Encarnación: Qué es, Significado y Concepto

La Encarnación, consiste por ejemplo en la persona de Jesucristo que descendió del cielo y se hizo carne en cuerpo humano. En el siguiente artículo vamos a conocer todo lo referente sobre la Encarnación y sus significados.

Encarnación-1

Encarnación

Encarnación del idioma latín incarnatio, de incarnatum, incarnare, para los cristianos llega a ser el momento en que el Verbo de Dios​ es decir Dios Hijo, se encarnó en Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo, y de esa manera asumió la naturaleza humana, llegando a despojarse de su divinidad en la obediencia a Dios Padre para poder reconciliar a la humanidad perdida por el pecado.

De acuerdo a la doctrina cristiana, la única Persona de Jesucristo posee 2 voluntades, 2 inteligencias y unas 2 naturalezas:

  • La Humana
  • La Divina

El Concilio de Calcedonia que llegó a ser convocado en el año 451, en la carta dogmática del papa León I, así, llega a declarar que luego de la Encarnación, lo que llegaba a ser propio de cada una de las naturalezas y de la sustancia en Cristo llegó a permanecer intacto y las 2 se unieron en 1 sola persona, sin embargo, de una forma que cada naturaleza llegaba a actuar de acuerdo a sus propias cualidades y a sus características.

Jesucristo es el verdadero Hijo de Dios y también es el verdadero Hijo de la Santísima Virgen María. Dada la gran importancia de este tipo de hecho la historia se llega a dividir en antes y después de Cristo. De acuerdo a Tertuliano:

“El rayo divino, que es el Verbo o el Logos, llegó a descender a una virgen, la tomó carne en su seno y nació, hombre y Dios a la vez”.

San Cirilo de Alejandría, por otro lado, lo llega a explicar de la siguiente manera:

“Jesús existió, fue engendrado por el Padre antes de todos los tiempos, y, sin embargo, nació de la carne de una mujer”.

El Catecismo de Iglesia católica llega a señalar que la Iglesia llama “Encarnación” al hecho de que el Hijo de Dios haya llegado a asumir una clase de naturaleza humana para poder llevar a cabo por ella la salvación de todos, siempre reconociendo que el Hijo de Dios Todopoderoso descendió a la tierra para habitar con los hombres. En un himno que es tomado de San Pablo en el libro de Filipense 2:5-8, la Iglesia canta el misterio de la Encarnación:

“Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz”.

Filipense 2:5-8

La fe en la encarnación del Hijo de Dios llega a ser el signo distintivo de la fe cristiana:

“Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios”.

1 Juan 4:2.

Los hermanos polacos del siglo XVII, llegaron a ver la encarnación de la palabra como la encarnación del plan de Dios, en uno de los descendientes de Abraham, y no como la encarnación de una persona que llegaba a existir en el cielo, antes de su nacimiento.

Caminata de la Encarnación

Esta es una caminata que es realizada desde el 25 de Marzo al 25 de Diciembre. Por lo que podemos participar de una clase de devoción mariana que suele llevar por nombre la caminata de la encarnación, en la cual las personas se dirigen día tras día a la Señora de la Encarnación por el transcurso de los 9 meses que fue el tiempo que llevó en su vientre a Jesús su hijo.

Son unos 9 meses de llegar a hacer esta clase de oración de forma diaria. En el transcurso de la Caminata de la Encarnación, cada uno de los participantes suele acostumbrar a pedir a la Santísima Virgen que le ayude a lograr conseguir unas 3 gracias que son muy especiales.

Se Reza la Primera Salve

Dios te salve oh Reina y también Madre de Misericordia, vida dulzura y la esperanza de muchos, Dios te salve, a ti en este día claman los desterrados hijos de Eva, que a ti suplican de tal forma que gimen y lloran en este valle de lágrimas.

