San Felipe de Jesús: Conoce la Biografía e Historia

San Felipe de Jesús fue el protomártir mexicano. En México, naufragó su barco donde finalmente llegó a Japón donde lo mataron. Murió repitiendo el nombre de “Jesús”. Patrono de la ciudad de México y de su Arzobispado.

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¿Quién fue San Felipe de Jesús?

San Felipe de Jesús fue un fraile franciscano de origen novohispano. Reconocido en la actualidad por ser el primer santo canonizado nativo de México. En una persecución contra los Cristianos Felipe, junto a otros 25 mártires fueron apresados, maltratados y humillados, y finalmente, condenados a la muerte. Todos (incluso los jóvenes) fueron clavados en cruces, sin embargo, estos exteriorizaban su alegría por haber muerto como lo hizo Cristo (1597).

Biografía de San Felipe de Jesús

Esta Biografía de San Felipe de Jesús, no sólo contiene parte de su historia, sino también es un ejemplo de vida de lo que significa el amor verdadero a Dios y que implica una vida entregados y consagrados a Cristo.

Su nombre de pila fue Felipe de las Casas Martínez. Nació en 1572 en la Ciudad de México. Bautizado posteriormente como Felipe de las Casas. Fue el mayor de once hermanos. A pesar de ser mexicano, sus padres, Don Alfonso de las Casas y Doña Antonia Martínez eran inmigrantes españoles, sin embargo, esto no fue impedimento para que le dieran un gran ejemplo.

Su familia, mantuvo por todo lo alto el espíritu de su religiosidad, siempre lo apoyaron, a tal punto, que tres de sus once hermanos se entregaron por completo a la fe cristiana.

Felipe se caracterizó por ser un joven activo, inquieto y muy travieso desde su niñez, a tal punto, que su nodriza (nana) se sintió cansada una vez por las travesuras del niño. Este, guardaba en su dormitorio un pequeño fruto sin madurar. La nana le reprocho por ello muchas veces, e incluso, le dijo en repetidas ocasiones: “¡Ay Felipe! Ese fruto va a madurar el día que te cambies tu actitud y seas un Santo”, y así fue, el fruto maduró al momento de morir Felipe.

Felipe destacó maravillosamente en sus estudios, principalmente en gramática y ortografía. Estudió gramática en el colegio de San Pedro y San Pablo de la ciudad de México (este estaba dirigido por Jesuitas). También, mostró gran interés por la artesanía de la plata, y aunque trabajó con su padre por algún tiempo no obtuvo muchos resultados. Es por ello que cuando fue beatificado el gremio de los plateros no dudo un segundo en nombrarlo como su patrón.

El colegio de San Pablo sirvió para que Felipe entregara sus mejores años en estudios teológicos y gramaticales. También, le llamó la atención el oficio de las manualidades y artesanías fabricadas en plata. Ejerció el oficio de platero durante un tiempo pero sin ver muchos resultados.

Cuando había cumplido diez y ocho años, su padre, lo envió a las Filipinas, a probar fortuna. Allí se estableció en la ciudad de Manila. Al principio, estaba deslumbrado por la vida mundana, pero pronto, sintió de nuevo la llamada del Señor que le decía: “Si quieres venir en pos de mí, renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme” (Mt 16, 24).

A los 18 años su papá lo hizo trabajar en sus negocios de comerciante y lo embarcó a Filipinas para que fuese su agente de compra en Manila.

Cuando decidió irse al convento de Puebla para hacerse franciscano su nana comentó: – “eso será cuando la higuera reverdezca”, aludiendo a una higuera seca que había en el patio de la casa.

Llegó al convento de Puebla donde residía el Beato Sebastián de Aparicio. En efecto, Felipe duró muy poco allí, no resistió aquella vida con tantas normas y decidió entonces regresar a su casa paterna (sus amigos lo abandonaron cuando se quedó sin dinero).

Historia y Vida de San Felipe de Jesús

La historia de San Felipe de Jesús, es mucho más que una simple historia, es una historia real, un ejemplo e inspiración de vida, de fe, de amor y devoción hacia Dios.

Fue un joven aventurero, así que a sus veintiún (21) años de edad, realizó su primer viaje fuera de México hasta llegar a Filipinas. Para su sorpresa, se encontró con una  Filipinas envuelta en revueltos militares y civiles. Además, ñas personas que viajaban a ese lugar, en aquellos tiempos, no lo hacían generalmente por motivos piadosos. Tampoco predominaba lo espiritual en el ambiente de Manila, una ciudad conquistada apenas en 1571.

Entró al convento de Santa María de los Ángeles de Manila. Un año más tarde, Jesús hizo su profesión religiosa.

