino, pueden transformarse en el cuerpo y la sangre de Jesús, sin que se pierda su apariencia externa. La presencia de Cristo es real, de eso no puede haber cuestionamiento, es una verdad que nos fue revelada miles de años atrás. Pero esta afirmación como un dogma resulta incoherente con la razón.
La Iglesia afirma que, a través del sacramento de la Eucaristía, se genera una especial y maravillosa transformación de toda la esencia del pan en el cuerpo de Jesús, y de toda la esencia del vino se convierte en la Sangre. Tal conversión es lo que la Iglesia denomina como transubstansiación, que es una parte de los sacramentos de iniciación religiosa.
El fundamento de la transubstansiación, presupone el cambio que se produce cuando se pronuncian las palabras en la consagración en la misa, y mediante las cuales el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, pero que se mantienen las formas de como vemos al pan y al vino.
Evidentemente que, por fe, se transforma la esencia de estos dos elementos como son el pan y el vino, y se nos presenta de manera real Jesús, aunque no podamos verlo. Esto es gracias a la intervención divina de su Padre, nuestro Creador.
La Confirmación
Ya desde la antigua alianza, fue anunciado por parte de los profetas que el Espíritu Santo posaría sobre la cabeza de mesías, y que este hecho sería esperado por todos los pueblos. Toda la vida y el propósito de Jesús, transcurre en una unión perfecta con el Espíritu Santo. También los apóstoles recibieron al Espíritu Santo el día de pentecostés, y dieron el anuncio de todas las maravillas de Dios.
Durante todos estos siglos que antecedieron a nuestra historia actual, la Iglesia ha permanecido en comunión con el Espíritu y desarrollado estrategias que le permitan transmitir el mensaje y pueda ser transferido a sus hijos.
“Cuando hubo llegado el día de Pentecostés, estando todos reunidos en el mismo lugar. De improviso, salió del cielo un ruido como si fuera una fuerte ráfaga de viento y por completo llenó toda la casa donde se encontraban reunidos. Se les hicieron presente entonces unas lenguas como de fuego que se dividieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse”.
Hechos 2:1-4
¿Por qué se le llama confirmación?
A este ritual que forma parte de los sacramentos de iniciación cristiana, se le conoce como confirmación, ya que hace una confirmación y refuerza la gracia bautismal. El rito esencial consiste en la unción en la frente del creyente, con el santo crisma, que va en conjunto con la imposición de manos, que hace el sacerdote al pronunciar las siguientes palabras:
“Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”.
El efecto que produce la confirmación en el individuo, es la especial muestra de alegría del Espíritu Santo, la cual imprime en el alma un carácter sacramental y un crecimiento bajo la gracia bautismal. Se fortalecen los dones de Espíritu Santo y se afianza la unión entre Cristo y la iglesia.
El ritual de la confirmación solo puede ser recibido una sola vez, y el requisito para poder obtenerla es haber recibido sacramentos de iniciación del bautizo. Para que este pueda recibirse con frutos y estar bajo la gracia de Dios. Los facultados para realizar el rito de la confirmación son los Obispos, aunque esta puede ser delegado a un sacerdote, si fuere necesario.
Es a partir de la Confirmación que nos convertimos en cristianos verdaderamente maduros, y estamos preparados para poder llevar una vida cristiana perfecta y más activa. Por lo tanto es el sacramento de la madurez cristiana y que nos hace capaces de ser testigos de Jesús.
Sacramentos de iniciación, fundamentos de la confirmación
El sacramento de la confirmación de acuerdo al Concilio de Trento, lo declaró como un sacramente que instituyó Jesús. Hecho que fue rechazado por los protestantes, argumentando que no se precisaba la fecha exacta de su institución. Como católicos estamos convencidos de que Jesús lo instauró, ya que sólo Dios es el único que puede dar la gracia a un signo externo.