Sea pues, Señora Abogada de muchos, que vuelvas a ellos esos ojos tuyos misericordiosos, y luego de este destierro seas mostrándonos a Jesús, el gran fruto bendito de tu vientre,

¡Oh clemente!, ¡oh piadosa!, ¡oh dulce Virgen María! Por favor te pedimos que ruegues por cada uno de tus hijos Santa Madre de Dios para que sean dignos de poder alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración

Oh santa Virgen de la Encarnación, mil veces en este día te saludamos, mil parabienes te damos por el gozo que llegaste a tener cuando Dios en ti encarnó, porque eres tan poderosa oh santa Virgen y Madre de Dios, por favor te pido que en este día me concedas lo que te pido por amor de Dios, por amor de Dios.

Después de esta oración se procede a meditar y también se pide la primera gracia que se desea obtener por la gracia y la ayuda de la Virgen de la Encarnación.

Se Reza la Segunda Salve

Dios te salve oh Reina y también Madre de Misericordia, vida dulzura y la esperanza de muchos, Dios te salve, a ti en este día claman los desterrados hijos de Eva, que a ti suplican de tal forma que gimen y lloran en este valle de lágrimas.

Sea pues, Señora Abogada de muchos, que vuelvas a ellos esos ojos tuyos misericordiosos, y luego de este destierro seas mostrándonos a Jesús, el gran fruto bendito de tu vientre,

¡Oh clemente!, ¡oh piadosa!, ¡oh dulce Virgen María! Por favor te pedimos que ruegues por cada uno de tus hijos Santa Madre de Dios para que sean dignos de poder alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén

Oración

Oh santa Virgen de la Encarnación, mil veces en este día te saludamos, mil parabienes te damos por el gozo que llegaste a tener cuando Dios en ti encarnó, porque eres tan poderosa oh santa Virgen y Madre de Dios, por favor te pido que en este día me concedas lo que te pido por amor de Dios, por amor de Dios.

Después de esta oración se procede a meditar y también se pide la segunda gracia que se desea obtener por la gracia y la ayuda de la Virgen de la Encarnación.

Se Reza la Tercera Salve

Dios te salve oh Reina y también Madre de Misericordia, vida dulzura y la esperanza de muchos, Dios te salve, a ti en este día claman los desterrados hijos de Eva, que a ti suplican de tal forma que gimen y lloran en este valle de lágrimas.

Sea pues, Señora Abogada de muchos, que vuelvas a ellos esos ojos tuyos misericordiosos, y luego de este destierro seas mostrándonos a Jesús, el gran fruto bendito de tu vientre,

¡Oh clemente!, ¡oh piadosa!, ¡oh dulce Virgen María! Por favor te pedimos que ruegues por cada uno de tus hijos Santa Madre de Dios para que sean dignos de poder alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén

Oración

Oh santa Virgen de la Encarnación, mil veces en este día te saludamos, mil parabienes te damos por el gozo que llegaste a tener cuando Dios en ti encarnó, porque eres tan poderosa oh santa Virgen y Madre de Dios, por favor te pido que en este día me concedas lo que te pido por amor de Dios, por amor de Dios.

Después de esta oración se procede a meditar y también se pide la tercera gracia que se desea obtener por la gracia y la ayuda de la Virgen de la Encarnación.

Oración Final

Acuérdate Oh piadosísima Virgen María que nunca se ha llegado a oír hablar que ninguno de los que han llegado a acudir a tu protección, implorando por tu pronto auxilio, haya llegado a ser desamparado.

Animado por esta clase de confianza, a ti acudo, Oh Virgen de la Encarnación. La Madre de mi señor Jesucristo y llegando a gemir bajo el peso de todos mis pecados, en este momento me atrevo a comparecer ante ti, Oh sana Madre de Dios, por lo que te pido que no deseches ninguna de mis suplicas, antes bien que sean escuchadas y acogerlas de forma misericordiosa, oh Madre mía, por el Misterio de tu Santísima Encarnación y Por Amor de Dios. Amén.

Dios Padre Misericordioso, que, con la cooperación del Espíritu Santo, llegaste a preparar el cuerpo y también el alma de la gloriosa Virgen y también Madre María para que llegase a ser merecedora de ser una mujer digna como morada de tu Hijo; por lo que te pedimos que le concedas a tus hijos, pues celebrar con gran alegría el misterio de la Encarnación, por su enorme y piadosa intercesión u al mismo tiempo seamos liberados de los males tanto presentes y de la muerte eterna. Por el mismo de Cristo nuestro Señor. Amén.