Felipe entró con los Franciscanos de Manila, esta vez, ya había madurado y su conversión fue de todo corazón, e incluso, su devoción y amor por Dios era tanta que cambió su nombre bautizándose a si mismos como “Felipe de Jesús”.

Estudiaba, atendía a los enfermos, todo lo hacía con la dedicación de un hombre que vivía para Jesús.

Más adelante, Felipe decidió hacer votos de penitencia para pertenecer a la Orden Franciscana. El Santo, fue reconocido por sus dones y disposición de ayudar al prójimo. Este fue un hecho que lo condujo a profesar y querer evangelizar a otros en muy poco tiempo.

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Datos curiosos de la vida de San Felipe de Jesús

Esto es mucho más que una simple historia, es una historia real, por lo que decidimos contarla en partes y de manera organizada para que puedas inspirarte con su vida, su fe y amor en Dios.

Un viaje inesperado

El 12 de Julio de 1596 Felipe tuvo que realizar uno de los viajes más difíciles de su vida: Regresar a México en un viaje peligroso en barco y que además cuyo viaje era de al menos 8 meses. El Objetivo de este viaje a México era el de ordenarse como Sacerdote, debido a que en Filipinas no había Obispo, entonces, dicha ordenación se ejecutaría en su ciudad natal, junto a sus familiares y amistades de la infancia.

Con tal fin en mente, decidió embarcarse en el Galeón San Felipe junto con Fray Juan Pobre de Zamora y otros franciscanos. Estos, experimentaron una gran tormenta y moles de dificultades. La embarcación sufrió daños considerables, pero pese a todo, habían logrado llegar de manera fortuita al puerto de Japón luego de tres largos meses.

Felipe interpretó este desvío como una señal, una dicha, una oportunidad en donde podría entregarse más a Cristo, convirtiendo al cristianismo a muchas personas en el Japón.

Sin dudarlo San Felipe de Jesús junto al resto de los Frailes aprovecharon la ocasión para evangelizar comunidades. San Francisco Javier había misionado en el Japón dejando a su partida a dos mil (2000) cristianos. La Iglesia siguió floreciendo y en 1579 habían quince mil (15.000) cristianos y cincuenta y cuatro (54) Jesuitas, veintidós (22) de ellos, Sacerdotes.

En la Isla de Kyūshū  solo en dos años se bautizaron setenta mil (70.000) Japoneses, pero la situación en Japón era precaria.

En 1582, Taikosama, el altísimo señor, había tomado el control de todo Japón, formando un imperio. Al principio había adoptado una actitud favorable respecto al Cristianismo, pero todo cambió en 1587, al ser instigado por los Bonzos, entonces decretó la expulsión de los Misioneros y la demolición de los Templos Cristianos.

La cólera del Gobernador Toyotomi Hideyoshi no se hizo esperar y ordenó la persecución en contra de Felipe y el resto de los Frailes. Los guardianes de Toyotomi capturaron a todos los Frailes para exhibirlos en las calles.

Al principio, dicha orden no se aplicó rigurosamente y los misioneros eran tolerados siempre y cuando se mantuvieran en la clandestinidad y vestidos a la Japonesa. En esta situación estaban cuando llegó la primera expedición de Franciscanos, quienes inmediatamente comenzaron una gran labor misionera. Ahí, también se encontraba Fray Pedro Bautista, uno de los hermanos de la provincia Franciscana de Filipinas.

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Los mártires de Japón

En noviembre de 1596 embarrancó en Urandom el Galeón San Felipe, con Felipe junto a los otros Franciscanos a bordo. El Gobernador del lugar, conociendo las riquezas del navío dio orden de expropiación y el emperador para encubrir el robo promulgó de nuevo en Oxaca  y Meaco el edito en 1587 alegando que los frailes hacían un profilitismo ilegal y que preparaban una invasión militar.

La orden, finalmente, solo quedó restringida a los que han llegado de Filipinas y a sus compañeros. Quedaban pues, condenados a la ejecución. Cinco (05) franciscanos de Meaco con quince (15) Japoneses bautizados y un (01) franciscano con dos (02) japoneses cristianos de Oxaca. A ellos, se añadieron voluntariamente Pablo Mity, Juan Devoto y Diego Kisai, tres (03) Japoneses que estabas con los Jesuitas de Oxaca y que quisieron ser recibidos “in extremis” en la compañía.

Eran veintiséis (26) en total, entre los franciscanos, había cuatro (04) españoles Fray Pedro Bautista de Avila, Fray Martin de la Asensión de Vergara, según parece, Fray Francisco Blano de Orense y Fray Francisco Valla de Villafuerte, y con ellos, Fray Gonzalo García, (Indio Portugués), Fray Felipe de Jesús (Mexicano). La alegría de los Cristianos.