Si se hace una revisión exhaustiva en el antiguo testamento, podemos encontrar numerosas citas de parte de los profetas, de cómo el Espíritu Santo pudo obrar, en la época del mesías, además del anuncio por parte del mismo Jesús, sobre la venida del Espíritu Santo para concluir su obra. Tales anuncios nos hacen ver que se hablaba a un sacramento distinto al bautismo.
Relatos en el nuevo testamento, nos hacen ver que los apóstoles, siguiendo la voluntad de Jesús, recorrían los poblados e iban imponiendo las manos, comunicando el don del Espíritu Santo, para complementar la gracia del bautismo.
“Los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo”
“Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”.
“Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo”
“pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús”
“Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”
“Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu, les ofreció dinero diciendo”
“Dadme a mí también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos”
“Pedro le contestó: Vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero.”
Hechos, 8:14-20
La confirmación en la primera iglesia
Se dice que, en la primera iglesia, los tres sacramentos de iniciación como lo son el bautismo, la confirmación y la eucaristía, eran celebrados en una misma ceremonia con la presencia de adultos que estudiaba la catequesis en la Vigilia Pascual.
A cada sujeto de instrucción se le hacía descender a una fuente en la que eran bautizados, invocando el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Una vez concluido la inmersión en agua, les indicaban que debía ascender y era vestido de blanco, y a continuación el obispo le hacia la imposición de manos y los ungía con el santo crisma. Luego debía ir en procesión a un lugar dispuesto en el medio de la comunidad, y en donde debía participar en la eucaristía por primera vez.
El hecho de hacer la separación de la unción por parte del obispo, del ritual de sacramentos de iniciación del bautismo, se originó por múltiples razones en la Iglesia de occidente. Una de estas razones de que se produjera tal separación se debió a la proclamación del emperador romano Constantino, declarando al cristianismo como la religión oficial del Estado, este hecho ocurrió en el siglo IV.
El cristianismo se fue extendiendo desde las grandes ciudades, hasta los campos rurales. Generando con esto, que para los obispos les fuera imposible presidir cada uno de los bautismos, debido a las cuantiosas obligaciones como parte del gobierno de la Iglesia. Es por ello que se delegó en los sacerdotes el desarrollo de los sacramentos de iniciación, y se reservó para ellos solo la unción del óleo e imposición de manos.
Teología de la confirmación
El sacramento del bautismo formaba parte del don inicial del Espíritu, mientras que, la confirmación se consideraba el sacramento de la plenitud total del Espíritu con sus siete dones. En tiempo de la Edad Media, fue muy común que el ritual de sacramentos de iniciación de la confirmación se llevara a cabo en la edad de la adolescencia, cambiando con esto una costumbre antiquísima de celebrarlo en la infancia.
Los teólogos tenían la percepción y comenzaron a enseñar, que la confirmación correspondía al sacramento de la madurez. Aquellos que la recibían eran considerados, lo suficientemente adultos como para disfrutar de una vida religiosa activa y responsable. Quien recibía el sacramento de la confirmación, recibía una gran fortaleza en el crecimiento de los dones del Espíritu para combatir, padecer y morir por la fe.
La confirmación en la actualidad
Hay persiste el ideario de que el sacramento de la confirmación, es sinónimo de la madurez. No obstante, contar con este sacramento no da por sentado que la persona, ya se encuentre lo suficientemente maduro y consolidado en la fe. Tampoco quiere decir que la unción con el crisma, genere de manera instantánea tal madurez. La transformación en la fe es un proceso, que se produce de manera gradual, y que, a través de la confirmación, se le da más fortaleza.
En la actualidad la iglesia ve a la confirmación, como un sacramento que está íntimamente ligado con el del bautismo y la eucaristía. Cuando estos tres sacramentos de iniciación se entrelazan, conforman un sendero a través del cual Espíritu Santo, guía al creyente a la plena vida con la comunidad cristiana.