Bendito y alabado llegue a ser el Santísimo Sacramento del Altar en el cielo, en la tierra y en todo lugar. (Esto debe de decirlo por unas 3 veces seguidas). Amén.

La Obra de la Encarnación

La asunción de la naturaleza humana de Jesucristo por la Persona del Verbo llega a ser obra de las 3 Personas divinas. La Encarnación de Dios suele ser la Encarnación del Hijo, no del Padre, ni tampoco del Espíritu Santo. Sin embargo, la Encarnación llegó a ser una obra de toda la Trinidad.

Por esa misma, razón la Sagrada Escritura en ciertas ocasiones se le atribuye a Dios Padre Hebreo 10:5; Gálatas 4:4, o al Hijo mismo descrito en el libro de Filipenses 2:7, o al Espíritu Santo como lo dice el libro de Lucas 1:35 y como lo dice el libro de Mateo 1:20. Se subraya de esa manera que la obra de la Encarnación llegó a ser un único acto, general a las 3 Personas divinas.

San Agustín llegaba a explicar que “el hecho de que María llegase a concebir y diese a luz es la obra de la Trinidad, debido a que las obras de la Trinidad llegan a ser inseparables”.

Se trata de un efecto de una acción divina extra, de las cuales cuyos efectos se encuentran fuera de Dios, en las criaturas, pues llegan a ser obra de las 3 Personas de forma conjunta, debido a que uno y único llega a ser el Ser divino, que es el mismo poder infinito de Dios.

La Encarnación del Verbo no llega a afectar a la libertad divina, puesto que Dios podía llegar a haber decidido que el Verbo no se llegase a encarnar, o que se encarnara otra Persona divina. No obstante, esto quiere decir, que Dios llega a ser infinitamente libre no significa que sus decisiones lleguen a ser arbitrarias ni tampoco negar que el amor llegue a ser la razón de su actuar.

Por esto los teólogos suelen llegar a buscar los motivos de conveniencia que se pueden llegar a vislumbrar en las distintas decisiones divinas, tal como se llegan a manifestar en la actual economía de la salvación. Estos solo buscan tan sólo el llegar a poner de relieve la maravillosa sabiduría y también la coherencia que hay en toda clase de obra divina, no 1 necesidad eventual en Dios. Así como la cruz de encarnación diseño humano

La Virgen María, Madre de Dios

La Virgen María llegó a ser predestinada para que fuese la Madre de Dios desde toda la eternidad juntamente con la Encarnación del Verbo:

“En el misterio de Cristo, María está presente ya “antes de la creación del mundo” como aquella que el Padre ‘ha elegido’ como Madre de su Hijo en la Encarnación, y junto con el Padre la ha elegido el Hijo, confiándola eternamente al Espíritu de santidad”

La elección divina llega a respetar la libertad de Santa María, pues “El Padre de las misericordias siempre quiso que el consentimiento de la que se encontraba predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación para que, de esa manera como una mujer contribuyó a la muerte, como de la misma manera otra mujer contribuye a la vida”. Por eso mismo, desde tiempos muy antiguo, los Padres de la Iglesia han llegado a ver en María la Nueva Eva.

“Para llegar a ser la Madre del Salvador, María llegó a ser “dotada por Dios con los dones a la medida de una misión de tan gran importancia””. El arcángel Gabriel, en el momento de dar la Anunciación, la saluda como “llena de gracia eres” (Lucas 1:28). Antes de que el Verbo se llegase a encarnar, María para ese momento era ya, por su correspondencia a los dones divinos, llena de gracia.

La gracia que era recibida por María la hace grata ante Dios y la prepara para ser la Madre virginal del mismo Salvador. Finalmente, poseída por la gracia de Dios, pudo llegar a dar su libre consentimiento al anuncio de su vocación.

De esa manera, “dando su consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser la Madre de Jesús y, siempre aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, sin que ningún tipo de pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por completo a la persona y a la obra de Hijo, para poder servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención”.