La noticia causó alegría y entusiasmo entre los Cristianos, cosa, que desconcertó a los paganos. Los neófitos acudían a las casas custodiadas de los misioneros para ofrecerles sus bienes y sus vidas.

San pedro Bautista, superior de los Franciscanos escribía a última hora: “Bendito sea Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo, por hacernos a esta merced de padecer con alegría por su amor”.

Hasta los niños Cristianos participaban alegremente del coraje de sus mayores.

Uno de ellos le preguntó a un Misionero: – “¿Y qué harás tú cuando se enteren de que eres Cristiano?”

A lo que el chico, poniéndose de rodillas e inclinando la cabeza le contestó: – “Haré así”

Y el niño continuó: – “¿Y qué le dirás al verdugo cuándo vaya a matarte?”

Y el misionero contestó: – “Diré: Jesús, María, Jesús, María… Hasta que me hayan cortado la cabeza”.

Por su parte Fray Felipe de Jesús comentó: – “Dios hizo que se perdiera el Galeón para ganar a Fray Felipe”.

El ejemplo de los mártires

El 03 de Enero de 1597 en Meaco, se les cortó a la mitad de los reos cristianos, la oreja derecha y de tres en tres fueron llevados por la ciudad en carretas, precedidas por el edicto mortal, queriendo el emperador infundir entre sus súbditos, horror ante el cristianismo, por lo que dispuso que fueran llevados por Hiroshima y Yamabushi, hacia el este, hasta Nagasaki y la Isla kyushu donde era muy alta la presencia de Cristianos.

Allí, en una colina que domina sobre la ciudad y la bahía fueron dispuestos los mártires ante las cruces que les habían preparado. Que abrazado estaba con su cruz Fray Felipe. Otro grupo de ellos fueron ahorcados y colgados para representar la crucifixión de la misma manera que Jesucristo.

Contaba un testigo

Veintiseis (26) mártires habían sido crucificados.

  • Fray Martin de la  Ascensión cantaba el venedicto a “voz populi“.
  • Louis Ibaraki, de doce años (el más pequeño) repite una y otra vez: “Paraíso, paraíso, Jesús, María”…
  • Antonio de trece años, que estaba al lado de Louis fijó los ojos en el cielo y después de invocar los nombres de Jesús y María entonó el salmo “Alabad ciervos del señor” que había aprendido en la catequesis de Nagasaki.
  • Otros, cantaban el Dedéu con entusiasmo y la muchedumbre de cristianos aclamaban con los mártires Jesús, María…

(Todo esto, fue narrado y transcrito del testimonio de un testigo).

Muerte de Felipe de Jesús

Fray Felipe de Jesús no podía decir nada, pues su sedile de la cruz estaba muy bajo y permaneció casi guindando de la argolla que le tomaba el cuello. Apenas, logró gritas tres veces el nombre de Jesús, haciendo verdadero su santo nombre.

Felipe de Jesús,  lo vieron acabado, lo mataron del modo usual, dos lanzas atravesaron sus costados y se cruzaron  en el pecho saliendo por sus hombros, así todos morían. Felipe, el primero, eran el 05 de Febrero de 1597.

Algo que es muy recordado en la historia de San Felipe de Jesús fue que repitió en numerosas oportunidades el nombre de Jesús en su lecho de muerte.

Felipe de Jesús en la Historia

Felipe, que no había sido ordenado sacerdote aún, pudo haber evitado los tormentos y la prisión, pero optó libremente por la misma suerte que corrieron los misioneros

Según relata una leyenda, ese mismo día la higuera seca de su hogar tomó vida y dio fruto. Felipe, había llegado a la santidad más heroica. Fue beatificado, juntamente con sus compañeros mártires el 14 de Septiembre de 1627 y canonizados el 08 de Junio de 1862 por el Papa Pio IX.

Una leyenda cuenta que había en su casa una higuera marchita y que en cierta ocasión su nana, harta de las travesuras del niño, había dicho «¿Felipillo santo? Sí, cuando la higuera reverdezca, cuando la higuera reverdezca.» Así, el día de la muerte de Felipe, la higuera reverdeció. Por esta razón, otro de sus atributos es el higo.

 Canonización de San Felipe y los mártires

La canonización de San Felipe de Jesús se efectuó el ocho de Junio del año 1862, mientras que dos siglos antes fue la Beatificación de todos los Frailes que acompañaron a Felipe en el martirio.

La Iglesia Mexicana, de manera unánime y conforme designaron a San Felipe de Jesús como el Patrono de la Capital Mexicana. Los ciudadanos lo denominaron como “Protector contra terremotos o temblores fuertes”.