La confirmación no es una porción que completa el bautismo, ya que este nunca quedó incompleto. Por el contrario, los dos sacramentos se encuentran unidos, en el proceso de iniciación cristiana.
La Confirmación festeja la plenitud del Espíritu Santo dentro de la Iglesia. El mismo Espíritu de Jesús, ese mismo que fue capaz de transformar a los apóstoles, desciende sobre los miembros de la Iglesia. De acuerdo con los preceptos actuales de la iglesia, a través de la confirmación, cada uno de los católicos son insertados de manera perfecta en la Iglesia, y se comportan como verdaderos hijos de Jesús, comprometidos con la multiplicación de la palabra, como agente evangelizador.
Sacramentos de iniciación en el Nuevo Testamento
La terminología teológica que los Sacerdotes emplearon para hacer mención a los ritos cristianos fue el de Mysterion, el término latino Sacramentum es una traducción de la Biblia hebrea y griega al latín (Vulgata), que se encomendó a Jerónimo de Estridón, en el año 382 después de Cristo.
La expresión Mysterion suele asociarse a la divinidad y sus secretos, como también a los consejos que debemos seguir para afrontar cuando se dé el momento del juicio final. En las escrituras del evangelio lo encontramos en Marcos 4:11
“Y les dijo: A ustedes les he dado a conocer el misterio del reino de Dios; y también a los que están afuera, por parábolas se las he mostrado”
San Pablo en sus cartas emplea término Mysterion en un gran número de veces, para hacer resaltar el plan de salvación de Dios, y que sería culminado por su hijo Jesús. Con la concreción del final de la historia, por la sencilla razón de que no hay posibilidad de que se dé una alianza nueva.
La Iglesia Católica le da otro matiz a los pasajes bíblicos, abordando la idea de que, en la justa medida que sus creyentes participen de esta salvación y sean miembros activos de la iglesia. Por otro lado, el Mysterion o sacramentos de iniciación, son las señales que envía la voluntad divina, para que todos seamos salvados por la intermediación de la Iglesia.
Sacramentos de iniciación a través de la historia
Historia griega
- Periodo comprendido entre los siglos I y II
Entre los siglos I y II, se encuentra escritos que refieren la palabra Mysterion, aludiendo a un “hecho de salvación”. Tal es el caso de uno de los padres de iglesia como lo fue San Ignacio de Antioquía, quien afirma que le Mysterion son todos aquello hechos que persiguen la salvación, de la vida de Cristo. Por otro lado, San Justino hace uso del término Mysterion, para referirse a las figuras proféticas que aparecen en el antiguo testamento.
- Padres Alejandrinos, siglo III
El Mysterion o sacramento en este periodo en particular, nos hace ver que existe una relación no revelada entre la imagen y el modelo originario, que es dado a conocer a quien participa del ritual de iniciación, a través de una enseñanza. Es así, como se han venido aplicando los ritos cristianos y las acciones de salvación de los hombres, siempre bajo la tutela de Dios.
San Agustín definió el origen de la teología sacramental, como: el signo es todo aquello que se puede encontrar en una realidad tangible, que es capaz de enlazarse con la realidad que sabemos que existe, pero que no podemos tocar.
- Siglo IV y V
Motivado a la perdida de vigencia de los no bautizados, se fue incrementando el empleo de la palabra mysterion, ya que no había cabida a que se prestara a la confusión con los ritos gnósticos, es decir, esa mezcla de creencias cristianas y judaicas. San Atanasio emplea el término, para darle sentido al propósito de salvación, que se realizó en la antigüedad y que actualmente se celebra en la liturgia.
Los obispos Basilio el Grande y Gregorio de Nisa, como también el teólogo Gregorio Nacianceno, hacen énfasis en como la divinidad interviene en el mundo. Es así, como el propósito de salvación se reparte en los tres hechos más importantes de esa elevación, como lo son: la encarnación, el pentecostés y la eucaristía.