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Los Padres orientales suelen llegar a llamar a la Madre de Dios como “la Toda Santa” y también “la celebran “como la inmune de toda mancha de pecado e igualmente como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una nueva criatura”. Por la gracia de Dios María ha llegado a permanecer pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida cuando estuvo en este mundo”.

María ha llegado a ser redimida desde su concepción: “es lo que llega a confesar el dogma de la Inmaculada Concepción, siempre proclamado en el año 1854 por el Papa Pío IX: “… la bienaventurada de la Virgen María que llegó a ser preservada inmune de toda mancha de pecado original en el 1er instante de su concepción por la singular gracia y también el privilegio de Dios omnipotente, en la atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano”.

La Inmaculada Concepción llega a manifestar el amor gratuito de Dios, pues ha llegado a ser iniciativa divina y no mérito de la virgen María sino más bien de Cristo. En efecto, “esta resplandeciente santidad del todo singular de la que ella llegó a ser enriquecida desde el primer instante de su concepción, le viene toda entera de Cristo: ya que ella es redimida de forma mucho más sublime en atención a los méritos de su Hijo”.

Figuras y Profecías de la Encarnación

Se ha podido observar en el tema anterior cómo después del pecado de los primeros padres, que fueron Adán y Eva, Dios no llegó a abandonar al hombre sino que en vez de eso les prometió un Salvador, Genesis 3:15.

Después de la ocurrencia del pecado original y de la promesa del Redentor, Dios mismo vuelve a tomar lo que es la iniciativa y a su vez estableció una clase de Alianza con los hombres:

  • Primero con Noé después del diluvio, Génesis 9:10
  • Segundo con Abraham, Génesis 15:17

A quien llegó a prometió una gran descendencia y al mismo tiempo hacer de ella un gran pueblo, dándole una tierra nueva, y en quien un día serían bendecidas todas las naciones. La Alianza posteriormente se renovó con su hijo Isaac, Génesis 26:2-5 y luego con Jacob Génesis 28:12-15; 35:9-12. En el Antiguo Testamento, la Alianza llega a alcanzar su expresión más completa con Moisés Éxodo 6:2-8; Éxodo 19:34.

El momento más importante en la historia de las relaciones entre Dios y el pueblo de Israel llegó a ser la profecía de Natán 2 Samuel 7:7-15, que llega a anunciar que el Mesías va a ser de la descendencia del rey David y que reinará sobre todos los pueblos, no solamente sobre el pueblo de Israel.

Del Mesías se va a decir en otros textos proféticos que su nacimiento va a tener lugar en las regiones de Belén Miqueas 5:1, que iba a pertenecer a la estirpe de David Isaías 11:1; que se le pondría por nombre “Enmanuel”, esto lo que significa, Dios con nosotros; que se le llamará “Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la Paz” como lo dice Isaías 9:5, etc.

Junto a estos textos que llegan a describir al Mesías como el rey y también descendiente de David, hay otros que lo relatan, igualmente de una manera profético, la misión redentora del Mesías, llamándolo el Siervo de Yahvé, como el siervo de dolores, que va a asumir en su cuerpo la reconciliación y la paz Efesios 2:14-18.

En este contexto es de gran importancia el texto que cita el libro de Deuteronomio 7:13-14 sobre el Hijo del hombre, que misteriosamente por medio de la humildad y el abajamiento supera la condición humana y llega a restaurar el reino mesiánico en su fase definitiva.

Las figuras principales del Redentor en el Antiguo Testamento llegan a ser el inocente Abel, el sumo sacerdote Melquisedec, el sacrificio de Isaac, José cuando es vendido por sus hermanos, el cordero pascual, la serpiente de bronce que es levantada por Moisés en el desierto y también el profeta Jonás.