El cinco de Febrero un conglomerado grupo de devotos se reúnen en la Iglesia para festejar a este Santo mártir.

 Su última carta

“Queridos padres y amigos, la noche pasa rápido, mañana moriré ejecutado en la cruz, pero no tengo miedo. Mi pensamiento vuela hacia ustedes y a mi patria querida. Ahora que estoy para recibir el Bautismo de sangre recuerdo que fui bautizado en la Catedral de México y las veces que asistí a la misa en San Francisco de Plateros.

Lamento los años que perdí buscando mis apetitos, egoísta y disipado. Bendito sea Dios que vino en mi ayuda, y comprendí, que no valía la pena vivir para eso.

Quiero ser misionero, pero ahora, Dios me premia antes del trabajo, concediéndome, dar mi vida para probar mi amor.

Lamento no haber vuelto a México, aun cuando apenas fuese un día, pero volveré, estoy cierro de que volveré. Para decirles a todos que la verdad y la vida por la que vale la pena vivir es la “vida eterna”, paz y bien”.

 Fray Felipe de Jesús (Nagasaki, Japón)

04 de Febrero de 1597.

 Oración a San Felipe

San Felipe de Jesús,
Protomártir de México,
que llevaste tu espíritu generoso hasta el
extremo del mundo,
enséñanos a medir el valor exacto de las cosas;
que nuestra patria
vuelva a su antigua riqueza espiritual,
y sea Dios el Señor de cada vida.

San Felipe de Jesús,
que aprendamos de ti
a ser como el mundo nos necesita.
¡Glorioso Mártir Mexicano,
ruega por tu Patria
y por los que vivimos en ella!

Una oración en la que además de hermosa, eriza la piel, no tanto por las palabras que contiene, sino por la fe con la que se reza. Es una oración que nos invita a seguir su camino con tanta valentía y fe como lo hizo Felipe de Jesús.

Después de leer semejante historia de vida, ser testigos de como Felipe de las Casas se convirtió en “San Felipe de Jesús”, en un mártir que recordaremos por siempre.

Reflexiones finales

Estamos seguros de que no queda la menor duda de que Felipe de Jesús (y los mártires que le acompañaron con valentía, fe y totalmente claros de sus creencias, son y continuarán siendo a través de estas generaciones y las que vendrán un ejemplo de vida y de lucha que todo cristiano debería imitar, pues lo que lo hizo extraordinario y que aún hoy en día continúe siendo recordado fue justamente eso, el seguir el camino de Dios, sin cuestionamientos, con una devoción, un amor y una pasión que no tienen palabras para describirlo.

Algo que impresiona muchísimo es que aunque las intenciones del Gobernador de ese momento fue intimidar a toda una nación, logró justo lo contrario, no por su mala intención, sino porque Felipe de Jesús y los otros veinticinco mártires que murieron con él aquel fatídico día fueron ejemplo de admiración, de gozo, e incluso de alegría.

Porque aunque el momento era bastante amargo, el dolor era insoportable y fueron maltratados y humillados tal y como ocurrió con Jesús, estos admirables hombres y jóvenes sintieron gozo, plenitud y dicha porque estaban ofreciendo su vida por un bien mayor.

Esta fue la mayor prueba, el bautizo de sangre, como lo menciono Felipe en su última carta a sus familiares. Sus cuerpos fueron maltratados de una manera cruel, inhumana, pero Dios, les concedió la gracia divina de que pese a fallecer, pese a los maltratos y la exposición, sus cuerpos permanecieron bastante bien para tanto sufrimiento y esto hizo que toda una nación se evangelizara en un instante, que toda una nación empezara a creer en la inmensidad.

Asimismo el poder de Dios, que toda una nación, empezara a creer en su palabra, y que quienes creían pudiesen reforzar su fe.

El culto a Felipe de Jesús tiene aún en la actualidad curiosas resonancias: Se ha transformado en una tradición, en los oficios religiosos en la Catedral Metropolitana, cada 5 de febrero, obsequiar higos a los fieles, en alusión al prodigio de la higuera.

Si no conoces la historia, permítenos compartirla contigo:

La tradición cuenta que en el mismo momento en que Felipe de Jesús sufría martirio en el lejano Japón, la vieja higuera, antes seca y marchita ubicada en el patio de su casa paterna (en la ciudad de México) reverdeció en el mismo instante en el que Felipe de Jesús fallece.

La vieja sirvienta de la familia, esa que tantas veces se había quejado de las travesuras y la mala conducta del niño Felipe, si, esa que había augurado que la higuera sería el testimonio de la radical transformación del joven rebelde, cayó de rodillas gritando “¡Felipillo santo, Felipillo santo!”

¿Cuántos se han inspirado con la vida y obra de Felipe de Jesús?

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