Muy frecuentemente la palabra mysterion es empleada por el patriarca de Constantinopla Juan Crisóstomo, para hacer alusión a todos los ritos cristianos. El obispo griego Cirilo de Jerusalén relaciona el término mysterion, con el acto de salvación que es realizado por Dios, a través de Cristo cuando se celebra la liturgia, es por esta razón que sus catequesis mistagógicas, es decir la introducción de los fieles a la vivencia de los sacramentos de iniciación: el bautismo, la confirmación y la eucaristía.
Para el teólogo bizantino Pseudo Dionisio Areopagita, las creencias de que el mysterion o sacramentos son afines a los ritos propios de la Iglesia, se convierten en algo metódico. Iniciando con las acciones que se originan en los rituales, y que, a través de la invocación de la iglesia, al Espíritu Santo, con la venia de la gracia salvadora de Dios, ésta actúa sobre las personas, también hace una identificación de tres aspectos súper importantes del término mysterion a saber:
- Consagraciones, que agrupan al bautismo, la eucaristía y la confirmación.
- Los consagrantes, los cuales son: los obispo, sacerdote y el diácono.
- Consagrados, pertenecen a las ordenes inferiores, los purificados o los monjes.
Historia latina
- Durante el siglo III
A lo largo de este siglo, fue muy común que se empleara el término sacramentum en sustitución de la palabra mysterion. Tertuliano también conocido como uno de los padres de la iglesia, y partiendo del conocimiento jurídico que se tenía, le dio una aplicabilidad al término sacramentum, de carácter religioso y pudiéndolo aplicar al bautismo. A criterio de Tertuliano, en el bautismo se produce un pacto entre Dios y quien recibe el sacramento.
- Sacramentum en los siglos IV y V
Durante este período, fue muy común que se emplearan las expresiones sacramentum y mysterion, dándole el mismo valor fonético, en relación a como se emplea para los actos litúrgicos de la Iglesia. El obispo y teólogo Ambrosio de Milán, se encargó de llevar un poco más el término, haciendo reflexiones que no tuvieron mucha acogida con sus pares contemporáneos. Él comprendía el término sacramentum como una acumulación de los hechos de la salvación y del encuentro con Jesús.
San Agustín de Hipona reflexionaba respecto al término, y expresó que este se utilizaba para resaltar los ritos que eran apropiados por el pueblo, como también aquellos que eran elegidos por la Iglesia. También se apropia del término para referirse a las figuras o signos del Cristo, que se mencionan en el antiguo testamento.
Sacramentos de iniciación y la Filosofía escolástica
La escolástica es una corriente filosófica y teológica que tuvo gran relevancia durante el medioevo, se concretó en integrar la razón y la fe. Gracias a este movimiento, se pudo consolidar a todas las corrientes religiosas. Para la escolástica, el pensamiento tenía que estar subordinado al principio de autoridad.
Después de que se produjera la invasión germánica durante la Edad Media, la filosofía que servía de fundamento para la reflexión de los sacerdotes, se vio afectada grandemente y perdiendo mucha de su influencia. La percepción que se tenía del término mysterion, solo quedó reducido al ámbito de la verdad que fue revelada y que demanda una aprobación de la fe.
El sacramento quedó para señalar un signo en concreto, a través, del cual puede actuar Dios. A medida que la percepción del referente religioso empezó a perder relevancia en el conocimiento del ser y solo se empleaba meramente referencial, se vio afectada la comprensión holística de la doctrina, referente a la existencia verdadera de Jesús en la eucaristía.
La asamblea de Trento
La asamblea de Trento o concilio de Trento, fue una asamblea ecuménica de la Iglesia católica, que tuvo lugar entre los años 1545 y 1563. Se llevó a cabo en Italia en una ciudad llamada Trento, de allí el nombre que se adoptó. La razón para que se convocara este concilio, fue para dar respuestas a las reformas de los protestantes, y aclarar ciertos y determinados asuntos de la doctrina católica.