Los Nombres de Cristo

Llegan a ser muchos los nombres y también los títulos atribuidos a Cristo por los teólogos y por los autores espirituales a lo largo de los siglos. Unos se llegan a tomar del Antiguo Testamento; otros, del Nuevo Testamento. Algunos suelen ser usados o aceptados por el propio Jesús; otros le han llegado a ser aplicados por la Iglesia a lo largo de los siglos. Por lo que algunos de los nombres más importantes y comunes son:

  • Jesús

Que en el idioma hebreo llega a significar “Dios salva”: “en el momento de la anunciación, el ángel Gabriel le llegó a dar como nombre propio el nombre de Jesús que suele expresar a la vez su propia identidad y su misión”), esto quiere decir, Él es el Hijo de Dios el cual hecho hombre para salvar «a su pueblo de todos sus pecados” Mateo 1:21.

El nombre de Jesús “significa que el Nombre mismo de Dios se encuentra presente en la persona de su Hijo” Hechos 5:41; 3 Juan 7, el cual hecho hombre para la redención universal y de manera definitiva de los pecados.

Él es el Nombre divino, el único que trae la salvación a los hombres (Juan 3:18; Hechos 2:21) y desde ahora en adelante puede llegar a ser invocado por todos porque se ha unido a todos los hombres por medio de la Encarnación”. El nombre de Jesús se encuentra en el corazón de la plegaria cristiana.

  • Cristo

El nombre de Cristo que proviene de la traducción griega del término hebreo “Mesías” y que quiere llegar a decir “ungido”. Pasa a ser nombre propio de Jesús “porque Él cumple de manera perfecta la misión divina que esa misma palabra significa. En efecto, en el pueblo de Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le llegaban a ser consagrados para una misión que habían recibido de parte de Él”.

Éste llegaba a ser el caso de los sacerdotes, los reyes y de manera excepcional de los profetas. Éste debía llegar a ser por excelencia el caso del Mesías que el mismo Dios enviaría para poder instaurar de forma definitiva su Reino. Jesús cumplió la esperanza mesiánica del pueblo de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey.

Jesús “Llegó a aceptar el título de Mesías al cual tenía derecho, sin embargo, no sin reservas debido a que una parte de sus contemporáneos lo llegaban a comprender de acuerdo a una concepción mucho más humana (Mateo 22:41-46), esencialmente política (Juan 6:15; Lucas 24: 21)”.

  • Jesucristo

Es el Unigénito de Dios, el Hijo único de Dios. La filiación de Jesús con respecto al Padre no es una filiación adoptiva como la nuestra, sino que la filiación divina natural, esto quiere decir:

“la relación única y eterna de Jesucristo con su Padre Dios: Él es el Hijo único del Padre (Juan 1:14 – 18; 3:16-18) y El mismo es Dios (Juan 1:1). Para ser una persona cristiana es requerido creer que Jesucristo es el Hijo de Dios (Hechos 8:37; 1 Juan 2:23)”.

Los 4 evangelios son los que nos “narran en 2 ocasiones solemnes, el bautismo y la transfiguración de Cristo, que la voz del Padre lo designa como su “Hijo amado” (Mateo 3:17; 17:5). Jesús se designa a sí mismo como el “Hijo único de Dios” (Juan 3:16) y llega a afirmar por medio de este mismo título la preexistencia eterna suya”.

  • Señor

“en la traducción del idioma griego de los libros del Antiguo Testamento, este es el nombre inefable con el cual Dios se reveló a Moisés (Éxodo 3:14), YHWH, es traducido por “Kyrios” que significa “Señor”. Señor se llega a convertir desde entonces en el nombre más habitual para poder designar la divinidad misma del Dios de Israel.

El Nuevo Testamento usa en este sentido el fuerte el título de “Señor” para el Padre, sin embargo, es empleado igualmente, y aquí se encuentra la novedad, para Jesús llegándolo a reconocer como Dios (1 Corintios 2:8)”.

Al atribuir a Jesús el título divino de Señor, “las primeras confesiones de fe de la Iglesia son la que afirman desde el principio (Hechos 2:34-36) que el poder, al igual que el honor y la gloria a causa de Dios Padre convienen de la misma manera a Jesús (Romanos 9:5; Tito 2:13; Apocalipsis 5:13) debido a que Él es de “de condición divina” (Filipenses 2:6) y el Padre fue el que manifestó esta clase de soberanía de Jesús resucitándolo de entre los muertos y llegándolo a exaltar a su gloria (Romano 10:9; 1 Corintios 12:3; Filipenses 2:11)”.

La oración cristiana, litúrgica o incluso la personal, se encuentra muy marcada por el título de “Señor”, cuando un hijo suyo se encuentra orándole e intercediendo.

Cristo es el único Mediador Perfecto entre Dios y los Hombres. Es Maestro, Sacerdote y Rey

Muchos católicos afirman lo siguiente de acuerdo a su catecismo 480:

Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su Persona divina: por esta razón Él es el único Mediador entre Dios y los hombres”.

La expresión más profunda del Nuevo Testamento en cuanto a la mediación de Cristo se encuentra en la primera carta a Timoteo donde se dice:

“Hay 1 solo Dios, y también 1 solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo como rescate por todos”.

1 Timoteo 2:5.

Se presentan aquí la persona del Mediador y de la acción del Mediador. Y en la carta a los Hebreos se llega a presentar a Cristo como el mediador de una Nueva Alianza, (Hebreos 8:6; 9, 15; 12, 24). Jesucristo es el mediador debido a que es perfecto Dios y perfecto hombre, sin embargo, es mediador en y por su humanidad.

Esos textos del Nuevo Testamento son los que presentan a Cristo como el profeta y revelador, como el gran sumo sacerdote y también como el Señor de toda la creación. No se trata de 3 ministerios diferentes, sino de 3 aspectos diversos de la función salvífica del único mediador.

Cristo es el profeta que fue anunciado en el libro de Deuteronomio 18:18. Por profeta tenía la gente a Jesús Mateo 16:14; Marcos 6:14-16; Lucas 24:19. El mismo comienzo de la carta a los Hebreos llega a resultar en paradigmático a estos efectos. Sin embargo, Cristo es más que el profeta:

Él es el Maestro, esto quiere decir, aquel que nos enseña por su propia autoridad, con una autoridad que es desconocida hasta entonces que siempre dejaba a los eruditos o maestros de la ley sorprendidos y sobre todo a quienes le escuchaban. El carácter supremo de las enseñanzas de Jesús se llega a fundamentar en el hecho de que él es Dios y hombre.

Jesús no solamente enseña la verdad, sino que Él es la Verdad la cual es hecha visible en la carne. Cristo, el Verbo eterno del Padre, “es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En Él lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta”. La enseñanza de Cristo llega a ser definitiva, igualmente en el sentido de que, con ella, la Revelación de Dios a los hombres en la historia ha llegado a tener su último cumplimiento.

  • Cristo es Sacerdote

La mediación de nuestro amado señor Jesucristo llega a ser una mediación sacerdotal. En la carta a los Hebreos, que tiene como principal tema central el sacerdocio de Cristo, Jesucristo llega a ser presentado como el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza:

“único Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec”

Hebreos 5:10; 6, 20.

“Santo, inocente, inmaculado”

Hebreos 7:26.

“que, mediante una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados”.

Hebreos 10:14.

Esto quiere decir, por medio del único sacrificio de su Cruz. De esta misma forma que el sacrificio de Cristo su muerte en la Cruz del calvario es único por la unidad que existe entre el sacerdote y la víctima de valor infinito, de esa manera igualmente su sacerdocio llega a ser único. Él suele ser la única víctima y el único sacerdote.

Los sacrificios del Antiguo Testamento llegaban a ser figuras del de Cristo y solían recibir su valor precisamente por su ordenación al de Cristo. El sacerdocio de Cristo, que es el sacerdocio eterno, llega a ser participado por el sacerdocio ministerial y por el sacerdocio de los fieles, que ni se llegan a sumar ni suceden al de Cristo.

  • Cristo es Rey

Lo es no sólo en cuanto Dios, sino que de la misma manera en cuanto hombre. La soberanía de Cristo llega a un aspecto fundamental de su mediación salvífica. Cristo es el que salva porque tiene el gran poder efectivo para poder hacerlo. La fe de la Iglesia católica afirma la realeza de Cristo y es la que profesa en el Credo que:

“su reino no tendrá fin”.