La Reforma
Para la teología reformista, hay una negación total de lo útil que pueden ser los sacramentos de iniciación, en concordancia con la gracia, ya que a esto lo consideran básicamente como a una práctica del ser humano, que no trasciende más allá de la acción divina, tal afirmación se fundamenta en las escrituras bíblicas que de manera explícita no refieren que los sacramentos sean otorgados, específicamente de esa manera.
El fraile católico agustino Martín Lutero, era un acérrimo defensor de que los sacramentos se constituían en agentes multiplicadores de la fe, que permite el crecimiento de la creencia de quienes no han podido obtener la salvación. Los símbolos cristianos, indistintamente de cuales sean, jamás serán capaces de sustituir la fe. Esta percepción que se tuvo del sacramento, logró que se redujeran a dos, y se les denominó Ordenanzas, estos eran el bautismo y la comunión.
Ordenanzas
Los protestantes y evangélicos, tienen la noción de que las ordenanzas son solo representaciones simbólicas del legado de Cristo, en su mensaje del evangelio. Es decir, Cristo vivió, tuvo que morir, para luego resucitar entre los muertos, subió al cielo, y muy pronto ha de volver.
Estas ordenanzas son establecidas gracias a tres factores:
- La instituyó Cristo.
- Les fue conferido el conocimiento a los apóstoles.
- Se practicaron por la iglesia primitiva.
El Concilio de Trento
La asamblea de Trento, se dedicó por completo a abordar la temática de los sacramentos. Si bien es cierto que, no generaron un concepto definitivo de lo que son los sacramentos, establecieron la expresión: de que es la “forma visible de la gracia invisible”. En otro orden de ideas, concretaron el establecimiento de siete sacramentos y la aceptación de que los sacramentos fueron instituidos por Jesús.
También quedó establecido hasta el día de hoy, que los sacramentos de iniciación eran tres, y que solo a través de ellos le eran otorgados al creyente toda la firmeza de la fe, y que, por lo tanto, solo podía recibirse una vez. Estos sacramentos son el del bautismo, la confirmación y la eucaristía.
La Contrarreforma
Los teólogos proponentes de la Contrarreforma, abordaron los temas de cómo definir al sacramento, la manera en que la gracia actúa de manera causal en el creyente y cuál es la verdadera naturaleza de la gracia sacramental.
Requisitos para la celebración del Bautismo
Es muy válido que aun tengamos algunas dudas en relación a ¿Cuáles son los sacramentos de iniciación?, pero es algo muy simple y de recordar y que con el manejo permanente de estos términos en muy poco tiempo podemos apropiarnos del conocimiento, estos son el sacramento del bautismo, la eucaristía y la confirmación.
Pero como es el bautismo el más destacado y promocionado por parte de la comunidad católica, a continuación, te mencionaremos los requisitos básicos necesarios para poder celebrarlo.
- El agua para el bautismo debe ser agua natural y limpia.
- La fuente bautismal o el recipiente en que se prepara el agua, deben encontrarse en las mejores condiciones de limpieza.
- Si la ceremonia se desarrollará en un lugar muy frío, conviene mantener los más tibia posible el agua.
- El agua para el bautismo, debe haber sido bendecida, preferiblemente el mismo día de la ceremonia. En caso de que el baptisterio esté construido de tal manera que el agua sea de una fuente viva, se procederá a la bendición de dicha corriente de agua.
- Las palabras adecuadas para conferir el bautismo en la Iglesia son: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
- Aquellos niños nacidos recientemente, preferiblemente deben ser bautizados el mismo día, y de manera comunitaria.
Es importante que los sacerdotes, registren con mucho cuidado en el libro de bautismos, los nombres completos de los bautizados, y recordando que deben aparecer registrados también, los nombres del sacerdote, el de los padres y sus padrinos.
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