Repitiendo de esa manera lo que el arcángel Gabriel dijo a María en el libro de Lucas 1:32-33. La dignidad real de Cristo ya había llegado a ser anunciada en el Antiguo Testamento Salmos 2:6; Isaías 7:6; 11. 1-9; Deuteronomio 7:14.

Cristo, no obstante, no llegó a hablar mucho de su realeza, pues entre el pueblo de los judíos de su tiempo se encontraba muy difundida una clase de concepción material y terrenal del Reino mesiánico. Sí lo reconoció en cierto momento particularmente solemne, cuando se encontraba contestando a una pregunta que le hacía Poncio Pilato, él señor le respondió:

“Sí, tú lo dices. Yo soy Rey”

Juan 18:37.

La realeza de Cristo no llega a ser metafórica, sino verdaderamente real y conforma el poder de legislar y de juzgar. Es una clase de realeza que se fundamenta en el hecho de que es el Verbo ya encarnado y en que es nuestro eterno Redentor. Su reino llega a ser espiritual y eterno.

Es un reino de santidad y también de justicia, de amor, de verdad y de paz. Cristo llega a ejercer su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y también resurrección (Juan 12:32). Cristo, Rey y el Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo llegado a este mundo:

“venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”.

Mateo 20:28.

Todos los fieles llegan a participar de estas 3 funciones de Cristo y tienen las responsabilidades de la misión y del servicio que se derivan de ellas”.

Toda la Vida de Cristo es Redentora

Por lo que se hace referencia a la vida de Cristo, “el Símbolo de la fe no habla más que de los misterios de la Encarnación (específicamente de la concepción y del nacimiento) y también de la Pascua entre ello:

  • Pasión
  • Crucifixión
  • Muerte
  • Sepultura
  • Descenso a los Infiernos
  • Resurrección
  • Ascensión

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No llega a decir nada de manera explícita sobre los misterios de la vida oculta y la pública de Jesús, sin embargo, los artículos de la fe referentes a la Encarnación y también a la Pascua de Jesús iluminan toda la vida terrena de Cristo”.

Toda la vida de Jesucristo llega a ser redentora y cualquier tipo de acto humano de él posee un valor trascendente de salvación. Hasta incluso en los actos más sencillos y los más aparentemente menos importantes de Jesús hay un eficaz ejercicio de su mediación entre lo que es Dios Padre y los hombres, pues suelen ser en todo momento las acciones del Verbo encarnado.

Esta clase de doctrina la llegó a entender con especial profundidad San Josemaría, que ha llegado a enseñar a transformar todos los caminos de la tierra en los caminos divinos de la santificación:

“llega la plenitud de los tiempos y, para cumplir esa misión (…) nace un Infante en Belén. Es el Redentor del mundo; pero, antes de hablar, ama con obras. No trae ninguna fórmula mágica, porque sabe que la salvación que ofrece debe pasar por el corazón del hombre. Sus primeras acciones son risas, lloros de niño, sueño inerme de un Dios encarnado: para enamorarnos, para que lo sepamos acoger en nuestros brazos”.

Los años de la vida oculta de Jesús no suelen ser una simple preparación para su ministerio público, sino que consiste en los verdaderos actos redentores, los cuales se encuentran orientados hacia la consumación del Misterio Pascual. Posee una enorme relevancia teológica el hecho de que Jesús llegó a compartir en el transcurso de la mayor parte de su vida la condición de la inmensa gran parte de los hombres:

La vida cotidiana de la familia y también del trabajo en Nazaret. Nazaret llega a ser una lección de vida familiar, una lección de trabajo. Cristo de la misma manera llega a realizar la redención en el transcurso de los muchos años de trabajo de su vida oculta siempre dando así todo su sentido divino en la historia de la salvación a lo que es la labor cotidiana del cristiano, y de millones de hombres de buena voluntad:

“Jesús, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revela que la existencia humana, el quehacer corriente y ordinario, tiene un sentido divino”.

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